El asesinato de Charlie Kirk, militante ultraconservador y uno de los principales referentes del trumpismo, durante un acto universitario en septiembre pasado no solo sacudió a Estados Unidos. Su nombre se convirtió además en el mayor pico de interés global en las búsquedas de Google en 2025.
El dato, lejos de ser anecdótico, funciona como una radiografía de época: no habla solo de una muerte violenta en un contexto de polarización política como estrategia comunicacional, sino también del modo en que hoy se construye el debate en las redes sociales y del alcance global de la llamada "guerra cultural" anti progresista que Kirk y otros referentes del conservadurismo estadounidense defendían abiertamente, entre ellos el pastor evangélico Franklin Graham, según constató en una reciente charla con PERFIL.
El resumen anual de Google Trends muestra que el caso de Kirk encabezó la lista de búsquedas vinculadas a noticias, una categoría que no mide los términos más buscados en términos absolutos (es decir, cantidad de menciones), sino aquellos que experimentaron el mayor crecimiento repentino de interés. En otras palabras, millones de personas alrededor del mundo —muchas de ellas fuera de Estados Unidos— intentaron entender quién era Charlie Kirk, qué representaba y por qué su asesinato había adquirido semejante dimensión.
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Charlie Kirk, producto del ecosistema MAGA
Fundador y principal referente de Turning Point USA—un movimiento estudiantil dedicado a difundir los valores conservadores en los campus universitarios—, Charlie Kirk fue una de las caras más visibles del conservadurismo militante estadounidense de la última década. A sus 31 años, su figura condensó buena parte de los rasgos que definen al universo MAGA: confrontación como estrategia, lenguaje provocador o "políticamente incorrecto", apelación directa a "valores occidentales" —con fuerte énfasis en la religión cristiana— y una lectura de la política como una cruzada sin concesiones contra el wokismo.
Como producto de la época, Kirk no construyó su influencia desde cargos institucionales al estilo del establishment político local, sino desde plataformas digitales y los campus universitarios. Su discurso, amplificado por redes sociales, se caracterizó por afirmaciones que muchos consideraron extremas, sobre temas que dividían a la opinión pública, como el aborto, la inmigración o la portación de armas. En ese punto, por ejemplo, sostuvo que "vale la pena pagar el precio, por desgracia, de algunas muertes por arma de fuego cada año" para preservar el derecho a portar armas, al que definía como un resguardo de "otros derechos otorgados por Dios".

Esa combinación de religión y política, sumada al vínculo directo que mantenía con sus seguidores (y sus detractores) en los campus de todo EE.UU, fue una constante en su trayectoria. En el debate sobre género, Kirk llegó a afirmar que ser transgénero era "un insulto en la cara a Dios" y algo que iba "en contra de la ley natural". Sus declaraciones sobre minorías étnicas y religiosas también generaron fuerte rechazo: cuestionó que ciudades importantes tuvieran alcaldes musulmanes (previo a la elección de Zohran Mamdani en Nueva York), mientras que afirmó que en la comunidad negra existía un "problema cultural" vinculado al abandono paterno y hasta llegó a decir que Kamala Harris había sido elegida vicepresidenta "por ser una mujer negra".
La muerte de Charlie Kirk, un fenómeno viral
Para Juan Bautista Canavesi, politólogo especializado en nuevas derechas y magíster del Instituto de Desarrollo de la Universidad de Sussex, el impacto global del asesinato de Kirk no puede explicarse sin atender a las dinámicas de la comunicación política digital.
"Charlie Kirk hablaba con un lenguaje polémico porque exacerbar pasiones es mucho más viralizable en los medios digitales. Es una forma de comunicación violenta que busca llevar el debate político al límite de lo permitido, sin necesariamente cruzar la línea de lo ilegal, pero pensada para generar polémica porque eso alimenta mejor al algoritmo", sostuvo en diálogo con PERFIL.
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Esa lógica, subrayó Canavesi, no terminó con su muerte sino que se intensificó en función de la "espectacularización" del hecho. Tras el asesinato, ocurrido en plena luz del día durante uno de sus debates universitarios, las primeras reacciones circularon más rápido en redes sociales que en medios tradicionales. Las imágenes de alto impacto se viralizaron sin reparo y explotó la mención del tema, apelando a la emoción antes que a los datos.
"Hoy vemos las declaraciones de la viuda de Kirk que reflejan un poco estas nuevas dinámicas de comunicación política: viralización de emociones por encima de los datos, desinformación", señaló. Y agregó: "Ella está haciendo declaraciones en canales de mainstream, que ponderan el show, el brillo, los fuegos artificiales. Sus declaraciones posteriores al crimen, sin información certera y apelando a la emoción, reflejan esas nuevas dinámicas: teorías conspirativas, afirmaciones sin evidencia, y una narrativa diseñada para conmover y movilizar. Eso genera más viralización que la evidencia", analizó.
De Kirk a Milei: del hecho político local al espectáculo global
El interés mundial que reflejan las búsquedas, sostiene Canavesi, no se explica únicamente por la figura de Kirk. "Fue más el espectáculo del asesinato que el asesinato en sí lo que le dio impacto global. Importó más cómo se lo mató y cómo nos enteramos, que la fama de la persona que murió", afirmó.

La muerte de Kirk se difundió inicialmente a través de redes sociales, en un ecosistema donde la ciudadanía ya no consume información de manera pasiva. El debate público se construye en tiempo real a partir de tuits, reels, videos breves y contenidos generados incluso con inteligencia artificial. En ese escenario, la política se vuelve un flujo constante de opinión, emoción y confrontación.
Si bien el fenómeno tiene su epicentro en Estados Unidos —con el trumpismo y la proyección global de espacios como la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC)—, no es exclusivo de ese país. "Este tipo de episodios forman parte de una tendencia más amplia en las democracias occidentales. La polarización en redes se volvió una herramienta central de la comunicación política", advirtió Canavesi.
En ese marco, trazó un paralelismo con otros liderazgos contemporáneos, como el de Javier Milei, cuya proyección internacional se apoyó en contenidos simples, emocionales y altamente viralizables. Un ejemplo de esa lógica fue el video en el que el entonces presidente electo anunciaba el recorte de ministerios al grito de "¡Afuera!", una escena breve, directa y fácilmente exportable que terminó de "internacionalizar" al presidente de la motosierra que llegó a ocupar la portada de la revista TIME. "El mundo digital no reconoce fronteras y, con el avance de la IA, los límites de la verdad se desdibujan. La posverdad ya no es una teoría: es una práctica que se volvió mainstream en la comunicación política actual", agregó.

En ese sentido, Google Trends no mide relevancia política, pero sí capta el pulso de la conversación global. Y lo que ese pulso reveló en 2025 es que el nombre de Charlie Kirk se convirtió en una puerta de entrada a una discusión mucho más profunda: "La muerte de Kirk no solo generó impacto global —concluyó Canavesi—, sino que representa el debate público actual: un escenario donde priman las opiniones cargadas de emociones y la confrontación contra un ‘otro’, muchas veces por encima de los datos y de lo que realmente ocurre".
El MAGA después de Charlie Kirk
Lejos de cerrar filas, la muerte de Charlie Kirk dejó al descubierto tensiones latentes dentro del universo MAGA en un momento clave: a casi un año del regreso de Donald Trump en la Casa Blanca, pero con la sucesión ya en debate. Kirk no era solo un influencer conservador; era un articulador político con llegada directa a la juventud republicana y a los círculos más activos del trumpismo organizado, desde Turning Point USA hasta sectores alineados con el Proyecto 2025. Su vínculo directo con el vicepresidente JD Vance es un ejemplo.
En tanto, su asesinato en Utah el año pasado no solo lo convirtió en mártir —tal como lo definió Trump al otorgarle póstumamente la Medalla Presidencial de la Libertad—, sino que aceleró una disputa por quién administra su legado y quién puede ocupar ese lugar en el futuro del movimiento.
Esa puja quedó expuesta semanas después en AmericaFest, la convención conservadora organizada por Turning Point en Phoenix, donde afloraron enfrentamientos públicos entre figuras centrales del ecosistema MAGA. Las críticas cruzadas entre Ben Shapiro, Tucker Carlson, Steve Bannon y Candace Owens revelaron algo más profundo que diferencias tácticas: un desacuerdo sobre los límites del discurso, el rol de la conspiración y el rumbo ideológico del trumpismo sin su fundador original.
En ese escenario emergió la figura del vicepresidente JD Vance como posible heredero político. Cercano a Kirk y respaldado públicamente por su viuda, Vance fue presentado como el dirigente capaz de "tomar la maquinaria" del partido cuando Trump deje la escena. Una de las coincidencias con Kirk fue su aislacionismo en política exterior, luego de que se mostrara crítico de la intervención de EE.UU. en el conflicto entre Israel e Irán, un tema que dividió al corazón del trumpismo.