El tablero geopolítico sudamericano comenzó a reordenarse con un anuncio que marca el fin de la ruptura total. El gobierno de transición de Venezuela, encabezado por Delcy Rodríguez, informó oficialmente el inicio de un "proceso exploratorio de carácter diplomático" con Estados Unidos. El objetivo central de estas conversaciones es buscar que se normalice el vínculo bilateral que se mantenía quebrado y sin embajadores desde hace cinco años.
La confirmación llegó acompañada de hechos concretos. El Departamento de Estado norteamericano ratificó que una delegación de alto nivel viajó a Caracas este 9 de enero. El grupo está liderado por John T. McNamara, encargado de negocios de la Oficina Externa de los Estados Unidos para Venezuela (VAU), quien tiene la misión de realizar una evaluación de seguridad e infraestructura "con miras a una posible reanudación gradual de las operaciones" de la sede diplomática en la capital latina.

Desde el Palacio de Miraflores, la respuesta fue recíproca. El canciller Yván Gil anunció que Venezuela también enviará una representación oficial a Washington en los próximos días, consolidando este canal de diálogo directo. Gil destacó que, siguiendo las instrucciones de la presidenta encargada, el país decidió enfrentar la situación actual "por la vía diplomática", convencidos de que es el único camino legítimo para preservar la paz y “recuperar la institucionalidad del Derecho Internacional”.
Sin embargo, las cosas no son del todo “redondas” y los bordes aún se mantienen filosos entre las naciones. En su comunicado, el canciller venezolano insistió en la condena a lo que calificó como una "agresión criminal, ilegítima e ilegal" en referencia al operativo militar que terminó con la captura de Nicolás Maduro. El funcionario subrayó que dicha acción dejó "más de un centenar de muertes de civiles y militares" y aseguró que seguirán reclamando por esta violación a la soberanía en los foros internacionales.
Mientras Caracas intenta estabilizar su situación interna tras la retirada de su liderazgo histórico, Washington busca llenar el vacío de poder y asegurar sus intereses en la región petrolera. La reapertura de las embajadas funcionaría como el primer paso para formalizar la nueva realidad política venezolana, dejando atrás la estrategia de aislamiento total que se mantuvo activa durante los últimos cinco años.
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El Pentágono retiró su flota de guerra en el Caribe
En paralelo, Estados Unidos comenzó a desactivar su maquinaria bélica en la región. Según reveló el diario The New York Times, el Ejército estadounidense inició la reducción de la flota desplegada en el Caribe tras haber cumplido el objetivo de la operación del 3 de enero. Como parte de esta reorganización estratégica, dos buques de transporte (el USS Iwo Jima y el USS San Antonio) ya fueron trasladados hacia aguas al norte de Cuba, alejándose de la costa venezolana.
Fuentes militares indicaron al medio norteamericano que este repliegue implica una disminución significativa en el número de tropas activas en la zona: se estima que unos 3.000 efectivos abandonarán la zona, quedando una fuerza de 12.000 soldados. Aunque la administración de Donald Trump aseguró que mantendrá presencia naval para combatir el narcotráfico, al menos uno de los grandes buques podría regresar a su base en Norfolk, Virginia, en las próximas semanas.
Este movimiento marca el cierre del mayor despliegue militar en la historia reciente del Caribe. Desde el verano pasado, Washington había movilizado destructores y hasta el portaaviones USS Gerald Ford (el más moderno del mundo) como medida de presión extrema para forzar la salida de Maduro. Con el líder ya bajo custodia norteamericana, la Casa Blanca parece haber dado la orden de bajar la intensidad militar para dar paso a la gestión política de la posguerra.
TC/DCQ