Glaciares argentinos: la trampa de los Andes
“Cuando en la Argentina se discute la Ley de Glaciares, no se está discutiendo solamente una norma ambiental. Se está discutiendo cómo un país decide relacionarse con su territorio más poderoso”, dice el autor. Y señala porqué es un error ver a Los Andes como “un santuario intocable o un depósito de recursos”.
La Cordillera de Los Andes no es solo una geografía. Es una presencia. Un muro de piedra y nieve que atraviesa el continente y que, desde siempre, ha marcado el carácter de quienes viven a sus pies. Allí nacen ríos que cruzan desiertos. Allí se acumula el hielo que regula el agua de vastas regiones del país. Y allí, también, en las entrañas profundas de esa misma cordillera, se encuentran algunos de los recursos minerales más importantes del planeta.
Por eso, cuando en la Argentina se discute la Ley de Glaciares, no se está discutiendo solamente una norma ambiental. Se está discutiendo cómo un país decide relacionarse con su territorio más poderoso.
La ley sancionada en 2010 tuvo un objetivo claro y necesario: proteger los glaciares como reservas estratégicas de agua dulce. En una nación donde amplias zonas cordilleranas son áridas o semiáridas, cuidar esas reservas es una decisión elemental.
Sin embargo, con el paso de los años apareció una tensión inevitable. La definición del llamado “ambiente periglacial”, pensada para proteger zonas vinculadas al funcionamiento de los glaciares, terminó extendiéndose sobre enormes sectores de alta montaña donde no existe hielo permanente ni sistemas hídricos críticos.
Así, en nombre de la protección de los glaciares, vastas regiones de la cordillera quedaron envueltas en una zona de incertidumbre. Lugares donde la naturaleza no es un glaciar, pero tampoco queda claro si el desarrollo humano puede avanzar, más bien, pareciera casi seguro que allí, la minería sería la única actividad posible.
Y la incertidumbre, en territorios que requieren décadas de exploración, inversión y planificación, termina siendo una frontera invisible. Una frontera que no aparece en los mapas.
La reforma de glaciares pondría en riesgo el acuerdo UE-Mercosur
Si la modificación de la ley logra ajustar definiciones y reducir ambigüedad, el impacto podría ser profundo. No se trata de abrir indiscriminadamente la cordillera. Los glaciares seguirán siendo reservas intocables de agua y deben seguir siéndolo. Pero sí se trata de distinguir con precisión científica qué territorios cumplen realmente funciones glaciares y cuáles forman parte de una geografía de alta montaña donde el desarrollo productivo puede convivir con estándares ambientales rigurosos.
En ese escenario, el potencial minero argentino podría desplegarse con mayor claridad.
En la cordillera sanjuanina, proyectos de cobre de escala global como Josemaría Project o Los Azules reflejan una nueva generación de desarrollos capaces de colocar a la Argentina entre los grandes productores de minerales estratégicos.
Más al norte, en la cordillera de Catamarca, el enorme sistema de cobre representado por MARA Project muestra el tipo de proyecto que podría convertirse en uno de los pilares de la economía minera del país en las próximas décadas.
En términos institucionales, el proyecto de modificación de la ley ya obtuvo media sanción en el Senado de la Nación y actualmente se encuentra en tratamiento en la Cámara de Diputados. Allí deberá atravesar el debate en comisiones antes de eventualmente llegar al recinto.
Si la Cámara baja lo aprueba sin cambios, la reforma quedará sancionada; si se introducen modificaciones, el texto deberá regresar al Senado para su revisión. Pero más allá de su recorrido legislativo, la discusión revela algo más profundo. Durante demasiado tiempo la conversación pública argentina quedó atrapada entre dos miradas simplificadoras: considerar la cordillera como un santuario intocable o verla únicamente como un depósito de recursos.
La realidad es mucho más compleja.
La cordillera es ambas cosas al mismo tiempo. Es una reserva ambiental que exige cuidado y conocimiento. Y es también un territorio de enorme potencial minero, capaz de generar desarrollo, trabajo e infraestructura en regiones que históricamente vivieron aisladas.
Las naciones que prosperan no renuncian a su geografía. Aprenden a comprenderla. Y comprender la cordillera implica aceptar una verdad simple y poderosa: el agua que nace en sus glaciares y los minerales que descansan en sus entrañas forman parte del mismo sistema natural.
El desafío de Argentina no es elegir entre uno u otro. El verdadero desafío es estar a la altura de su cordillera.
*Geólogo argentino especializado en exploración minera; ex Geólogo Principal en proyectos de oro y plata en el Macizo del Deseado (Santa Cruz); participa activamente en iniciativas para una minería sustentable en Argentina.
También te puede interesar
-
Cuando el castigo es venganza
-
El mito de la inmigración: la precariedad económica como verdadero motor del populismo
-
Gran Hermano y el “contenido”, lo único que importa
-
Nadie es adictivo sin un espectador dispuesto
-
Del subsidio a la competitividad: la era del darwinismo empresarial en la Argentina
-
Semanas que parecen décadas
-
Algo más a no imitar de EE.UU.
-
Buenos Aires: sin piloto y sin destino
-
El Tratado de Libre Comercio entre Chile y Estados Unidos rige desde hace 22 años