El Helicoide comenzó a levantarse entre 1956 y 1958, durante el gobierno de Marcos Pérez Jiménez. El diseño estuvo a cargo de tres arquitectos venezolanos: Jorge Romero Gutiérrez, Pedro Neuberger y Dirk Bornhorst.
La idea parecía invencible para la época: un complejo comercial y cultural con locales, cines, miradores, oficinas y espacio para miles de autos que se desplazarían por rampas helicoidales. Iba a ser —según su propia promoción— un símbolo de modernidad latinoamericana. Sin embargo, la realidad fue otra.
En 1958 cae el régimen, el financiamiento se congela y, hacia 1961, la obra queda paralizada. Lo que iba a ser un ícono del consumo masivo se convierte en un gigante inconcluso de hormigón.
Del abandono a la ocupación
Durante los años 70 y comienzos de los 80, el Helicoide deja de ser una promesa urbana y pasa a ser un refugio improvisado. Miles de familias afectadas por deslizamientos y precariedad habitacional ocupan el edificio. El proyecto de lujo se convierte, literalmente, en un asentamiento informal dentro de una estructura inconclusa.
A partir de allí, el Estado comienza a tomar control progresivo del predio. Las ideas comerciales desaparecen y el Helicoide empieza a funcionar como depósito y oficina pública. El desenlace estaba en marcha.
El giro definitivo: de edificio público a aparato de inteligencia
A mediados de los 80, el Helicoide pasa formalmente a manos del organismo de inteligencia venezolano, entonces DISIP, hoy SEBIN. En los niveles inferiores se construyen instalaciones cerradas, áreas de interrogatorio y celdas.
Con el tiempo, el edificio se consolida como: sede administrativa de inteligencia, centro de operaciones, y, sobre todo, lugar de detención y reclusión de opositores, activistas, militares y civiles.
El mito del proyecto futurista queda enterrado bajo el uso represivo del Estado.
Denuncias que no paran de acumularse

Desde hace años, organismos internacionales y organizaciones de derechos humanos describen al Helicoide como uno de los puntos más sensibles del sistema represivo venezolano. Entre los señalamientos más frecuentes:
- Detenciones arbitrarias
- Incomunicación y aislamiento prolongado
- Torturas físicas y psicológicas
- Acceso limitado a abogados y familiares
- Condiciones inhumanas de encierro
- Hostigamiento a opositores políticos
Han intervenido y documentado casos:
- Oficina de la Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos
- Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH)
- Paneles y relatorías internacionales sobre Venezuela
- Amnistía Internacional
- Human Rights Watch
- Organizaciones locales como Foro Penal, Provea y el Observatorio Venezolano de Prisiones
Las denuncias no describen hechos aislados, sino patrones.
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Fechas que marcan la transformación
- 1956–1958 | Inicio de la construcción.
- 1961 | Paralización definitiva de la obra.
- Años 70–80 | Ocupación popular del edificio.
- Mediados de los 80 | Asignación al aparato de inteligencia (DISIP).
- Décadas siguientes | Consolidación como sede del SEBIN y centro de detención. Cada fecha revela capas superpuestas: promesa, abandono, control, y finalmente, represión.
Nombres propios: los casos que hicieron visible al Helicoide
A lo largo de los últimos años, el Helicoide estuvo asociado a detenciones que trascendieron fronteras:
Víctor Navarro: Activista y periodista. Detenido en 2018, denunció torturas y persecución política.
Wilder Vásquez: Estudiante, detenido en 2018. Cumplió condena pero permaneció encarcelado más allá del plazo legal.
Roberto Marrero: Jefe de despacho de Juan Guaidó. Arrestado en 2019, acusado de terrorismo. Liberado tras un indulto.
Samaira Romero: Sargento acusada por la “Operación Gedeón”. Denuncias por torturas y violaciones al debido proceso.
Rocío San Miguel: Abogada y referente de derechos humanos. Su detención fue denunciada como desaparición forzada.
Gregory Sanabria: Activista estudiantil. Relató golpizas, torturas y años de reclusión.
Los testimonios coinciden: interrogatorios violentos, presión psicológica, amenazas y opacidad judicial.
El caso de Nahuel Gallo
Hasta ahora, el único caso confirmado de un argentino detenido en Venezuela vinculado al Helicoide o al sistema de detención es el del gendarme Agustín Nahuel Gallo, pero no está actualmente recluido en El Helicoide:
Nahuel Agustín Gallo, cabo primero de la Gendarmería Nacional de Argentina, fue detenido por las fuerzas de seguridad venezolanas el 8 de diciembre de 2024 cuando intentaba ingresar a Venezuela desde Colombia para visitar a su familia.
- Lugar de detención actual: Según informaciones de prensa y declaraciones de su familia, Gallo está recluido en el penal venezolano “El Rodeo I”, una cárcel ubicada en el estado Miranda, en las afueras de Caracas, conocida por sus malas condiciones y que ha sido señalada por abusos y torturas por ex reclusos.

En distintos momentos del proceso, el régimen chavista también lo vinculó de manera pública con El Helicoide, pero esa ubicación no fue confirmada como su centro de detención principal — según fuentes familiares y periodísticas.
- Estado legal y situación: Venezuela lo ha acusado de delitos como conspiración, terrorismo y asociación para delinquir, alegaciones que Argentina niega y considera detención arbitraria o desaparición forzada. La familia y el gobierno argentino siguen sin tener acceso consular regular, contacto con él ni información oficial clara sobre su estado o ubicación precisa más allá de El Rodeo I.
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Contexto diplomático: Argentina elevó reclamos ante la OEA y presentó denuncias por detención arbitraria y desaparición forzada ante la Corte Penal Internacional en La Haya. Si querés, puedo darte un resumen del estado legal de su caso o qué gestiones diplomáticas está haciendo Argentina para intentar liberarlo.
De símbolo urbano a símbolo político
El Helicoide ya no se discute como obra arquitectónica. Es, ante todo, un signo político. Representa:
- El uso del aparato de seguridad para disciplinar la oposición
- La normalización de la detención por motivos políticos
- La distancia creciente entre Estado y ciudadanía
Un edificio que debía ser una vitrina del progreso terminó siendo un recordatorio brutal del deterioro institucional.
Qué queda por responder
La pregunta central sigue abierta:
¿Cómo un proyecto pensado para el consumo, la cultura y la modernidad terminó convertido en una de las cárceles más temidas del continente? Responder implica mirar más allá del hormigón: corrupción, crisis, militarización del Estado, concentración del poder y una lógica que prioriza el control por sobre la legalidad.
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El Helicoide es, en definitiva, la metáfora perfecta de un país atrapado entre lo que quiso ser y lo que terminó siendo.