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RDEco: qué condiciones necesitan las pymes para recuperar competitividad

En Ronda de Economistas (RDEco) coincidieron en la importancia del orden macroeconómico, pero discutieron qué correcciones necesita el esquema para fortalecer a las pymes y la producción.

Federación de Industrias Textiles Argentinas Foto: FITA

El tipo de cambio, el crédito, la apertura comercial y la competitividad de las pequeñas y medianas empresas estuvieron en el centro de una nueva Ronda de Economistas. Federico Poli, Gastón Alonso y Ezequiel Vega discutieron qué condiciones necesita la Argentina para fortalecer su entramado productivo sin abandonar el ordenamiento macroeconómico alcanzado durante la gestión de Javier Milei.

“Un tipo de cambio más alto, tipo de cambio competitivo, tasas de ventas bajas, integración al mundo y políticas micro bien dirigidas”, enumeró Federico Poli, consultor de Sistémica y exjefe de Gabinete del Ministerio de Economía, en +Perfil. Según su planteo, una combinación de mejores condiciones financieras y mayor rentabilidad podría ampliar el mercado interno, favorecer la reinversión y mejorar la productividad.

“El tema no es quién hace el ajuste, en este caso cambiario, o fiscal y monetario, sino quién hizo el desajuste”, respondió Poli cuando Fernando Meaños recordó que el ciclo iniciado en 2002 estuvo precedido por una fuerte devaluación. El economista sostuvo que no propone una moneda permanentemente depreciada, sino “un tipo de cambio que refleje la productividad de la Argentina respecto del resto del mundo”.

El debate sobre la apertura comercial

“Hay un montón de actividades que no pueden subsistir. Con el paso del tiempo, a este tipo de cambio real, es muy difícil que la industria compita”, sostuvo Gastón Alonso, economista de la Fundación Innovación con Inclusión. Su planteo se concentró en sectores industriales que deben enfrentar simultáneamente la competencia importada y una estructura local de costos que considera elevada.

“Sturzenegger no quiere desregular para ganar esa competencia”, contrapuso Meaños al describir el argumento del Gobierno. Desde esa perspectiva, la reducción de aranceles y la apertura no buscan necesariamente que la industria argentina produzca todos los bienes disponibles, sino permitir que determinados productos lleguen al consumidor a un precio menor cuando fabricarlos localmente resulte más costoso.

Mantener el orden macro, pero hacer correcciones

“No hace falta un cambio total de modelo”, afirmó Alonso al diferenciar sus críticas de un cuestionamiento integral al programa económico. “Hay un montón de cosas que se hicieron durante esta gestión, sobre todo la conciencia del ordenamiento macroeconómico de las cuentas, que tiene que quedar como proyección de largo plazo”, agregó.

Al mismo tiempo, el economista consideró necesario revisar algunas variables: “Hay que trabajar sobre el tipo de cambio y hacer políticas para proveedores y pymes”. También planteó que una nueva corrección cambiaria debería considerar su impacto sobre salarios, jubilaciones y otros ingresos para evitar que la mejora de competitividad implique un deterioro social mayor.

Crédito y encajes para reactivar la actividad

“¿No se pueden bajar los encajes y permitir que los bancos tengan más dinero para refinanciar o prestar?”, planteó Meaños al introducir el debate sobre el sistema financiero. Una reducción de exigencias de liquidez puede ampliar la capacidad prestable de los bancos, aunque su impacto depende también de las condiciones monetarias y del riesgo de que una expansión excesiva complique el proceso de desinflación.

“Tuvimos cauciones a 24 horas que llegaron a tasas nominales del 120%”, recordó Ezequiel Vega sobre uno de los episodios de tensión financiera anteriores. El analista señaló que luego hubo una normalización y vinculó la disponibilidad de crédito con problemas más amplios de actividad, empleo y capacidad de inversión.

La brecha del riesgo país con la región

“Somos nosotros y en segundo lugar Ecuador”, sostuvo Vega al describir la sensibilidad de los activos argentinos frente a cambios en las condiciones financieras internacionales. La Argentina cerró el 25 de septiembre con un riesgo país de 609 puntos básicos y el lunes siguiente llegó a 628, después de haber tocado un mínimo cercano a 403 puntos en julio.

“Brasil y México están en otra escala, y Uruguay, Chile y Perú todavía más abajo”, fue el eje de la comparación presentada durante el programa. Como referencia, a comienzos de septiembre el índice de JP Morgan ubicaba a Uruguay en 64 puntos, Chile en 84, Perú en 108, Brasil en 171 y México en 200, mientras Argentina todavía se encontraba en 494.

“Argentina mantiene una calificación de B-”, señaló Vega. Esa referencia coincide con la nota soberana de largo plazo asignada actualmente por S&P Global Ratings, que elevó en junio la calificación argentina a B- con perspectiva estable, aunque advirtió que el país todavía conserva vulnerabilidades económicas y financieras.

“Los fanáticos de la dolarización ahí, que se fijen en lo que está pasando con Ecuador”, cerró Meaños al llevar la conversación nuevamente hacia las distintas estrategias disponibles para estabilizar una economía. El debate dejó enfrentadas diferentes herramientas, pero puso el foco en un mismo problema: cuáles son las condiciones financieras, cambiarias y productivas necesarias para que las empresas argentinas puedan volver a invertir y competir.