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Esteban Godoy presentó en RDEsc “Nadie a quien esperar”, una novela sobre la ausencia paterna y el peso de la mirada ajena

El escritor habló en Ronda de Escritores (RDEsc) sobre su novela de iniciación, protagonizada por un joven que emprende un viaje junto a su madre para realizarse un estudio de ADN y conocer la identidad de su padre.

Esteban Godoy presentó “Nadie a quien esperar”. Foto: reperfilar.

Esteban Godoy presentó la tercera edición de Nadie a quien esperar, una novela centrada en Javier Vázquez, un joven nacido en Tandil que crece junto a su madre y sus abuelos maternos sin la presencia de un padre. La historia comienza cuando, siendo todavía un niño, descubre que ese hombre ausente vive cerca y que los chicos con los que jugaba son, en realidad, sus hermanos.

“Es una novela de iniciación”, definió Godoy al explicar el tono de una historia que acompaña al protagonista desde la infancia hasta la adolescencia. La ausencia paterna atraviesa todo el relato y se combina con otro elemento central: el peso de la mirada ajena en una comunidad donde las historias personales circulan y se conocen.

Uno de los episodios que sintetiza ese conflicto ocurre durante el primer día de clases. La maestra pide que cada alumno se presente diciendo el nombre de su padre, su madre y sus hermanos, una consigna aparentemente simple que deja a Javier frente a una situación incómoda.

“El personaje no tenía papá”, explicó Godoy. Y agregó: “Hay una vergüenza también donde en primer día de clases la maestra preguntaba: ‘Bueno, preséntense, digan el nombre de su papá, de su mamá y de sus hermanos’, como si no existieran otros modelos posibles”.

La escena muestra cómo una estructura familiar diferente puede transformarse en una marca social para un niño. Javier crece así entre preguntas, silencios y una sensación de diferencia que se vuelve parte de su identidad.

El viaje para conocer al padre

La historia cambia cuando Javier cumple 16 años y, junto a su madre, decide realizar un estudio de ADN. La novela comienza justamente durante la madrugada en la que ambos viajan desde Tandil hacia Buenos Aires para dirigirse al Hospital Durand.

Allí, el adolescente se encontrará con el hombre que podría confirmar finalmente su identidad biológica. El viaje se convierte en una oportunidad para imaginar qué podría suceder después y qué lugar podría ocupar ese padre ausente en una vida construida durante años sin él.

La novela no se limita así a la búsqueda de una respuesta genética. También indaga qué significa ser padre, cuánto pesa la sangre y cuánto de un vínculo puede construirse después de una ausencia tan prolongada.

“El plan principal era la música”

Antes de dedicarse a la literatura, Godoy tuvo a la música como principal proyecto. A los 19 años dejó Tandil y se trasladó a Buenos Aires, atraído en parte por la posibilidad de comenzar una nueva vida lejos de un entorno en el que todos conocían su historia.

“El plan principal era la música y el anonimato de la ciudad y un poco huir de todo ese peso de la mirada ajena”, contó. Sin embargo, la escritura siempre permaneció como una inquietud: “Siempre tuve esa pulsión, estuvo siempre”.

Durante un tiempo, incluso temió que escribir implicara abandonar aquello que ya había construido con la música. “Yo tenía como el miedo de... bueno, si empiezo a escribir, voy a dejar la música”, recordó.

El taller de Pablo Ramos y el origen de la novela

La primera experiencia formal de Godoy con la escritura llegó en el taller literario de Pablo Ramos. “Mi primera experiencia fue en el taller literario de Pablo Ramos, con quien estuve cuatro o cinco años”, relató.

Allí comenzó a aparecer el germen de Nadie a quien esperar, un proceso que continuó después mediante clínicas de obra con Alejandra Laurencich. La novela fue así el resultado de años de trabajo, reescritura y exploración alrededor de temas que continúan atravesando la obra de Godoy: la identidad, la familia, la ausencia y el peso de aquello que los demás esperan de nosotros.

El recorrido seguirá con nuevos proyectos, ya que el escritor anticipó la publicación de un libro de cuentos. Mientras tanto, Nadie a quien esperar vuelve con una tercera edición y con una pregunta que atraviesa toda su historia: qué sucede cuando alguien tiene que construir su propia identidad alrededor de una ausencia que estuvo presente desde el comienzo.