Promesas incumplidas

Guido Lapa: “Vamos a terminar el mandato de Milei con una inflación cercana al 30%”

El economista sostuvo que el plan oficial “subestimó por completo la inercia inflacionaria” y advirtió que “las promesas no se cumplen mientras el salario sigue perdiendo poder adquisitivo”.

Guido Lapa Foto: Captura Web

El economista Guido Lapa cuestionó la política económica del Gobierno y aseguró que Javier Milei finalizará su mandato “con una inflación del 20, del 25, de 30 puntos”, muy lejos de las metas que había prometido durante la campaña. En Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), sostuvo que “desde hace nueve meses la desinflación no existe más”, advirtió que el oficialismo sostiene el esquema con “un dólar bajo y salarios pisados” y remarcó que “todos los meses se sigue erosionando el poder adquisitivo” de los trabajadores. 

Guido Lapa es economista, posee una maestría en Finanzas y se especializa en historia económica, política económica argentina, inflación y salarios. Se desempeña como docente en la Facultad de Ciencias Económicas de la UA y participa activamente en las manifestaciones y clases públicas de la comunidad educativa contra el ajuste presupuestario. Además, escribe columnas y comparte análisis en diversos medios de comunicación.

Intentando conocer esta semana el tema de la inflación por el dato primero de la Ciudad de Buenos Aires. Se viene la proyección nacional. ¿Ese número va a estar en dónde? ¿Será la primera baja importante y se mantendrá como tendencia? ¿Volveremos a tener números altos quizás desde este índice de mayo? ¿Cómo ves la realidad?

Veo una realidad muy compleja en términos generales y, en materia inflacionaria particularmente, veo uno de los que fue al principio uno de los éxitos más importantes del gobierno, su caballito de batalla, aquello que podía mostrarle a la sociedad como que su plan estaba caminando, y algo que se cortó de un tiempo a esta parte.

Hay distintas interpretaciones en torno a cuándo fue el quiebre, pero hay bastante homogeneidad en torno al reconocimiento de los datos, que habla de que desde hace nueve meses la desinflación no existe más y que tenemos inflación creciente mes a mes.

Entonces, cuando se habla de que tengamos una inflación a la baja en el mes de abril respecto del mes de marzo, yo creo que el gobierno tendría que ser muy prudente a la hora de salir a festejar y a la hora de declarar una nueva tendencia desinflacionaria. Porque lo que probablemente veamos es una inflación que sigue muy pegajosa, se dice en inglés, muy sticky, en el sentido de una inflación que tiene para rato.

Con un problema del petróleo a precios altísimos y que, mi interpretación, como publiqué en Perfil, es que llegó para quedarse. No creo que volvamos en los próximos años a ver un petróleo tan bajo como vimos a principio de este año. Más allá de en cuánto tiempo se resuelva la guerra en Irán, creo que la destrucción de la infraestructura y demás va a sostener los precios internacionales del crudo muy altos.

Y no solamente el crudo, sino que en la Argentina también tenemos un problema inercial que, como se vio, era mucho más fácil bajar la inflación que había dejado el Frente de Todos a los niveles que tenemos actualmente, que finalmente llevar la inflación a esos niveles de cero coma que prometió tantas veces Milei y que fue corriendo la fecha y que finalmente nunca llegó, porque la inflación nunca bajó de los dos puntos.

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Algunos dicen que Milei va a terminar su gobierno, al menos esta gestión, con no menos del 2% mensual, o sobre el 2% mensual. ¿Vos considerás que esto puede ser así?

Sí, creo que puede ser. No me arriesgaría a poner un punto determinado como la barrera del dos, pero sí, indudablemente, vamos a estar muy lejos de lo que el gobierno aspiraba y de lo que el gobierno se comprometió con la sociedad. Es decir, vamos a terminar el mandato de Milei en torno a una inflación del 20, del 25, de 30 puntos. Y eso está muy lejos de lo que se comprometió el gobierno. Porque decía que la inflación era en todo momento y lugar un fenómeno monetario.

Ese fenómeno monetario, que para mí no es tal porque finalmente yo creo que, si bien lo monetario influye, también hay muchas otras variables que impactan en la inflación, el gobierno ha sufrido una inflación, no sé si descontrolada, pero sí considerablemente más alta que la comprometida.

Y me corrijo, porque quien la sufre no es tanto el gobierno, sino quienes la sufrimos somos quienes vivimos de nuestro trabajo, que vemos cómo todos los meses se sigue erosionando el poder adquisitivo de nuestros salarios, en tanto y en cuanto una inflación persistente por encima del 2%, cuando las paritarias están en general en torno al 1,5%, al 1%, depende qué gremio uno mire.

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Milei siempre dijo: “Si la maquinita funciona, hay inflación; se para la maquinita, se termina”. Obviamente, hay distintas interpretaciones sobre si esa maquinita sigue funcionando o no en este tiempo, pero eso no alcanza. También la cuestión de los servicios, de los gastos fijos que se tienen, que no solo siguen aumentando, sino que están muy por encima de lo que es el nivel promedio de otros incrementos. ¿Eso, si se corta, puede bajar el índice o eso va a estar de manera paralela y seguirá igual? Porque, ¿en dónde está la razón de la inflación cuando se vende poco y hay estanflación, como se denomina? Es decir, no se vende nada, está todo estancado, pero la inflación está también. ¿Cuál es la falla que vos ves para que esto se dé de la manera que conocemos?

Creo que el gobierno ha sustentado su desinflación, que recién decía que en un momento fue relativamente exitosa y luego entró en un fracaso rotundo, en torno a dos grandes anclas. Esas dos grandes anclas tienen que ver, por un lado, con el ancla cambiaria, que el gobierno viene sosteniendo, para mí, de forma insana.

Es decir, está interviniendo para sostener un dólar bajo y eso está dañando severamente la economía argentina. Y, por otro lado, el ancla salarial. Sobre esas dos grandes anclas, el gobierno apuesta a contener una inflación que, como vemos desde los últimos nueve o diez meses, viene fracasando sistemáticamente.

¿En dónde está la falla?, me preguntás. Bueno, yo creo que es un modelo totalmente orientado de manera incorrecta. Creo que es un modelo que se compromete a ajustarse monetariamente, pero después uno hace doble clic en las publicaciones del Banco Central y se ve que esa no emisión finalmente no está ocurriendo, porque se están agrandando los distintos índices monetarios.

Es decir, la maquinita funciona. No funciona de la forma en que funcionaba en gobiernos anteriores, funciona de manera un poco más velada, pero sigue funcionando. Pero, de todas maneras, existe en la Argentina una inercia inflacionaria que el gobierno subestimó por completo. Ya pasó más de la mitad del mandato y todavía esa inercia inflacionaria lo sigue corriendo y sigue complicando un poco la percepción que tiene la sociedad del gobierno.

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Uno mira, yo me dedico a la economía, pero por supuesto que la economía no es ajena a las expectativas que tiene la sociedad respecto del gobierno, y mira los índices de imagen pública que tiene Milei, que tienen los principales funcionarios, y se encuentra con que están en franca caída.

Esa franca caída, ¿con qué tiene que ver? Con que en un momento la gente decía: “Estoy mal, pero voy a estar mejor”. Y habiendo pasado ya la mitad del mandato, viendo cómo las promesas no se cumplen y cómo ese poder adquisitivo del salario no deja de erosionarse, ya la gente dice: “Estoy mal y voy a estar peor. Estoy mal y no veo luz al final del túnel”.

Entonces, tiene un efecto que no es solamente sobre la inflación, sino sobre toda la economía en general. En un contexto en el que vos recién lo decías muy bien: los salarios caen, los comerciantes no venden, las industrias no producen, la actividad no se recompone y queda una Argentina dependiente de tres o cuatro sectores, como pueden ser la minería, el agro, el petróleo, que no son empleo-intensivos, que no permiten dinamizar la actividad, sino que están muy concentrados y que encima tienen un régimen de impuestos especiales como es el RIGI, que no implica que nada de esa riqueza quede en la Argentina, sino que es un modelo extractivista y absolutamente impopular.

Lo otro que también, para ubicarlo, sería como derrumbando mitos. El mito de “si se para la maquinita no hay inflación”, el mito de “todo aumenta porque aumenta el dólar”. Estas dos cuestiones, en este tiempo, no se fueron cumpliendo o no se están cumpliendo.

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La otra cuestión sobre el dólar barato es: ¿cuál es la referencia para decir que un dólar es barato? Porque es cierto que acá tenemos precios como en Europa, no sé si como en Estados Unidos, que me parece que está un paso más arriba en algunos rubros. Pero la pregunta es: acá los salarios, ninguno tiene un básico de 1.500 dólares en promedio, por decir un número que en Europa hacia arriba van todos los sueldos. Acá están en 500, 600, 700 en promedio. Entonces, tomando esa referencia del salario, ¿podemos decir que el dólar está atrasado?

Por un lado, la Argentina pasó de ser el salario más alto de Latinoamérica a uno de los más bajos. Eso es incontrastable, está muy explícito en los datos. Pero, por otro lado, cuando uno habla de un dólar bajo o de un dólar alto, existe lo que se llama el tipo de cambio real multilateral, que mide al peso contra una canasta de monedas, especialmente de los socios de la Argentina.

Y ahí uno se puede dar cuenta de que el dólar está incluso más apreciado de lo que estaba en 2017, en un momento previo a la corrida que vino con el macrismo, y que el dólar está a niveles de la década del 90 después de que se produzca la devaluación en Brasil.

Entonces, yo no es que tengo una posición devaluacionista, porque en general en la Argentina siempre las devaluaciones las terminaron pagando quienes menos tenían, porque esa devaluación también fue inflacionaria, porque los ingresos de los laburantes, de los jubilados, no se terminan actualizando acorde al aumento de los precios, sino que siempre van con un rezago.

Entonces, no es que yo digo “acá hay que devaluar”. Lo que digo es: ojo, porque se están gestando las condiciones para que, en un futuro más inmediato o menos inmediato, venga una corrida y eso termine desestabilizando totalmente la realidad de la mayoría de los argentinos, que ya es una realidad muy esquiva y muy adversa.

Entonces, yo lo que hago es señalar un riesgo de que este modelo es mucho más precario de lo que el gobierno nos quiere hacer creer y de que la forma de encausarlo, si se quiere, de corregir lo que puede tener el mercado por sus propios medios, puede ser todavía más nociva que si se lo hace de una manera más gradual y más ordenada.

LT