"Soy kuka": un acusado de lavado reconoció ante los jueces cómo sus organizaciones recibían fondos del Estado
Fernando Ayala declaró durante casi una hora ante la Justicia Federal en Chaco. Habló de su militancia kirchnerista, explicó cómo las organizaciones recibían dinero estatal y responsabilizó al contador Walter Pasko por las irregularidades: “Este tipo me arruinó”.
“Tengo que admitir: tengo militancia política, soy kuka”. La frase fue una de las más particulares de la extensa declaración que Fernando Adrián Ayala brindó ante el Tribunal Oral Federal de Resistencia, donde es juzgado junto a otros imputados por una presunta estructura dedicada a utilizar facturas apócrifas, cooperativas, fundaciones y sociedades para canalizar fondos públicos en Chaco.
Ayala habló durante casi una hora en una nueva audiencia del juicio conocido localmente como la causa de las “facturas truchas”. La investigación analiza operaciones realizadas principalmente entre 2019 y 2023 y tiene entre sus principales acusados al propio Ayala y al contador Walter Antonio Pasko, a quienes la Fiscalía ubica entre los organizadores del supuesto esquema.
Sin embargo, Ayala utilizó buena parte de su declaración para intentar invertir esa hipótesis. Reconoció su participación en numerosas organizaciones sociales, explicó cómo ingresaba el dinero del Estado para financiar obras y admitió haber entregado sus claves fiscales, pero sostuvo que era Pasko quien manejaba la facturación y las cuestiones contables. “Walter no te consulta, él ejecuta”, afirmó.
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“Cobré planes sociales, no me da vergüenza”
Ayala comenzó a declarar a las 18.39 del lunes. Se mostró nervioso y pidió seguir una guía que había preparado previamente. “Tengo tanto para decir en tan poco tiempo”, dijo antes de reconstruir su trayectoria personal. Uno de sus primeros objetivos fue explicar que su actividad económica era anterior a la aparición de Pasko. “Yo trabajo desde los 13, no desde 2022 ni desde que conocí a Pasko”, aseguró.
También puso sobre la mesa su historia política. “Tengo militancia política, soy kuka”, señaló ante los jueces. Y agregó: “Cobré planes sociales, no me da vergüenza decirlo”.
Ayala reivindicó el crecimiento de cooperativas, fundaciones y organizaciones sociales durante los gobiernos kirchneristas, al considerar que esos instrumentos permitieron que sectores sin una estructura empresarial tradicional pudieran acceder a trabajos financiados por el Estado. “Néstor Kirchner fue el que impulsó las organizaciones sociales, había que generar trabajo”, sostuvo.
Según su explicación, constituir una cooperativa o una fundación era prácticamente indispensable para participar de programas destinados a la construcción de viviendas, veredas, baños y otras intervenciones en barrios populares.
Ese fue también su argumento para justificar por qué su nombre, el de su esposa y el de otras personas de su entorno aparecían relacionados con numerosas personas jurídicas que actualmente están bajo análisis judicial.
El 90% de los fondos, de un organismo provincial
Uno de los tramos más relevantes de su declaración estuvo dedicado al Instituto de Agricultura Familiar y Economía Popular (IAFEP), un organismo del Gobierno chaqueño posteriormente disuelto y que ocupa un lugar central dentro del expediente.
Ayala calculó que alrededor del 90% del dinero público recibido por las organizaciones con las que trabajaba provenía del IAFEP. Según describió ante el Tribunal, el circuito comenzaba con un relevamiento de las necesidades existentes en un barrio. Las organizaciones presentaban proyectos para construir viviendas, baños, veredas u otras obras y era el organismo estatal el que determinaba qué cantidad podía financiar.
Negó que los recursos fueran entregados sin controles. Explicó que inicialmente se desembolsaba alrededor de un 30% como anticipo, utilizado para materiales y comienzo de obra. Luego se realizaban mediciones, verificaciones técnicas y certificaciones antes de liberar nuevos pagos. “No era que la Provincia te daba diez millones de pesos, andá a construir y vos te comprabas una camioneta”, afirmó.
El planteo buscó atacar uno de los puntos centrales de la acusación. Ayala sostuvo que, si las obras eran inspeccionadas y certificadas por distintas dependencias estatales antes de cada desembolso, resultaba difícil, según su razonamiento, sostener que todo el circuito fuera ficticio.
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La Fiscalía, sin embargo, investiga justamente si detrás de determinadas organizaciones y empresas se generó facturación sin respaldo suficiente o incompatible con su verdadera capacidad operativa, y si esos comprobantes permitieron mover grandes sumas provenientes de organismos estatales.
Pasko, en el centro de su defensa
Cuando comenzó a hablar específicamente de Walter Pasko, el tono de Ayala cambió. Contó que había tenido otros contadores y que llegó a Pasko aproximadamente entre 2017 y 2018, cuando dentro del ambiente de cooperativas y organizaciones sociales circulaba su nombre como el de un profesional capaz de solucionar rápidamente problemas fiscales y administrativos.
“Me siento el tipo más boludo de la Tierra. Te envuelve tan bien, te hace sentir amigo, te hace sentir una persona de confianza”, declaró. Según Ayala, ante cualquier inconveniente Pasko prometía resolverlo. “Vos le decías ‘me llegó una carta’ y te decía ‘yo te soluciono’”, recordó.
El acusado admitió haberle entregado sus claves fiscales y aseguró que el contador tenía autonomía para realizar presentaciones y emitir comprobantes. “Walter no te consulta, él ejecuta”, insistió.
También relató que pagaba mensualmente por cada fundación administrada desde el estudio contable y que cuando intentaba discutir alguna operación Pasko le respondía: “¿Quién es el contador, vos o yo?”.
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Deudas por más de $100 millones
Ayala sostuvo que recién después de romper con Pasko y contratar a otra profesional comenzó a conocer lo que definió como el verdadero estado fiscal de las entidades. Dijo haber encontrado balances sin presentar, trámites pendientes y deudas millonarias. Durante su declaración mencionó compromisos que superarían los $100 millones, aunque aclaró que no conoce actualmente el monto preciso.
Con ese dato intentó cuestionar la lógica económica de la acusación. “¿En serio creen que yo puedo formar una asociación donde genero deuda, no gano un peso y me matan comercialmente? ¿Dónde está el negocio?”, preguntó ante los jueces.
También admitió haber integrado una sociedad junto a Pasko, pero aseguró que lo hizo como un favor y por pedido del contador. Negó saber que pudiera haber sido utilizada para generar facturación.
“Este tipo me arruinó”
El momento de mayor dureza llegó cuando Ayala recordó los allanamientos de diciembre de 2022, momento que describió como el comienzo de una “pesadilla”. “Comercialmente me mataron, socialmente me mataron”, sostuvo.
También reconstruyó un episodio que ya había aparecido en el expediente: la vez que golpeó a Pasko. Según su versión, después de los procedimientos judiciales vio al contador llegar a un local que tenía sobre la avenida Sarmiento, en Resistencia, y reaccionó.
“Pasko bajó como si nada, es un caradura, se ríe. Me fui y le tiré una trompada. El señor que se ríe se fue corriendo. No fue por diferencias contables ni por plata: este tipo me arruinó”, declaró.
Durante otros pasajes calificó al contador como una “basura” y aseguró que “nos cagó la vida a diez personas”. Ayala intentó así marcar una división entre los acusados. De un lado ubicó a familiares y personas cercanas a Pasko; del otro, a quienes, como él, se definieron simplemente como clientes del estudio contable y sostienen haber desconocido las operaciones cuestionadas.
Cómo explicó su patrimonio
Otro frente de la acusación que Ayala intentó responder fue el relacionado con su crecimiento patrimonial. El expediente analiza, entre otros bienes, vehículos, camionetas, un departamento y teléfonos celulares de alta gama.
Ayala aseguró que el departamento fue comprado en cuotas y realizó una cronología de los vehículos que tuvo durante más de dos décadas. Explicó que comenzó con autos usados y una motocicleta y sostuvo que recién en 2015 pudo comprar, junto a su esposa, su primer cero kilómetro. Los vehículos posteriores, afirmó, fueron adquiridos mediante planes de ahorro y renovaciones sucesivas.
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También aplicó una explicación similar a los celulares: aseguró que renovaban periódicamente los equipos, entregaban los anteriores a sus hijos o los vendían y utilizaban ese dinero para comprar nuevos modelos. Negó además que sus viajes a Brasil y Paraguay estuvieran relacionados con movimientos de dinero. Sostuvo que viajaba para comprar insumos destinados a la peluquería de su esposa aprovechando precios más bajos.
La cárcel y un pedido ante los jueces
Hacia el final de su declaración, Ayala habló de su paso por la Unidad Penal Federal N°7 de Resistencia, donde estuvo detenido durante la investigación. “No saben la pesadilla que es estar en la U7”, expresó.
Contó que estuvo presente durante un motín y sostuvo que actualmente su situación económica es muy diferente de la que, según dijo, se construyó alrededor suyo durante la causa. Aseguró tener deudas, dificultades comerciales y hasta expensas impagas de su departamento. Su esposa, presente en la sala, lloró durante algunos tramos del relato.
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“Tengo una sola prioridad: que me juzguen y que se termine esto”, afirmó Ayala. También hizo una autocrítica por haber depositado toda su confianza en Pasko: “Por idiota, por estúpido, yo mismo me culpo”.
Después de una extensa exposición libre aceptó responder preguntas de las partes. “Si quieren preguntar, tiren, porque el que nada debe nada teme”, desafió antes de comenzar el interrogatorio.
La declaración dejó expuesta con claridad la estrategia que Ayala llevará al resto del debate: admite haber manejado organizaciones que recibían dinero estatal y reconoce que entregó a Pasko acceso a información fiscal, pero niega haber participado de una estructura destinada a fabricar facturas falsas.
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