Durante más de una década, los bancos en Argentina dejaron de hacer banca. El negocio no fue prestar, sino arbitrar: financiar al Tesoro y capturar tasas en un sistema donde la inflación hacía el trabajo sucio.
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Ese esquema terminó. Hoy el sistema vuelve, de golpe, a su lógica clásica: prestar al sector privado y evaluar riesgo real. Y ante el aumento de la morosidad, surge una pregunta incómoda: ¿los bancos saben prestar en un entorno normal?

La transición expone tres frentes críticos:
1) Fin del efecto "anestesia": Sin inflación alta, desaparece el principal amortiguador del sistema. La licuación de pasivos ya no corrige errores. El crédito deja de ser un problema nominal y pasa a ser un problema de solvencia real.
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2) El consumo como punto débil: Gran parte del crédito reciente fue al consumo bajo expectativas de estabilización. En un contexto de ingresos tensionados y ajuste en los hogares, ese modelo choca rápidamente contra sus límites.
3) Riesgo bancario versus riesgo macro: La mora puede no ser solo un error financiero, sino la señal temprana de que la economía real todavía no logró recuperarse.
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El sistema bancario enfrenta un proceso de reaprendizaje. Volver a prestar implica discriminar riesgo con precisión, pero la pregunta de fondo cambia ¿Está la economía en condiciones de sostener el nivel de crédito que se intenta construir?
En esta nueva etapa, el crédito ya no se licúa y el riesgo ya no se esconde.
La diferencia es que ahora los errores no se corrigen con inflación, se transforman en mora.
(*) Economista y CEO e BDI Consultora de Inversiones.