Censura y omisión: una mirada sobre la dictadura
La cultura audiovisual argentina también fue víctima del terror durante el último golpe de estado en 1976. Algunos protagonistas debieron irse del país, pero otros se quedaron y adaptaron sus contenidos a las circunstancias. Qué productos se adueñaron de las pantallas.
El 24 de marzo de 1976 fue el comienzo de una época oscura en la historia Argentina, un largo acto dejando a miles de personas muertas y desaparecidas. A 50 años del golpe vale recordar para las generaciones actuales y venideras el terror ejercido en los medios como la televisión y el cine. La omisión por parte de la sociedad también fue producto de eso.
Hay dos posibles caminos para hacer pensar una mirada sobre el audiovisual en la dictadura cívico militar. Por un lado está lo que generó a partir de su fin, y por otra parte lo que se produjo dentro de su período. Iremos por este último período. La TV argentina cumplió un cuarto de siglo en 1976. El contexto a nivel global era la paleotelevisión, término acuñado por el investigador y semiólogo Umberto Eco.
Ese concepto difundido en ámbitos académicos, sobre todo en los estudios de comunicación, refiere a una televisión primeriza; en líneas generales entretenimiento e información. Luego en la década del ´80 surgiría la neotelevisión, con la llegada del cable y otro tratamiento de la información.
La imagen de ese marzo histórico era en blanco y negro, porque la tecnología recién vería el color de la mano de la legendaria Pinky, la 'Señora Televisión'"
Cuatro canales eran los dueños de la pantalla chica al comienzo de la dictadura. Los argentinos concentraban su atención en Canal 7 (el primero, nacido el 17 de octubre de 1951), 9, 11 y 13; estos últimos surgidos en los ´60 y con capitales privados. La imagen de ese marzo histórico era en blanco y negro, porque la tecnología recién vería el color de la mano de la legendaria Pinky, la “Señora Televisión”, el 1° de mayo 1980. La bandera nacional fueron nuestros primeros colores.
Jorge Porcel, Alberto Olmedo, Juan Carlos Altavista, Palito Ortega y Carlos Balá: clásicos del cine durante los años de plomo.
Los militares tomaron el control del país por la madrugada de ese 24 de marzo y con eso vinieron muchos cambios. Afortunadamente hay memoria, registros y estudios. Estamos en el aire, libro de Carlos Ulanovsky, Silvia Itkin y Pablo Sirvén trata la historia de la televisión argentina. Como cada capítulo, 1976 ofrece varios datos y no es uno más. La investigación señala que “al mes del golpe militar las autoridades han cambiado, en el 13 manda el capitán de navío Carmelo Agote; en el 11 se designa al teniente coronel Adolfo Pietronave y al 9 se envía al teniente coronel Roberto Jesús González”.
Los medios de comunicación fueron intervenidos y los contenidos quedaron bajo la supervisión del Estado. Artistas, directores y tantos otros fueron prohibidos, como la actriz y cantante Marilina Ross. Entonces, el miedo. La censura, la supresión, las listas, qué puede emitirse y qué no se instalan en esos días. Y quienes mandan utilizan el medio para difundir publicidad con tonos de propaganda política (tampoco esto cambió mucho con los años). Pese a todo, la televisión y el cine no mueren. Se adaptan o asumen consecuencias. Autores como Leopoldo Torre Nilson son censurado por su película Piedra libre. Como él, otros referentes de la cultura como Nacha Guevara, Norma Aleando o Luis Brandoni deben exiliarse.
Piedra libre para Torre Nilsson, el director de cine más taquillero de los años '70
Ahora nos anclamos en 1978, donde los mismos tiempos gritan, hay euforia deportiva. La narrativa es social, política y estatal y el mundo nos está mirando. En términos deportivos Argentina fue campeona del mundo en su propia tierra, con muchas discusiones alrededor del evento. La televisión se encargó de transmitir los partidos, concentrando el rating en niveles altísimos, típicos en tiempos de la Copa del Mundo.
Al mismo tiempo, estos productos culturales son disparadores de otros. La fiesta de todos, película dirigida por Sergio Renán es un ejemplo (audiovisual disponible actualmente en la plataforma Youtube).
El relato muestra la algarabía de los argentinos, viviendo sus días de gloria. O casi todos los argentinos. El argumento mezcla escenas de ficción con fragmentos de partidos relevantes dentro de la competencia deportiva. Un personaje dice en un momento: “Este es uno de esos momentos en que no se puede vivir en soledad, nadie podía ir a la cancha solo o podía estar solo frente a un televisor. Era un momento que todos queríamos vivir juntos, bueno, casi todos”.
Los partidos en color fueron transmitidos para el extranjero, aquí en blanco y negro"
No es intencional sacar de contexto el diálogo, pero algo de eso hay. El plano siguiente tiene a otros personajes, festejando mientras flamean la blanca- celeste y el sol. La historia funciona como un espejo, reflejo de la sociedad, que veía y no veía a la vez. Dada la técnica, los partidos en color fueron transmitidos para el extranjero, aquí en blanco y negro; vaya paradoja. A casi 50 años, ese material es un archivo antropológico. Pinta tu aldea y pintarás el mundo, dijo alguien alguna vez.
El contexto además de imponer censura, habilitaba trabajar otros temas. Mucho de ese contenido cinematográfico tiene que ver con comedias, realizadas con un humor que hoy es complejo de imitar o conceptos familiares.
Se pueden citar las clásicas de "Porcel y Olmedo": Basta de mujeres (1977), Mi mujer no es mi señora (1978), Fotógrafo de señoras (1978), El Rey de los exhortos (1979). Así no hay cama que aguante (1980), etc. Las de Palito Ortega: Dos locos en el aire (1976), Brigada en acción (1977), El tío Disparate (1978), Amigos para la aventura (1978), Las locuras del profesor (1979), Vivir con alegría (1979), ¡Qué linda es mi familia! (1980), O las de Enrique Carreras: Así es la vida (1977), La mamá de la novia (1978), Cuatro pícaros bomberos (1979), Las locuras del profesor (1979),
Luis Sandrini, Juan Carlos Altavista con su Minguito, Carlitos Balá, entre otros fueron actores recurrentes y entrañables. Son ejemplos que están dentro de una época, pero eso no significa ser parte de la narrativa estatal. Eran elecciones sobre qué contar y qué no. Hoy permiten pensar los temas, los tiempos, siendo nuestro acervo cultural, indiscutiblemente.
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El 24 de marzo de 2026, hagamos una actividad didáctica, actual y con fines históricos. Usted, lector, vaya a la plataforma “Youtube”. En el buscador escriba lo siguiente: 24 de marzo de 1976. Teclee. Espere (dependerá de la agilidad de su señal) ¿El algoritmo qué le trajo? ¿Qué apareció? En el caso de quien suscribe hay un fragmento audiovisual de Canal Encuentro, titulado En la calle, la historia: 24 de marzo, subido ya hace un tiempo.
Son acciones cotidianas. La descripción general podría ser así: los militares están en las calles con sus armas. Autos y coches van y vienen. Las personas caminan y las cámaras registran. Son dos imágenes en una misma: la de la calle y la del medio. Una voz en off explica. Esa misma fecha se probó con otra cuenta de correo, vinculada a la misma plataforma. La opción fue otra en esta oportunidad un video cuya cuenta se llama Los herederos de Alberdi. Reflexione sobre qué contenido aparece en su caso.
Abordar siete años de dictadura militar medio siglo después en un par de párrafos es una mirada sesgada. Sí. Pero por suerte, el sesgo está permitido. Nos queda la memoria audiovisual, en un marco ya fuera de la “ciber televisión”, carente de nombre y de identidad hoy. Esperemos que el bello futuro por delante no haga del algoritmo una dictadura. Que “el qué” decir sea visto por todos. Todos.
(*) Luis Laffargue es periodista, crítico cinematográfico, autor de “El dedal”, Mg. Comunicación Audiovisual
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