El Papa Francisco lo advirtió

La globalización tecnocrática sepulta el orden mundial que nació en 1945

“La libertad en la que cree Thiel es la de los mercados, en la que la justicia social es un impedimento a la acumulación del poder sin límites basado en sistemas de incorporación de datos, gestión algorítmica e ingeniería y vigilancia social”, sostiene el autor. Por qué la cultura es lo único que podría contener ese paradigma.

Donald Trump y Peter Thiel Foto: Collage

“I no longer believe that freedom and democracy are compatible” (Peter Thiel)

El multimillonario tecnológico y estratega de la anarco-tecnocracia Peter Thiel manifiesta su desprecio por la democracia y augura el triunfo de la lógica tecnocrática por sobre los actuales sistemas de representación de la voluntad popular. 

En un documento publicado en 2009 (The Education of a Libertarian), Thiel expresa claramente el pensamiento del selecto grupo de poderosos empresarios (Marc Andreesseen, Mark Zuckerberg, Elon Musk) que, según afirma Jonathan Taplin en su libro El Fin de la Realidad (The End of Reality) "quieren dominar al mundo". 

Peter Thiel es una figura arquetípica de este conjunto de tecnócratas que ha crecido política y económicamente desde el Silicon Valley. Un cuarto de siglo atrás, Thiel fundó Paypal, la empresa que inicia la era del poder financiero de las plataformas. Posteriormente, se convirtió en inversor principal  y director de Facebook. En 2003 funda Palantir, una de las empresas más importantes del complejo tecnológico-militar norteamericano, especialista en big data, inteligencia artificial y vigilancia.

“Ya no creo que la libertad y la democracia sean compatibles” afirma Thiel con absoluta convicción. Los hechos parecerían darle la razón a este dios berreta, cuyo poder e influencia crecen alimentados por la ignorancia, la inadvertencia o la indiferencia de muchos.  

La “libertad” en la que cree Thiel es la libertad de mercados, en la que la justicia social es un impedimento a la acumulación de un poder sin límites basado en sistemas de incorporación de datos, gestión algorítmica e ingeniería y vigilancia social. Un poder que ese grupo tiene en sus manos y que maneja a nivel global.

Thiel entiende a la libertad como el derecho de unos pocos poderosos e impunes desarrolladores de un modelo global que -como el huevo de la serpiente que Shakespeare simboliza- crece dentro de un Nuevo Orden signado por el ocaso de la organización diseñada en 1945 por los vencedores de la Segunda Guerra Mundial y el de su obligada consecuencia, la globalización financiera. 

Thiel fundó Paypal, la empresa que inicia la era del poder financiero de las plataformas; se convirtió en inversor principal y director de Facebook y creó Palantir, el complejotecnológico-militar norteamericano, especialista en big data, inteligencia artificial y vigilancia"

Un Nuevo Orden que finge demencia ante las señales de destrucción planetaria, sacrifica los elementales derechos de nuestra especie, la salud, la educación y cercena la posibilidad de trabajar dignamente por una vida mejor.

Mientras el Nuevo Orden intenta imponer la supremacía imperial sobre la soberanía de las naciones y los pueblos, la Globalización Tecnocrática crece en el seno. No forma parte del Nuevo Orden, pero lo acompaña porqué considera que el agostamiento de soberanías de imperios y naciones, conducirá al triunfo definitivo del Paradigma Tecnocrático.

El Papa Francisco nos advirtió de los riesgos que implicaba el crecimiento del paradigma tecnocrático una década atrás en la Encíclica Laudato Si: “el paradigma tecnocrático también tiende a ejercer su dominio sobre la economía y la política. La economía asume todo desarrollo tecnológico en función del rédito, sin prestar atención a eventuales consecuencias negativas para el ser humano. Las finanzas ahogan a la economía real”.
 
Y volvió a hacerlo ante los líderes del G7 poco antes de su desaparición física, al decirles  que "el paradigma tecnológico encarnado por la inteligencia artificial corre el riesgo de dar paso a un paradigma mucho más peligroso, que ya he identificado con el nombre de Paradigma Tecnocrático”. 

La economía asume todo desarrollo tecnológico en función del rédito, sin prestar atención a eventuales consecuencias negativas para el ser humano (Papa Francisco, en Laudato Sii)"

Significativamente, desde otro de los polos de poder que intenta construir el Nuevo Orden se escucha la voz de un personaje que, aunque con una mirada diferente y hasta contrapuesta, comparte en buena medida con Thiel el diagnóstico sobre la situación geopolítica global. 

Alexander Dugin es un ideólogo ruso de poco más de 60 años que aunque no posee ningún cargo oficial en el gobierno ruso, es considerado por muchos como "el filósofo de Putin". 

En su libro La Cuarta Teoría Política Dugin plantea la superación de las estructuras de pensamiento que signaron al siglo pasado y a las que considera perimidas, por una perspectiva centrada en la soberanía de los pueblos y el respeto de su identidad cultural.

Dugin comparte con Thiel la crítica a la democracia liberal y el valor de las élites para la construcción de poder, pero lo considera protagonista de un capitalismo financiero-tecnológico que se posiciona como una especie de derecha posliberal, que cree que la democracia liberal está agotada y apoya a Trump para profundizar su ocaso.

Peter Thiel, el tecnoempresario que apostó por Trump antes que Elon Musk y Mark Zuckerberg

La Globalización Tecnocrática también genera oposición dentro de Estados Unidos. Desde el corazón mismo del Silicon Valley se alza la voz de Jonathan Taplin, productor de cine y académico estadounidense autor del controvertido libro El Fin de la Realidad (The End of Reality), editado en español por la Universidad Nacional de Avellaneda y en el que denuncia a Peter Thiel como miembro del grupo de multimillonarios tecnológicos dispuestos a dominar al mundo. 

Es un crítico del capitalismo de plataformas, al que acusa de concentrar poder y destruir los valores sociales sin innovación real. Considera a la democracia y a la regulación de esas actividades como elementos equilibradores. 

Como consecuencia de su procedencia del mundo de la cultura y la comunicación, su pensamiento se torna especialmente valioso ante la amenaza que implica a la creación humana el uso indebido de la Inteligencia Artificial. Taplin denuncia que los monopolios digitales sofocan la creatividad y el trabajo, apropiándose del valor generado por artistas, periodistas y creadores. 

Sostiene que sin regulación, el valor del trabajo que realizan se somete a las reglas de un sistema económico feudal.

En febrero de 2025 se realizó el conversatorio El Fin de la Realidad y la Globalización Tecnocrática, organizado por la Universidad Nacional de Avellaneda. En esa ocasión, refiriéndose al tema cultura y universidades, Taplin se manifestó de esta manera:

“Creo firmemente que la cultura está por encima de la política. En otras palabras, la cultura crea política. Por ejemplo, en la primavera de 1968, Martin Luther King y Robert Kennedy fueron asesinados. Mucha gente de mi edad abandonó la política y se dedicó a la cultura. El renacimiento cultural desde 1968 a 1978 fue el mayor florecimiento del nuevo cine y de la nueva música”.

"El punto que estoy tratando de dejar en claro es que puede que el cambio tenga que empezar desde los artistas. Estoy al tanto de que están tratando de organizar un evento con algunos músicos. Si alguna vez pudiera ir para allá para hablar con ellos, podríamos hablar con cineastas o productores de TV..."

“Pero creo que la resistencia tiene que partir desde la cultura, que es una forma en la cual se puede educar a la población sobre lo que realmente está sucediendo. Realmente vale la pena pensar en ello como una forma de generar un movimiento hacia un nuevo mundo”.

"Se necesita un tiempo para que la cultura lo asimile, pero eventualmente llega. Llevó un tiempo para la cultura involucrarse, pero que contribuyó a Bill Clinton y Barack Obama. Estoy seguro de que existen cineastas argentinos que tengan historias que contar de sus propios tiempos históricos que pueden ayudar a instruir a las personas sobre lo que están atravesando en este momento”.

Jonathan Taplin siente un afecto muy especial por la Argentina y valora los esfuerzos que se realizan en nuestro país por regular el avance de la tecnología sobre la creación y el trabajo de los creadores. 

Su presencia en nuestro país fortalecería los aún incipientes esfuerzos de organización de distintos sectores locales que manifiestan su preocupación por el avance de la Inteligencia Artificial sobre la creación artística, como el evento que a fines de 2025 se realizó entre referentes de la actividad literaria argentina, para considerar la irrupción de la Inteligencia Artificial en la creación artística y literaria y las consecuencias de su utilización en la literatura sobre los derechos de autor.

La misma fue convocada por el escritor Alejandro Vaccaro, especialista en la obra de Jorge Luis Borges y actual presidente de la Sociedad Argentina de Escritores SADE. Se hicieron presente entre otros importantes referentes, el escritor Vicente Battista, ganador del XXI Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos en 2025, la cuentista Liliana Heker, la escritora Vivian Dragna y el filósofo Ricardo Forster.

Vaccaro abrió la reunión manifestando la preocupación que SADE tiene sobre el riesgo que implica la incorrecta utilización de la I.A. en la labor literaria y el riesgo que implica para la salvaguarda de los derechos de autor de los escritores y escritoras argentinos. Expresó su convicción de la necesidad de impulsar acciones legislativas y judiciales que defienda estos derechos y promover su difusión para instalar socialmente este tema.

Tuve la oportunidad ese día de brindar un informe sobre este tema. Traté de explicar con palabras sencillas qué es y cómo funciona la I.A, qué riesgos y oportunidades enfrenta la creación artística, cuál es la situación de la defensa de los derechos de autor en EEUU, Europa y la Argentina y plantear posibles acciones a realizar en el ámbito local e internacional.

Dije ese día que el desarrollo de la I.A. nos ha planteado una contradicción novedosa entre la creación humana y la sistematización estadística de lo ya producido. Los escritores encarnan y simbolizan en buena medida esa creación. Defender sus derechos de autor es defender la creación, que nos diferencia de los autómatas por más rápidos y fascinantes que éstos sean. Lo que está en juego es la actitud con la que la Humanidad adoptará el uso de esta tecnología: con una aceptación sumisa o con la capacidad de poder discernir cuando es conveniente su uso y cuando no lo es.

El encendido debate entre todos los concurrentes que se originó a continuación culminó con un acuerdo para promover iniciativas conjuntas en todos los ámbitos e instalar la importancia de estos derechos e instrumentar política y socialmente su defensa y actualización. 

Una reacción alentadora, que ilumina un camino posible para el uso conveniente de la Inteligencia Artificial y brinda una esperanza cierta organiza una resistencia propositiva a la Globalización Tecnocrática de Thiel, Musk y el resto de multimillonarios tecnocráticos.

* Presidente de la Asociación Civil Infoworkers