Modelo productivo

Los caños hindúes en lugar de los de Techint recrean una frase de la dictadura: “Da lo mismo fabricar acero que caramelos”

A cincuenta años de Doctrinas Económicas, Desarrollo e Independencia, Marcelo Rougier y Juan Odisio revisan la vigencia del pensamiento de Marcelo Diamand frente a la importación de caños desde India y al debate sobre industria, desarrollo y restricción externa

Marcelo Rougier y Juan Odisio Foto: Collage

¿Qué diría hoy Marcelo Diamand frente a la decisión de importar caños para el gasoducto en lugar de producirlos en la Argentina? Para el economista, según reconstruyen Marcelo Rougier y Juan Odisio, la respuesta sería clara: “estaría sumamente preocupado”. En Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), ambos especialistas recuperan el pensamiento del autor de Doctrinas Económicas, Desarrollo e Independencia y advierten que la polémica entre el Gobierno y Techint reactualiza un viejo debate: si “da lo mismo producir acero que caramelos” o si, por el contrario, el desarrollo requiere una política industrial que apueste a capacidades productivas dinámicas y exportadoras.

Marcelo Rougier, es un destacado historiador argentino, reconocido como uno de los principales especialistas en historia de la industria y las empresas de Argentina durante el siglo XX. Doctor en Historia, investigador del CONICET y profesor de Historia Económica y Social Argentina en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, donde dirige el área de estudios sobre la industria argentina y latinoamericana.

Juan Odisio es investigador adjunto del CONICET en el Instituto Interdisciplinario de Economía Política. También es doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires, magíster en Historia Económica y licenciado en Economía por la misma institución. Ambos invitados recientemente han reeditado el libro Doctrinas Económicas, Desarrollo e Independencia, escrito originalmente por el ingeniero y economista Marcelo Diamand en 1973. 

¿Qué diría hoy Diamand sobre la segunda etapa del gasoducto que transporta el gas de Vaca Muerta hacia el puerto para exportación en barcos gasificadores? En lugar de utilizar caños fabricados en la Argentina por una de las pocas empresas locales con capacidad exportable, como Techint, se decidió comprarlos a una empresa hindú, con un costo 40% menor. La decisión generó polémica entre el ministro de Milei, Sturzenegger, y Paolo Rocca.

Juan Odisio: Muchas gracias por esta convocatoria a tratar de repensar un poco los problemas de la economía argentina a partir  de las ideas de este autor, a veces un poco olvidado o tratado injustamente por quien gobierna. ¿Qué diría respecto de esta situación? Estaría sumamente preocupado. Tenemos que hacer un poco un ejercicio de imaginación porque no sabemos qué es lo que diría. Un poco, a partir de sus ideas, lo que él expresaría es, que es un error grave de la económica haber adoptado ciertos principios, que ponen en un segundo plano la acumulación, el aprendizaje, la inversión de las universidades argentinas, considerando que para, Marcelo Diamand, es sinónimo de desarrollo. 

Marcelo Rougier: Otra vez, es difícil pensar qué es lo que diría, pero a la luz de la trayectoria de sus ideas, de sus aportes intelectuales, aunque elaborados en otro contexto de la economía argentina, Diamand era claramente industrialista, y estaba a favor del desarrollo de la industria nacional. De hecho, él mismo era un empresario industrial y que tuvo además una gran participación gremial, desde el punto de vista de los empresarios, en la Unión Industrial, y creó una cámara de industrias electrónicas. Entonces, era un representante muy comprometido por el desarrollo de la industria a nivel nacional. Y en particular de aquellas industrias que tenían capacidad exportadora, como es el caso de Techint

Lo que planteaba en sus ideas era esta idea de este concepto de la estructura productiva desequilibrada que tenía la Argentina, donde había un sector con alta productividad y competitivo internacionalmente, que era el agro, y un sector con menor competitividad, con menores niveles de productividad, que es el sector industrial, y, por lo tanto, tenía más problemas o tenía que sobrevivir gracias a ciertos niveles de protección. Y un poco esto es lo que se está discutiendo ahora. Él decía: “Hay segmentos del sector industrial que tienen capacidades portadoras en la medida en que haya un tipo de cambio favorable, que no esté fijado a la luz del sector de mayor productividad, o sea, a la luz del agro, de las actividades agropecuarias”.

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Entonces, en ese sentido, era clave la política económica, la definición de un tipo de cambio con tipos de cambio diferenciales, etcétera, que permitieran las exportaciones industriales y también limitaran el ingreso de determinados productos provenientes del exterior. En este sentido, me parece que en otro contexto internacional y en otro contexto, además, del desarrollo de la economía argentina, evidentemente estaría muy preocupado, porque él era en general muy crítico de las políticas ortodoxas, así como también crítico de las políticas que él denominaba populistas.

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JO: Qué pregunta difícil. Posiblemente se pueda vincular algo de lo que Trump está promocionando como su estrategia para hacer grande a los Estados Unidos otra vez, en términos de la doctrina de Diamand, a un nivel superficial o de generalidad, que tiene que ver con este absurdo y este caos que es la política arancelaria de los Estados Unidos, que más bien parece ser una política de fomento industrial.

Empezando por considerar que cualquier política que aspire a fortalecer el desarrollo industrial requiere una cierta estabilidad, calidad a mediano y largo plazo, cuando en este caso la aplicación de poner, quitar, subir, bajar los aranceles por parte de Donald Trump, más bien parece ser un capricho y que va motorizado por cuestiones más políticas.

Por otro lado, Marcelo Diamand no estaba tan a favor de un esquema industrial que estuviera asentado sobre la política arancelaria; él consideraba que eso era ineficiente, que así había comenzado la política de industrialización en Argentina, pero desde los años 60 él fuertemente venía insistiendo con la necesidad de adoptar una política más integral del desarrollo industrial, que tenía que ver con el papel de las empresas públicas, que tenía que ver con el papel del tipo de cambio, que tenía que ver con el papel de la política exterior, que tenía que ver con el papel de la política de financiamiento de las inversiones, etcétera.

Entonces podría decirse, que hay un eco un poco lejano de esa idea de que el desarrollo a largo plazo, el desarrollo sostenible, viene asociado al desarrollo de las capacidades industriales de cada país. Entonces, Trump usa algo que tiene que ver con la propia dinámica política, la pérdida del apoyo de los sectores trabajadores al Partido Republicano, etcétera. Pero lo que está haciendo tiene bastante poco que ver con lo que Diamand hubiera pensado que era una verdadera política industrial.

MR: No sé si tengo mucho para agregar a lo que señaló Juan respecto a esta pregunta. Simplemente remarcar esto: me parece que Diamand estaba, otra vez, en otro contexto de la economía argentina y de la economía mundial, en pos de impulsar el desarrollo industrial y el desarrollo de la industria nacional, y para eso se requerían determinados instrumentos y acciones de política industrial, de política estatal claros, en un lineamiento más general de largo plazo.

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Por ejemplo, él fue asesor de Aldo Ferrer durante su breve gestión en el Ministerio de Hacienda a nivel nacional, durante la presidencia de Levingston. Y de allí se propuso la idea del Compre Nacional. Entonces, la política de Compre Nacional por parte de las empresas públicas estaba destinada a fomentar a las empresas locales, como Techint, por ejemplo.

A través de los requerimientos de las empresas públicas, como YPF o como Gas del Estado,  etcétera, para impulsarlas, para desarrollarlas, para lograr que adquirieran mayor expansión y competitividad. Entonces, en ese sentido, es parte de un diseño más general, pero estamos en un contexto donde además había definiciones de planes de largo plazo, estaba atrás el CONADE, etcétera.

Entonces, quizás, en el contexto actual estaría de acuerdo con algunas de esas medidas que promovieran el desarrollo industrial o protegieran el desarrollo industrial de las empresas locales, pero no necesariamente una política proteccionista. Porque, como decía Juan, él era muy crítico de esa industrialización que había sobrevivido a la sombra de la alta protección y que, en definitiva, era ineficiente, no tenía competitividad, y la clave estaba claramente en impulsar a aquellas empresas que tuvieran capacidad exportadora,  que sean competitivas internacionalmente, porque eso estaba vinculado a la resolución del problema central de la economía argentina en ese entonces y muchos años después también, que era la restricción externa.

Es decir, él no planteaba un sistema proteccionista, sino que se apoyara el desarrollo de aquellas empresas que sí son competitivas o que sí podían ser competitivas, pero no a todas, lo que, si no entiendo mal, indicaría cierto grado de especialización de cada país, así como Australia decidió, por ejemplo, no fabricar más autos. Cierto tipo de industrias sí, aquellas en las que hubiera ventajas competitivas, las otras no. O sea, no sería que todo tenemos que fabricar todo nacional, sino que tenemos que fabricar aquello en lo cual seamos competitivos. 

JO: Justo estás señalando como un gran tema que se está debatiendo en la Argentina en los años 60, en el cual Diamand va a ser uno de las voces que participa ahí, por supuesto que no la única. Otra va a ser Aldo Ferrer, como mencionaba recién Marcelo, Di Tella. Es decir, hay todo un conjunto de autores que en los años 60, y a pesar, en contra de lo que se ha construido como una cierta leyenda negra del modelo de industrialización, de que ese modelo en los años 70 entra en un agotamiento, entra en una crisis insuperable y que, por lo tanto, era necesario transformarlo, empezar a probar otra cosa.

Desde los años 60 ya está muy claro que el rumbo que había seguido la industrialización en Argentina en las décadas previas, estaba puesto en discusión y, sobre todo, estaba puesto en búsqueda de cómo reformularlo estratégicamente para profundizar ese impulso y ese anhelo que implicaba la construcción de una Argentina con potencia industrial. En particular, Marcelo Diamand lo que él consideraba era que las ventajas comparativas, muy en el sentido de la teoría heterodoxa de los años 60, se van construyendo en el tiempo.

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Es decir, muchos de estos intelectuales, lo que estaban pensando es que las ventajas comparativas es un error considerarlas en su dimensión estática, es decir, no es de una vez y para siempre, sino que la industria va construyendo sus propias ventajas comparativas en la medida que va avanzando en su desarrollo. Diamand lo que él consideraba estratégicamente, como a mediano plazo, digamos así, era cómo hacer una política económica que aprovechara el conocimiento, el know-how, las inversiones, el capital, las empresas, la mano de obra altamente tecnificada, etcétera, que ya existía en ese contexto en la economía argentina, pero que justamente, como venimos diciendo con Marcelo, por esa política tan proteccionista, tan cerrada, que se había instaurado originalmente y que tenía que ver, a su vez, con lo que estaba sucediendo en el contexto internacional, la crisis del año 30, la Segunda Guerra Mundial, etcétera.

Entonces, Diamand, lo que él pensaba era que con un cambio relativamente sencillo de la política económica, la industria argentina podía tomar como un nuevo aire y crecer de manera más veloz y más profunda. Ahora, eso no significa que, a su vez, a largo plazo, estuviera considerando la posibilidad de desarrollar nuevos sectores. Es decir, sectores de la industria más compleja, de la industria más pesada, pero lo cierto es que Diamand lo que estaba identificando en ese contexto es que el problema era, sobre todo, de política económica. Mucho de su pensamiento gira, más allá de este sustrato que tiene que ver con una mirada estratégica sobre lo industrial, en una política económica que está enfocada o está pensada desde un lente liberal, ortodoxo, como él mismo lo denominaba, y que eso impedía incluso el aprovechamiento de lo que ya existía en ese momento.

MR: Agregaría, en esto último que él señalaba, esta dimensión política de la política económica, donde aparecía la clave, porque esto fue también una elaboración. Pensemos que Marcelo Diamand es un intelectual que era un ingeniero electrónico especializado en telecomunicaciones, pero que se va dedicando a las cuestiones económicas de manera autodidacta, con una gran sofisticación, con grandes aportes en ese clima de ideas donde participaban otros intelectuales de gran prestigio, que están discutiendo los problemas de la economía argentina.

Pero él va adosando nuevos elementos y luego va a incorporar una dimensión claramente política, ya para los años 70, que está vinculada a la idea del péndulo económico de la Argentina.  Ese péndulo que hoy también está en juego y en discusión, quizás exacerbado, él lo asociaba a esa dinámica del proceso de industrialización en la Argentina, donde había políticas que él llamaba populistas, identificadas básicamente con el peronismo, pero también con otras líneas, quizás provenientes de la CEPAL,  etcétera, y otras experiencias con políticas ortodoxas que se expresaban fundamentalmente en los contextos de restricción externa, de insuficiencia de divisas.

Entonces, buena parte de esa industrialización más protegida, etcétera, estaba asociada con esas políticas populistas. Y él era extremadamente crítico de eso, porque la posibilidad de la política expansiva popular, estaba limitada por la falta de reservas, pero también era crítico de las políticas expansivas ortodoxas, por la posibilidad de seguir endeudando a la economía argentina. Entonces, es importante marcarlo, porque él era crítico de la industrialización tal como se venía desarrollando, pero buscaba una industrialización que sea competitiva a nivel internacional,  que sea exportadora, y en una lógica absolutamente dinámica de ir incorporando nuevos segmentos. Pero para eso eran claves las definiciones de política.

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Y en esto quisiera remarcar un aspecto que me parece central de los aportes de Diamand y su visión hacia el futuro, porque él, después de la dictadura militar, que explica estas políticas más favorables a las ventajas comparativas estáticas, en algún modo, y en una lógica de endeudamiento exponencial, él dice: “Bueno, esa lógica pendular se acabó en la Argentina”. O sea, esta recurrencia de regímenes políticos más populistas, más heterodoxos, y otros ortodoxos. Ahora, esto se acabó. Y dice: “La Argentina está destinada ahora a dos alternativas: o queda condenada a una permanente recesión con consecuencias sociales y políticas que pueden llegar a límites inimaginables, para el contexto de la época, o aprende a superar la restricción externa que limita el crecimiento de la economía argentina" Y me parece que lo que sucedió claramente es esta idea de una Argentina condenada a una permanente recesión, porque la Argentina hace muchos, pero muchos años, que está en una situación de muy bajo crecimiento.

Acá aparece mencionado por los dos un concepto típico de los economistas, que es estático versus dinámico, que, en líneas generales, para el público lego en economía no resulta tan fácil comprender, pero podríamos plantearlo así. Este debate se daba cuando China no era la factoría del mundo¿Qué pasa, 50 años después, cuando China resulta la factoría del mundo, no solamente por una predisposición a la cantidad de horas de trabajo de su población, sino también por las ventajas que genera una escala de más de 1000 millones de habitantes? Ejemplo que va camino también a repetirse en el caso de India.

¿Qué pasa cuando aparecen dos países, y fundamentalmente uno que previamente, por ser su régimen comunista, no tenía ninguna capacidad competitiva industrial, pasa a ser la factoría del mundo? Y si en esa dinámica de las ventajas competitivas, las ventajas competitivas hoy se tendrían que readecuar a, por ejemplo, como plantea el gobierno de Milei, a las áreas de energía, a los minerales, además de intensificar los negocios agroindustriales.

MR: Lo que ha cambiado el mundo y entonces muchas de las prescripciones y las realidades de Diamand tienen vigencia y otras hay que repensarlas a la lógica de la nueva situación internacional y, entonces, repensar sus aportes y sus potencialidades.

En la dinámica de, primero, de todo el proceso de globalización y de la irrupción en las últimas décadas de una economía gigante como la de China ha redefinido todo el escenario internacional. Ahora bien, ¿es posible generar una economía de desarrollo y crecimiento en el marco de solo pensar en las ventajas comparativas estáticas que se tienen en el sector del agro o en el sector de la minería o en el sector de la energía? ¿Esto da potencialidades para una sociedad más inclusiva, con desarrollo social o no? ¿O solo nos vamos a transformar, otra vez, en una especie de granero del mundo, como sucedía durante el modelo agroexportador en la relación con Gran Bretaña y ahora lo haríamos eventualmente con China? Eso dependiendo de la dinámica geopolítica internacional.

Porque hay que recordar que, si bien eso generó el contexto del modelo agroexportador y esa relación basada en las exportaciones primarias, donde la Argentina tenía ventajas, también fue una situación absolutamente excepcional y que luego se desvaneció, y que además eso, en términos de frutos para el conjunto social, estaba muy distante.

La economía argentina crecía, pero había grandes capas de la población marginadas. Entonces eso es lo que hay que repensar,  ¿cómo se pueden acoplar esas ventajas que la Argentina tiene en este contexto, por la demanda internacional de China, con las posibilidades del desarrollo industrial, sin perderlo que la Argentina ha generado, aún después de haber pasado muchas décadas de no crecimiento o de crisis del sector industrial, con determinadas potencialidades existentes para el sector industrial? Y para eso es necesario definiciones de política económica, definiciones de política industrial, no solo quedar a merced de la dinámica internacional.

JO: Encierra una discusión de dos siglos de teoría económica, en esto que planteabas al principio de la discusión sobre qué son finalmente las ventajas comparativas. Hay esta idea de que lo más eficiente, lo más lógico para un país es dedicarse a producir lo que hace mejor. Si tuviéramos que definirlo de la manera más llana y sensible, sería eso: un país, en qué gasta sus recursos, debe especializarse en lo que es más productivo.

Ahora, una cuestión que se ha discutido mucho a partir de esa idea, que nace originalmente en 1821 con David Ricardo, el economista inglés, es si esas ventajas comparativas, cuando decimos si son estáticas, es que no cambian a lo largo del tiempo, es decir, están definidas de una vez y para siempre, o si son dinámicas y, por lo tanto, las capacidades estratégicas que tiene una economía para competir internacionalmente se van creando en el propio desarrollo de sus distintos sectores.

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Entonces, lo que dice la teoría dominante, la teoría liberal, la teoría neoclásica, es que es irrelevante en qué uno se especialice, en qué sector, ya sea en producir soja o en producir reactores nucleares. Uno simplemente tiene que fijarse en su macroeconomía, qué es lo más eficiente, y dedicarse a ese sector. Eso es lo más eficiente, es lo mejor para su población. De hecho, está esta frase que se hizo muy famosa al inicio de la última dictadura militar, cuando el secretario de Comercio de Martínez de Hoz decía que era indiferente para la Argentina producir acero que producir caramelos. Quedó como una frase que caracterizó un poco esa mirada que, como decía Marcelo, estaba muy inspirada por los cambios ideológicos que estaban sucediendo en ese momento.

Ahora, desde una perspectiva más compleja, podemos asumir, que no es lo mismo producir acero que producir caramelos. Porque el sector industrial, en particular, tiene varios objetivos que cumplir. En particular yo creo que la industria, hay que definir, que para que un país pueda ser desarrollado y garantizar un gran bienestar para su población, necesita resolver el problema del sector externo, esta idea de la restricción externa que mencionaba Marcelo hace un rato, y eso, no alcanza solamente con el sector primario en la Argentina. Entonces es necesario tener una industria que exporte, como lo es Techint.

Por un segundo punto, necesitamos garantizar condiciones de pleno empleo, de buenos salarios, de derechos laborales, y por lo general los mejores empleadores, las mejores condiciones de trabajo, se encuentran asociadas al sector manufacturero. De vuelta, volvemos a Ferrer,  que decía: “¿Podemos enfocarnos y ser un país primario? ¿Especializarnos simplemente en la producción del campo?” Sí, sí podemos. El problema es que tenemos que pensar qué hacemos con la otra mitad del país que no va a tener trabajo.

Entonces, el primer objetivo que deberíamos tener presente es la restricción externa. Segundo objetivo,  dar empleo de calidad para la clase trabajadora. Y finalmente, la acumulación de conocimientos tecnológicos en el mundo moderno va muy asociada con la potencia que tiene el sector industrial. Entonces, si queremos completar los tres casilleros, tener en cuenta que Argentina puede tener desarrollos positivos en cada una de esas áreas, pensar en el desarrollo global es ineludible. Esto es lo que tenían claro los economistas de los 60, Marcelo Diamand en particular.