El escritor y editor Marcos Almada repasó el origen de algunos de sus cuentos, la influencia de las historias familiares en su escritura y el recorrido de Alto Pogo, el sello que dirige. En diálogo con Osvaldo Quiroga en +Perfil, también analizó la situación económica de las librerías y las consecuencias que tiene la caída del poder adquisitivo sobre el consumo de libros.
“Son cuentos que, más que escribirlos, los escuché”, explicó Almada al recordar las historias que circulaban durante su infancia y adolescencia. Muchas provenían de su madre y, aunque en ese momento no les prestaba especial atención, “algo quedó y cuando me puse a pensar, a escribir relatos, ahí aparecieron”.
Las historias familiares como materia literaria
Con el tiempo, el escritor comenzó incluso a grabar a su madre para conservar aquellas narraciones. “Me di cuenta de que había ahí, por así decirlo, mucha carne literaria”, señaló al explicar cómo esos recuerdos terminaron transformándose en personajes, escenas y argumentos.
La influencia familiar resultó más profunda de lo que inicialmente había advertido. “Sí, mucho, quizás me di cuenta tarde”, reconoció Almada, quien recordó que su madre era contadora de profesión pero también “era contadora de muchas historias”.
Entre esos relatos aparecieron cuentos como “Lucita” y “Los Chanchos”, este último incluido posteriormente en una antología de escritores bonaerenses. “Algo quedó”, insistió Almada al describir cómo situaciones escuchadas durante años permanecieron en su memoria hasta reaparecer en la escritura.
De la escritura a la edición
Almada también recordó Lengua Muerta, publicada en 2013 y vinculada a los primeros años de Alto Pogo. “Fue mi primera novela”, señaló sobre una obra que marcó el inicio de un recorrido paralelo entre la producción literaria y el trabajo editorial.
Desde entonces, el catálogo del sello incorporó autores argentinos y latinoamericanos encontrados en ferias y otros circuitos independientes. “Me di cuenta de que había ahí mucha carne literaria”, había señalado Almada sobre sus historias familiares, una lógica de búsqueda que también trasladó a su trabajo como editor.
La caída de ventas golpea a las librerías
La conversación avanzó luego sobre la situación de las librerías, un sector que Almada conoce también desde su participación directa en ese circuito. “Antes por ahí compraban tres o cuatro y hoy tienen que pensarlo, porque claramente hay una dificultad”, describió sobre los cambios que observa incluso entre lectores habituales de ferias y librerías.
El diagnóstico coincide con un relevamiento reciente de la Federación Argentina de Librerías, Papelerías y Afines: entre 2023 y 2026, la facturación real cayó 41,5% y los costos operativos aumentaron 31,1%, mientras las unidades vendidas retrocedieron cerca del 25%. “Hay que ponerle plata en el bolsillo a la gente”, recordó Almada al recuperar una definición de Gabriela Cabezón Cámara sobre la crisis del sector.
El precio del papel en el centro de la discusión
Para el editor, la discusión no puede reducirse únicamente al precio final que paga el lector. “Si pensamos que queremos desregular y queremos que el libro sea más barato, tenemos algo muy interesante para ir a ver que es qué está pasando con el papel”, sostuvo.
La pérdida de poder adquisitivo termina afectando tanto a quienes producen como a quienes compran libros. “Antes por ahí compraban tres o cuatro y hoy tienen que pensarlo”, resumió Almada al describir un circuito donde el interés por leer permanece, pero cada vez más lectores deben restringir la cantidad de ejemplares que pueden llevarse.