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Selva Almada presentó en RDEsc “Una casa sola”, una novela atravesada por la ausencia, el territorio y la naturaleza

La escritora habló en Ronda de Escritores (RDEsc) sobre su nuevo libro, una historia construida alrededor de una casa abandonada y una familia de peones desaparecida.

Selva Almada presentó “Una casa sola”.
Selva Almada presentó “Una casa sola”. | reperfilar.

Selva Almada habló en +Perfil, el nuevo canal de Editorial Perfil, sobre Una casa sola, su más reciente novela, terminada a fines de octubre del año pasado y publicada en marzo. La autora explicó que, por la cercanía del proceso de escritura, todavía mantiene una relación muy presente con el libro y con las conversaciones que genera entre sus lectores.

“Lo tengo muy presente, primero porque es un libro que terminé hace relativamente poco, menos de un año”, señaló Almada. Desde su lanzamiento, la obra comenzó a circular por ferias y festivales, espacios donde la escritora pudo conocer de primera mano las impresiones que despierta la historia.

Una casa vacía y una familia desaparecida

El núcleo de la novela es una vivienda que permanece deshabitada desde hace aproximadamente una década. Allí vivió la familia Lucero, un grupo de peones cuya desaparición nunca terminó de ser esclarecida.

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“Es una casa que está vacía de gente desde hace más o menos una década porque algo de un orden que podemos presumir siniestro pasó con la familia”, relató Almada. La ausencia de sus antiguos habitantes se convierte así en una presencia constante y dota al espacio de un clima de misterio.

Mientras los humanos ya no están, otras formas de vida comienzan a apropiarse lentamente del lugar. “Esta casa está llena de insectos, de plantas, de gallinas, perros que se van metiendo ahí y empiezan también a formar parte de la vida de esta casa”, explicó.

La ausencia también puede narrarse

La construcción de Una casa sola obligó a Almada a trabajar con aquello que no está a la vista. La desaparición de los Lucero no funciona únicamente como un interrogante argumental, sino también como una forma de organizar todo el relato.

La autora aseguró que intenta abordar cada proyecto desde un lugar diferente. “Creo que cada novela o cada libro siempre es distinto, por lo menos yo trato de que sean diferentes para no aburrirme también”, sostuvo.

Esa búsqueda permanente es, para Almada, una parte fundamental de su relación con la literatura. “Lo más entretenido y divertido de la escritura es estar buscando siempre nuevas formas de contar algo”, afirmó.

El litoral, el monte y la naturaleza

A pesar de esa voluntad de no repetirse, Almada reconoce que existen elementos que conectan sus distintas obras. El territorio aparece nuevamente como uno de esos puntos de encuentro, con el litoral y la naturaleza ocupando un lugar central.

“Siempre hay vasos comunicantes entre los libros y, bueno, en el caso de esta novela, con las anteriores, está otra vez el territorio, está otra vez el litoral, está de nuevo la naturaleza, el monte, en este caso muy presente”, explicó.

En Una casa sola, el paisaje no actúa únicamente como escenario, sino que forma parte de la transformación de una vivienda que deja de pertenecer a una familia y empieza a ser ocupada por animales, vegetación y otras formas de vida.

Un libro que comienza a viajar

Desde su publicación, la novela comenzó a generar intercambios en diferentes espacios culturales. El contacto con lectores le permite a Almada observar qué elementos de la historia adquieren nuevas interpretaciones una vez que el libro deja de pertenecer exclusivamente a quien lo escribió.

Ese recorrido pronto se ampliará fuera del idioma original. “Ya habrá traducciones pronto”, adelantó la autora.

Con Una casa sola, Almada vuelve así sobre algunos territorios reconocibles de su literatura, pero desde una nueva estructura narrativa. Una familia ausente, una vivienda abandonada y una naturaleza que avanza funcionan como los elementos de una historia en la que aquello que desapareció continúa, de alguna manera, habitando el lugar.