El mercado de las naftas entró en fase de definición y las refinadoras empezaron a presionar para recuperar sus márgenes. Todas las miradas apuntan a YPF, que este viernes deberá decidir si extiende el acuerdo de 45 días o si convalida un aumento en los surtidores gracias a que el precio del barril de referencia sigue sensible a los vaivenes de la guerra en Irán. Cualquiera sea la alternativa que elija, impactará de lleno en la inflación y en el plan del Gobierno de consolidar un sendero descendente de los precios luego de un mal número en marzo y abonar a la teoría de que “lo peor, ya pasó”.
Durante esta semana, la plana mayor de la petrolera estatal y los directivos de las principales refinadoras privadas mantienen reuniones para definir la hoja de ruta a partir del viernes. Pero en la industria nadie mueve una ficha sin mirar a la torre de Puerto Madero. YPF concentra el 56% del market share en el despacho de combustibles líquidos, erigiéndose en la práctica como el regulador informal de los precios. El resto del ecosistema, compuesto por Shell (19%), Axion (14%) y Puma Energy (5%), prefiere sostener una posición de wait and see (esperar y ver) antes de actualizar sus propias pizarras.
La brecha internacional y los tres escenarios en la mesa
La impaciencia crece. Fuentes del mercado petrolero aseguran que hoy existe un atraso en los precios al público que oscila entre el 15% y el 17%. Argumentan que sostener este esquema implica operar a pérdida en términos de costo de oportunidad, sobre todo si se observa la dinámica del export parity (la paridad de exportación), que hoy navega muy por encima del valor de corte en el surtidor argentino.
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Según pudo saber PERFIL en base a fuentes al tanto de las negociaciones, en la mesa de operaciones de YPF se analizan tres escenarios posibles para este viernes: mantener el acuerdo y extender el cerrojo, intentar estabilizar la plaza con un reacomodamiento a la baja forzando los márgenes, o ceder parcialmente habilitando una porción del traslado a precios para descomprimir el lobby del sector refinador.
La aritmética internacional avala el nerviosismo corporativo. Con la cotización del barril de Brent rondando los USD 107 —un salto del 67% respecto a los USD 63 que marcaba el 6 de enero—, el valor de paridad de importación supera en un 18,2% al precio que pagan los conductores en las estaciones de servicio. Para el sector privado, absorber esa diferencia dejó de ser sostenible.
Desde el 1 de abril, el precio de los combustibles en estaciones de servicio está en pausa en lo vinculado al crudo, uno de los componentes más fuertes del valor que llega a los tanques de los vehículos. Para ese entonces, la nafta y el gasoil ya habían acumulado subas de hasta un 23% en apenas treinta días y el precio de referencia era de USD 90 para el barril; un torniquete a los bolsillos que derivó en un desplome de la demanda en el interior del país.
En ese entonces, el presidente de YPF, Horacio Marín, mostró una caída del 10% en las ventas durante la segunda quincena de marzo, en comparación con el ritmo de despachos que se observaba a principios de ese mismo mes. Una señal de alerta en un consumo que es inelástico: al ser necesario, difícilmente cae.
El reloj del INDEC y la inercia del IPC Núcleo
Aparte de la demanda, este jueves el INDEC publicará el Índice de Precios al Consumidor (IPC) de abril. Los pronósticos que circulan son un optimista 2,5% y un tope del 2,8%. En cualquiera de los escenarios, el dato confirmaría una desaceleración respecto al 3,4% que sorprendió en el mes de marzo.
Sin embargo, la lupa de los analistas, y de la propia cúpula de YPF, no estará puesta sobre el número general, sino sobre la inflación núcleo (IPC Núcleo), que despeja la volatilidad estacional y los precios regulados. En marzo, ese indicador perforó la barrera y se ubicó en un 3%. Si el dato de abril confirma una inercia similar, significaría que la temperatura de los precios base sigue elevada.
En este contexto, la matriz energética juega un rol fundamental. En el sector calculan que cada 10% de aumento en los combustibles, se traslada de forma directa un 0,3% al índice general de precios.
El ministro de Economía, Luis Caputo, intentó poner paños fríos y en declaraciones públicas aseguró que la inflación de abril será sustancialmente más baja que la de marzo. Este descenso, argumentan desde el Palacio de Hacienda, es una señal clara de que el plan de estabilización funciona y apuestan fuerte al calendario: prometen que a partir de junio "se vienen los mejores meses".
Un país asimétrico: el mapa de las subas
El componente territorial, en tanto, expone las distorsiones de la matriz logística y de precios. Un relevamiento elaborado por la consultora Analytica mostró el aumento dispar que sufrieron los surtidores a lo largo del país.
El caso de mayores aumentos es el de San Juan, donde la nafta súper registró una variación del 14,9%, traccionando también a la categoría premium con un alza del 12,3%. En el sur, en Chubut la nafta súper subió un 9,4% y en Neuquén, el corazón de Vaca Muerta, trepó un 7,4%.
En el otro extremo de la tabla, las zonas fronterizas y algunas provincias del norte mostraron una contención mucho mayor. Salta registró apenas un incremento del 1,9% en la súper y del 2,1% en la premium, cifras casi calcadas a las de San Luis, que anotó un 2,0% y 2,1% respectivamente. En el medio, los grandes centros de consumo absorbieron el impacto: la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) promedió subas del 6,2% en súper y la Provincia de Buenos Aires un 6,6%.
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