Una alta fuente oficial indicó la noche del jueves a PERFIL que el Gobierno alienta “altas expectativas” sobre la liberación del gendarme argentino Nahuel Gallo, prisionero desde hace ya más de un año en Venezuela tras su ingreso al país desde Cúcuta, Colombia. El régimen chavista anunció este mismo día la excarcelación de un “número importante” de presos políticos como un “gesto de paz unilateral”, en medio de una extendida incertidumbre sobre la situación en Caracas y cuando aún no se ha cumplido una semana de las capturas de Nicolás Maduro y de su mujer Celia Flores y su detención en una prisión de Nueva York.
El anuncio corrió por cuenta de Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional Venezolana y hermano de la presidenta interina Delcy Rodríguez. Los hermanos han quedado a cargo de un gobierno tutelado por Washington y son los interlocutores en Caracas del secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio.
Es un interrogante, sin embargo, cómo va a continuar el experimento norteamericano. En paralelo al anuncio de Rodríguez, el régimen ha intensificado en estos días su aparato represivo y sigue sin ser clara la situación de otras dos figuras clave de la dictadura, representantes de los sectores armados que han sostenido a Maduro en el poder: el ministro de Relaciones Interiores y responsable del servicio de inteligencia, Diosdado Cabello, y el ministro de Defensa y jefe del Ejército bolivariano, Vladimir Padrino López.
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Ambos han sido acusados de narcotráfico y terrorismo por EE.UU., que aún ofrece recompensa de hasta 25 millones de dólares por su captura. Pero, paradójicamente, Padrino López y Cabello podrían terminar siendo los garantes del orden interno que precisa Donald Trump para poner en movimiento su proyecto de reconstrucción de la infraestructura petrolera en Venezuela.
¿Alcanza con esto para los planes de Trump? En su última columna en The New York Times, el reconocido analista Thomas Friedman especulaba con que las grandes petroleras estadounidenses, que se reunirán este viernes con el presidente Trump, probablemente demanden “el restablecimiento del estado de derecho” en Venezuela, además de un gobierno estable y seguridad física, para volver a enterrar dinero en ese país.
En paralelo a los acontecimientos en Venezuela, Trump debe atender un agitado frente interno. El Senado, con el apoyo de cinco legisladores republicanos, aprobó este jueves una resolución para poner un límite a la intervención militar en el Caribe y prorrogó el pago de subsidios del programa de salud Obamacare, que ha sido para Trump una prioridad desmantelar. En este caso, fueron 17 los republicanos que acompañaron la iniciativa demócrata.
Peor que eso, el gobierno federal ha quedado en el ojo de una tormenta de consecuencias aún desconocidas después de que un efectivo de la ICE, la temible agencia de control de la inmigración, matara el miércoles a balazos a una ciudadana norteamericana de 37 años, madre de tres chicos, en un control callejero en Minneapolis, Minnesota. Un video de cinco minutos tomado por una testigo revela que se trató de un asesinato a sangre fría. Trump y la directora del Departamento de Seguridad Nacional de los Estados Unidos, Kristy Noem, dijeron sin embargo que el efectivo actuó en defensa propia.
En las últimas horas, se denunció que otras dos personas, de nacionalidad venezolana, fueron baleadas en Portland, estado de Washington, por otros agentes de migraciones. Las descontroladas acciones de la ICE lideran hoy las portadas de los principales sitios de EE.UU.
El gendarme Gallo
Organismos de derechos humanos estiman entre 900 y 1000 el número de prisioneros por motivos políticos en Venezuela, según el sitio Efecto Cocuyo. Ante la ausencia de una oposición articulada en el terreno —no ha habido manifestaciones significativas en las calles— y la pérdida de protagonismo de su líder en el exilio María Corina Machado, el “gesto de paz no acordado con ninguna otra parte” anunciado por Rodríguez tiene como único destinatario a Washington. “Tenían un centro de tortura en medio de Caracas, que ahora está siendo desmantelado”, les había anticipado Trump a un grupo de legisladores republicanos el martes, en un encuentro en el Centro Trump-Kennedy en Washington.
En medio del desconcierto global por la intervención en Venezuela, el gobierno argentino busca capitalizar su alineamiento pleno con Trump y elevar a Javier Milei como su interlocutor más confiable en la región. Avanza en la articulación de un espacio de países aliados con los Estados Unidos de Trump en el subcontinente, sobre el que ya operó en el marco de las recientes deliberaciones de la desinflada CELAC, la Comunidad de Estados de Latinoamérica y el Caribe. Esos apoyos crecen con la llegada al poder en marzo de José Antonio Kast en Chile. ¿Rivalizará con Milei por ese liderazgo?
Igual de relevante en el orden interno resultaría para el Gobierno lograr la excarcelación del gendarme Nahuel Gallo. Un triunfo de la diplomacia (armada). En sus declaraciones de respaldo a la operación militar norteamericana, tanto el embajador argentino ante la ONU, Francisco Tropepi, como el representante ante la OEA, Carlos Cherniak, reafirmaron el reclamo por el regreso inmediato del gendarme.
La expectativa alcanzaba anoche también a la liberación de un abogado argentino, Germán Giuliani, cuya familia denunció fue detenido en mayo de año pasado, también al intentar entrar a Venezuela.
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Milei se expuso a dos desaciertos en medio de estos movimientos. El primero fue del Presidente, que en las horas posteriores a la captura de Maduro reclamó en una entrevista con LN+ el reconocimiento de Edmundo González Urrutia como presidente legítimo de Venezuela. Después de que Trump desplazara a Corina Machado de un eventual proceso de transición del poder en Caracas, desde el Gobierno negaron haber impulsado a González Urrutia o que Milei haya coincidido sobre tal cosa en diálogo telefónico con el presidente de Francia Emmanuel Macron.
El segundo tropiezo fue, probablemente, resultado de una demanda poco feliz de Washington: el departamento de Justicia de EE.UU. se retractó este lunes de su acusación a Maduro de liderar el llamado Cártel de los Soles, una organización cuya existencia no ha sido probada, y retiró esa imputación de los cargos presentados contra el dictador venezolano en los tribunales de Nueva York.
En agosto último, en un comunicado que pasó algo desapercibido, el Gobierno argentino informó que había dispuesto, en coordinación con la Cancillería y el Ministerio de Justicia, la incorporación “de la organización criminal transnacional conocida como ‘Cártel de los Soles’ al “Registro Público de Personas y Entidades vinculadas a Actos de Terrorismo y su Financiamiento”. Washington lo había hecho un mes antes.
La sumisión a los dictados de Washington podría exponer a la Argentina a situaciones incluso más comprometedoras, si se consideran las declaraciones que ha hecho Trump al NYT en las últimas horas. “Mi propia moralidad es lo único que puede detenerme", advirtió el presidente de los Estados Unidos. "No necesito la ley internacional”.
ML