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Francisco Lumerman en RDEsc: una intérprete presidencial encerrada y una historia sobre el miedo a sentir

El dramaturgo y director estrenó una nueva obra de teatro y conversó en Ronda de Escritores (RDEsc) sobre el proceso de escritura, la construcción de su protagonista y una trama atravesada por el poder, el aislamiento y la dificultad de expresar las emociones.

El dramaturgo y director Francisco Lumerman. Foto: reperfilar.

El dramaturgo y director Francisco Lumerman estrenó una nueva obra teatral protagonizada por una intérprete presidencial que queda encerrada en un aeropuerto de un país asiático después de la muerte de un mandatario. En diálogo con Osvaldo Quiroga en +Perfil, habló sobre el largo proceso de escritura, la construcción del personaje y una historia atravesada por el aislamiento, el poder y la dificultad de expresar las emociones.

Estrenar siempre es una experiencia sobrenatural”, reconoció Lumerman apenas un día después de presentar la obra ante el público. El director contó que atravesó la función con muchos nervios y que recién durante la jornada siguiente comenzó a sentir el cansancio acumulado por todo el proceso.

Un texto construido durante un año

Lumerman explicó que terminó la obra en octubre del año pasado, después de aproximadamente doce meses de trabajo. “Soy lento y me gusta así, o sea, como tener la posibilidad de reescribirlo, revisarlo, no tener plazos”, señaló sobre un método que privilegia la revisión antes que la velocidad.

El estreno todavía estaba demasiado cerca como para que pudiera explicar la obra desde cierta distancia. “Estrenar siempre es una experiencia sobrenatural”, insistió al describir ese momento en el que un texto trabajado durante meses finalmente comienza a ser observado y reinterpretado por los espectadores.

Una intérprete atrapada en un aeropuerto

La protagonista, Antonia Luengo, trabaja como intérprete presidencial y queda encerrada en una sala de un aeropuerto de un país asiático. “Ella intuye que tiene que ver con la muerte del presidente”, explicó Lumerman sobre un encierro que instala desde el comienzo una situación de sospecha y peligro.

Uno de los elementos centrales de la puesta es el idioma que utiliza el personaje. “Es una versión de ese idioma, en el cual yo me basé para escribir, no porque lo conozca el idioma, sino porque fui investigando”, contó sobre una lengua construida a partir del jemer, hablado en Camboya.

El público necesita seguir parte de las palabras de Antonia mediante subtítulos, lo que profundiza la sensación de extrañeza y aislamiento. “Me basé para escribir, no porque lo conozca el idioma”, aclaró Lumerman, quien utilizó aquella investigación lingüística como punto de partida para crear una voz propia para el personaje.

El mandato de no sentir

La personalidad de Antonia también está atravesada por la educación que recibió de su madre. Lumerman explicó que fue criada bajo una lógica que consistía en “tratar de no sentir y no expresar”, una enseñanza que terminó condicionando su manera de relacionarse con los demás.

Esa aparente capacidad de controlar sus emociones se vuelve cada vez más difícil de sostener cuando pierde el dominio de la situación. “Le cuesta mucho”, reconoció el dramaturgo al describir a una protagonista que debe enfrentarse con aquello que durante años aprendió a ocultar.

El encierro y la muerte del presidente funcionan así como disparadores de una crisis más íntima. Antonia fue formada para “no sentir y no expresar”, pero termina atrapada en un escenario donde el poder, el miedo y la incertidumbre la obligan a confrontar aquello que había conseguido mantener bajo control.