OPINIóN

Corrupción sin colchón: por qué el caso $Libra llega en el peor momento para el gobierno

La confianza, a diferencia de la aprobación de gestión, es difícil de recuperar con un anuncio o un discurso. Se construye lento y se pierde rápido.

Javier Milei, acompañado del jefe de Gabinete Manuel Adorni
Javier Milei, acompañado del jefe de Gabinete Manuel Adorni | Juan Mabromata - AFP

La última encuesta nacional de QSocial trajo una señal que el oficialismo no puede ignorar: la aprobación de la gestión de Javier Milei cayó por segundo mes consecutivo y se ubica en el 45%, volviendo a tener más rechazo (53%) que aceptación. No es un desplome, pero sí el posible inicio de una tendencia. Y las tendencias, en política, importan más que las fotos.

El dato llega en simultáneo con nuevas revelaciones del caso Libra. La coincidencia no es menor. Vale entonces preguntarse algo que a menudo se soslaya en el análisis cotidiano: ¿cuánto impactan, si es que impactan, los presuntos hechos de corrupción sobre la valoración de un gobierno?

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Lo que muestran los números propios

Antes de responder esa pregunta, vale repasar qué está registrando nuestro monitor de opinión pública.

Desde las elecciones de medio término del año pasado, un 60% promedio de los argentinos considera que la mayoría de los funcionarios del gobierno son corruptos. No es una percepción nueva ni exclusiva de este gobierno, claro. La corrupción es una de las manchas originales de la política argentina y cualquier administración arrastra cierto nivel de desconfianza estructural. Pero el número no es trivial: seis de cada diez ciudadanos ya tienen esa lectura instalada.

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Más llamativo aún es lo que ocurre con la imagen de Milei específicamente. En los primeros dos meses del año, el porcentaje de argentinos que cree que el presidente es una persona honesta cayó cinco puntos, pasando del 49% al 44%. Para un líder que hizo de su imagen de "outsider incorruptible anti casta" uno de sus activos políticos centrales, esa es una erosión que merece atención.

A esto se suma lo que registra nuestro Índice de Vínculo Afectivo -una métrica que busca capturar el grado de conexión personal, empatía, confianza y percepción de liderazgo que los ciudadanos proyectan sobre una figura política-, que se ubica en 4,7 sobre 10. Entre sus subíndices, el de confianza es uno de los que más retrocedió de un mes al otro. La confianza, a diferencia de la aprobación de gestión, es difícil de recuperar con un anuncio o un discurso. Se construye lento y se pierde rápido.

La pregunta que se viene

¿Hasta dónde pueden llegar a impactar el caso Libra y otros episodios más pequeños pero con resonancia mediática -como el viaje de la esposa del vocero Manuel Adorni en el avión presidencial- sobre el apoyo al gobierno?

La respuesta honesta es que todavía no lo sabemos del todo. El devenir de los próximos días dirá mucho sobre si estas historias se instalan o se diluyen en el ruido. Pero sí hay un marco analítico que la evidencia académica internacional ofrece, y que conviene tener presente.

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Múltiples investigaciones comparadas demuestran que el impacto político de la corrupción no opera en el vacío: está condicionado por el estado de la economía. Cuando una gestión genera crecimiento, empleo y mejora del bienestar, los votantes tienden a hacer una especie de balance costo-beneficio. En términos simples: si me está yendo bien económicamente, estoy más dispuesto a tolerar los “costos”. La corrupción existe, pero queda subordinada al resultado. En cambio, cuando la economía marcha mal, ese colchón desaparece. El ciudadano ya no tiene razones para "bancar" al gobierno y los escándalos adquieren una dimensión política mucho mayor.

La pregunta que se impone, entonces, es directa: ¿cómo marcha la economía argentina hoy en la percepción ciudadana?

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El colchón que no está

Los datos son contundentes y merecen leerse juntos. Un abrumador 69% de los argentinos percibe que los precios aumentaron "mucho" o "bastante" en el último mes. El 74% tuvo que recortar gastos para llegar a fin de mes. El desplome del consumo es visible en los detalles más cotidianos: el 66% no compró ropa ni calzado en el último mes y el 86% no adquirió electrodomésticos. Los indicadores de humor económico registran además una caída en este último período.

El corolario de todo esto es quizás el número más duro del monitor: el 54% de los argentinos considera que desde que asumió Milei no ve ninguna mejora ni en la economía del país ni en la propia. Es el segundo valor más alto de toda la serie y representa un salto de seis puntos respecto a treinta días atrás. Solo un 8% registra mejoras en su bolsillo y un 33% (10 puntos menos que en enero) ve mejoras en el país pero no en su día a día.

Dicho de otra manera: el colchón que amortigua el impacto político de la corrupción -es decir, la percepción de que la economía va bien- no está. O al menos no está lo suficientemente presente en la experiencia concreta de la mayoría de los argentinos.

La convergencia que preocupa

Aquí está el nudo del problema para el gobierno. El caso Libra y el episodio del avión presidencial no son, en sí mismos, lo que hundiría el apoyo de cualquier gestión. Lo que sí puede ser políticamente costoso es la convergencia entre una economía que no llega al bolsillo de la mayoría, una imagen de honestidad presidencial en caída y nuevos episodios que alimentan la percepción de que el poder se maneja con privilegios.

Ninguno de esos tres elementos, por separado, resulta determinante. Los tres juntos, sostenidos en el tiempo, sí pueden serlo.

El gobierno tiene herramientas para administrar el impacto: la comunicación, la agenda, el timing con el que los temas escalan o se diluyen. Pero la variable que más importará en los próximos meses no está en la Casa Rosada ni en los medios: está en si la economía empieza a traducirse en alivio real para los hogares argentinos.

Si eso ocurre, el margen para absorber turbulencias como el caso Libra crece. Si no ocurre, cada nuevo episodio podrá ser difícil de asimilar para el gobierno.

Lucas Klobovs es director de opinión pública de Qsocial big data