En las últimas semanas, la República Islámica de Irán ha vivido uno de sus momentos de movilización social más intensos desde la revolución de 1979. Un estallido que nació como protesta contra una profunda crisis económica —incluyendo la depreciación del rial, la caída del poder adquisitivo y la inflación descontrolada— se transformó en un desafío político directo al establishment clerical y al propio Líder Supremo Ayatollah Ali Khamenei. Las autoridades respondieron con una combinación de violencia letal, corte total de internet y censura informativa que recuerda lo que sucedió y sigue sucediendo en Venezuela.