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RDEsc: Una novela sobre Venezuela que cruza las heridas personales con la historia del chavismo

La escritora Ronda de Escritores (RDEsc) venezolana Josymar Pacheco contó cómo nació su novela, inspirada en parte en experiencias personales y atravesada por la historia reciente de Venezuela.

La escritores venezolana Josymar Pacheco Foto: +Perfil

Josymar Pacheco nació en Venezuela, vivió dos años en Panamá y lleva una década radicada en la Argentina. En Ronda de Escritores, por +Perfil, contó que su novela nació a partir de una experiencia personal: la sensación de haber perdido la posibilidad de expresarse con libertad y la necesidad de encontrar una vía para recuperar su propia voz.

“En un punto yo en mi país me sentí silenciada”, relató. Al dejar Venezuela creyó que la distancia podía poner fin a aquella sensación, pero distintas experiencias posteriores volvieron a enfrentarla con algo similar.

Fue entonces cuando la literatura apareció como una respuesta. “Quizás una forma de dejar de sentirme de esta manera es haciendo lo que me gusta, que es escribir”, explicó.

La historia según quien la cuenta

Aunque la obra pertenece al terreno de la ficción, Pacheco reconoció que está atravesada por su experiencia y por su mirada sobre Venezuela. La autora parte de una idea central: los acontecimientos históricos nunca llegan completamente separados de quien los narra. “Yo pienso que la historia es subjetiva, o sea, depende de quién la cuente”, sostuvo.

La novela recorre el período comprendido entre 1998 y 2014, pero la escritora buscó evitar que su propia interpretación absorbiera completamente la trama. “Trato de buscar ciertos matices para que se sienta de alguna forma que no está como que mi impronta completa”, señaló.

En lugar de construir un relato exclusivamente político, eligió mostrar cómo los acontecimientos colectivos pueden intervenir sobre una vida individual.

Rosa y una Venezuela que cambia con ella

La protagonista es Rosa, una niña que crece en los estados andinos de Venezuela. Su desarrollo personal avanza al mismo tiempo que las transformaciones sociales y políticas del país. “La historia hace como una especie de simbiosis entre Venezuela, o sea, lo que está viviendo Venezuela, y lo que ella está viviendo”, explicó Pacheco.

Las dificultades de Rosa funcionan así en paralelo con lo que ocurre a su alrededor. “Cada vez que sucede algo en el país, ella tiene algún tipo de inconveniente, y viceversa”, relató. La novela construye de esa forma un vínculo entre los grandes procesos históricos y las heridas personales de la protagonista, sin presentar ambos mundos como dimensiones independientes.

Una generación atravesada por el chavismo

Pacheco explicó que los años retratados coinciden con buena parte del período que ella misma vivió en Venezuela. “Vos pensás que es el único gobierno que conocí”, señaló al referirse al chavismo. Su interpretación de esa etapa también estuvo marcada por el estudio de procesos anteriores de la historia venezolana. “Venezuela siempre vivió como muchas dictaduras”, sostuvo, al señalar que encontró antecedentes que le permitieron pensar el presente dentro de una trayectoria histórica más amplia.

La literatura se convirtió entonces en una forma de dejar registro de lo vivido por una generación cuya experiencia personal estuvo estrechamente relacionada con los cambios políticos y sociales del país.

Por qué el personaje principal es un Frankenstein

Pacheco aclaró, sin embargo, que Rosa no es ella. La protagonista fue construida a partir de recuerdos, experiencias y relatos pertenecientes a distintas personas. “Yo digo que el personaje es un Frankenstein porque son distintas historias de distintas personas que están englobadas en una sola persona”, explicó.

Esa construcción le permitió tomar elementos reales sin transformar la novela en una autobiografía. Rosa funciona como un personaje ficcional donde confluyen distintas memorias, dolores y experiencias.

La escritura terminó así convirtiéndose en el espacio donde Pacheco pudo combinar historia y subjetividad, pero también enfrentar aquella sensación que había dado origen al proyecto. Una forma, como ella misma explicó, de dejar de sentirse silenciada haciendo aquello que más le gusta: escribir.