La captura de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos, ejecutada a principios de 2026 tras meses de escalada, no solo alteró el tablero político venezolano —y mundial. En paralelo, dejó al descubierto una zona opaca del sistema financiero internacional: los mercados de predicción basados en criptomonedas, donde fenómenos de interés global —una lista que va de eventos deportivos hasta guerras, golpes de Estado y caídas de gobierno— se compran y se venden como activos especulativos.
Horas antes de que el mandatario estadounidense Donald Trump ordenara la "operación policial" que derivó en el arresto y traslado del líder chavista a Nueva York bajo cargos de "narcoterrorismo", un usuario de Polymarket apostó 32.000 dólares a que Maduro sería removido del poder antes de fin de mes. Poco después de la madrugada del 3 de enero, su ganancia superó los 400.000 dólares y abrió el debate sobre si este tipo de mercados —con usuarios interactuando en vivo—, pueden superar la mera especulación y servir de termómetro político real. Y si se trata de suerte o manejo de información privilegiada.
La millonaria jugada ocurrió después de semanas de escalada en el Caribe —incluyendo ataques a supuestas narcolanchas, denuncias de ejecuciones extrajudiciales y el despliegue de la armada venezolana—, y desató una polémica global en relación a la letra chica del "negocio" en torno a la especulación financiera sobre eventos geopolíticos. En especial por los temas que más se popularizaron en el mercado de predicciones en los días sucesivos: desde la eventual caída del líder supremo iraní, Alí Jamenei; a un posible ataque de Israel a Irán, en el marco de las protestas en Teherán.

Qué es Polymarket y por qué genera interés
Polymarket funciona como un mercado de predicciones mas que de apuestas, donde los usuarios compran y venden participaciones sobre si un evento va a ocurrir o no. Resultados de partidos de fútbol, la cantidad de tuits de Elon Musk o la posibilidad de que Trump anexe Groenlandia son algunos de los temas que marcaron la tendencia en los últimos días. Cada participación cotiza entre 0 y 1 dólar digital, lo que equivale a una probabilidad implícita definida por el propio mercado. Si el contrato marca 0,65, significa que los apostadores estiman un 65% de chances de que el hecho ocurra.
"Los usuarios cargan dólares digitales (USDC), compran o venden estas participaciones y pueden salir en cualquier momento antes del resultado final, ganando o perdiendo según cómo cambie esa probabilidad", explicó a PERFIL Lucas Arias, especialista en inteligencia artificial, cripto y blockchain. "Cuando el evento se resuelve, quienes tenían la opción correcta cobran un dólar por participación y quienes no, pierden lo invertido", agregó.
Pero en la práctica, no se "predice" o apuesta sobre el desenlace final del acontecimiento, sino la evolución de la expectativa colectiva. Una suerte de focus group global donde titulares de billeteras cripto opinan en vivo sobre las posibilidades de que ese evento ocurra en función de las noticias.
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"¿De dónde sacas información sobre Jamenei? No hay información real, desconectaron internet", sostuvo un usuario en el chat asociado a la apuesta sobre la caída del ayatolá iraní. El suceso tuvo picos del 60% luego de la captura de Maduro a caídas abruptas del 17% al cierre de esta nota, luego de que Teherán, el foco de las protestas en Irán, quedara bajo un apagón informativo este viernes 9 de enero.
De esta forma, estos mercados dejaron de ser una curiosidad cripto para convertirse en espacios donde se condensan rumores, señales políticas y expectativas estratégicas, constituyendo una red social silenciosa donde circula todo tipo de información sin chequeo previo o sustento en canales oficiales.

De Venezuela a Medio Oriente: un patrón que se repite
Este tipo de plataformas saltó a la luz con el caso Maduro, en función de la escalada bélica registrada en el Caribe que tuvo como punto de inflexión diciembre de 2025. En ese contexto, la relación entre Washington y Caracas se tensó de manera sostenida —y hasta inédita—: ataques a supuestas narcolanchas, denuncias de ejecuciones extrajudiciales, incautación de buques petroleros con destino a Asia y una Armada venezolana desplegada para custodiar cargamentos estratégicos.
El conflicto dejó así de limitarse a la presión económica y entró en una fase abiertamente militarizada, con reglas más difusas y mayores riesgos de error de cálculo. El 17 de diciembre, el comentarista Tucker Carlson llegó a afirmar que un ataque directo de Estados Unidos era "inminente" y Maduro encaró una ofensiva diplomática para contener a Trump que incluyó hasta la moderación de su propio discurso. "No crazy war, yes peace forever" (No a la guerra loca, sí a la paz por siempre), fue una de las frases que más resonaron.
Ese clima previo explica, en parte, por qué algunos apostadores pudieron anticipar un desenlace abrupto. Pero no despeja la duda central: si en mercados como Polymarket alguien bajo un pseudónimo puede convertir una decisión geopolítica de alto nivel en una ganancia extraordinaria, ¿existen controles para evitar el uso de información privilegiada (insider trading)?

Tras el caso venezolano, el foco se desplazó rápidamente a Medio Oriente. En paralelo al aumento de las protestas en Teherán en diciembre, comenzaron a circular apuestas sobre una posible caída del gobierno iraní. Aunque analistas coinciden en que el sistema de poder de la República Islámica sigue siendo sólido en el interior del país, Polymarket volvió a captar la ansiedad global.
Al 9 de enero, ya en baja el mercado asignaba un 19% de probabilidad a la salida del ayatolá Ali Jamenei antes del 31 de enero, mientras que un ataque israelí contra Irán antes de fin de mes cotizaba al 31%. No son pronósticos ni análisis de inteligencia, sino precios de mercado que condensan miedos, rumores y apuestas estratégicas sobre uno de los eventos mayor interés geopolítico: la tensión entre Irán e Israel. Y el riesgo de la escalada nuclear que conlleva.
El detrás de escena de los mercados de predicción
Si bien la apuesta sobre el final de Nicolás Maduro no prueba, por sí sola, la existencia de filtración de información, expone un sistema en el que decisiones tomadas en los niveles más altos del poder global pueden transformarse, casi de inmediato, en oportunidades financieras para quienes estén mejor posicionados para leer —o anticipar— el movimiento siguiente.
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El problema de fondo no es Polymarket en sí, sino el vacío regulatorio que rodea a estos mercados cuando comienzan a cruzarse con decisiones de seguridad nacional, operaciones encubiertas y transiciones políticas. Cuando la geopolítica empieza a cotizarse en tiempo real, la frontera entre información, especulación y poder se vuelve cada vez más difusa.
En ese sentido, Polymarket combina transparencia y fragilidad en comparación a otras plataformas, desde un punto de vista técnico. Según explicó Arias, el registro final de las operaciones y los pagos se realiza en blockchain, lo que permite auditar movimientos a posteriori. Sin embargo, el cruce de órdenes ocurre en servidores controlados por la propia plataforma.
"Desde el punto de vista técnico, Polymarket sí puede ser manipulado en ciertos niveles, aunque no de forma absoluta", advirtió Arias. "El registro en blockchain aporta transparencia, pero el cruce de órdenes ocurre en servidores controlados por la propia plataforma. Esto permite que actores con mucho capital puedan mover precios en mercados con poco volumen, generar señales engañosas o influir en la percepción pública".
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Además, aunque la resolución de los eventos utiliza oráculos diseñados para reducir el fraude, el sistema no está exento de controversias. "Siempre existe el riesgo de disputas, sesgos o demoras", señaló el analista. "En síntesis, es un sistema innovador y transparente en parte, pero no inmune a estrategias de influencia económica o política".
Otro punto clave es la identidad de los apostadores. En Polymarket, los usuarios operan a través de billeteras cripto que no exhiben nombre ni documento, pero eso no equivale a anonimato total. "Las wallets blockchain son pseudónimas, no anónimas", explicó Arias y agregó: "No aparece un nombre o un DNI, pero todas las operaciones quedan registradas públicamente y pueden ser analizadas. Si una billetera (wallet) está vinculada directa o indirectamente a un exchange centralizado, a un error operativo del usuario o a una investigación legal, la identidad real puede reconstruirse".
Según detalló, incluso los patrones de comportamiento permiten rastreos complejos en caso de que una investigación lo amerite. "Horarios, tamaños de apuesta y correlaciones entre mercados permiten hacer fingerprinting financiero bastante preciso. No es trivial, pero tampoco es opaco".