Luego de la muerte del Tte. Gral. Juan Domingo Perón, el 1° de Julio de 1974, el movimiento ideado por el mayor líder político de Latinoamérica jamás estuvo tan desorientado como hasta ahora.
Con el triunfo de Javier Milei en las presidenciales de 2023 y las legislativas de 2025, sumado a la condena de Cristina Fernández de Kirchner y la pésima gestión de Alberto Fernández y Sergio Massa en materia económica, social e internacional, se originó un sismo dirigencial en las esferas intermedias y bajas del PJ.
En 1983, con la conducción prácticamente sindical, el partido fue derrotado por la renovación del radicalismo bajo la figura de Alfonsín, que con un discurso progresista y constitucionalista modernizó la forma de hacer campañas, mientras que los encuadrados en un peronismo con las venas abiertas entre izquierdistas y derechistas no lograron insertarse en las últimas dos décadas del Siglo XX.
Con ese odio visceral de un sector hacia la Unión Cívica Radical asustaron a una buena parte de la sociedad que pretendía vivir en paz y con una democracia de largo aliento.
De ese fracaso electoral surgió "La Renovación", dónde un grupo de cuadros altamente politizados y con una experiencia de gestión importante marcaron sus disidencias con aquellos que querían mantenerse en un cincuentismo, sesentismo y setentismo inamovibles.
No tenían en cuenta que el propio Perón aconsejaba adaptar la doctrina a los diferentes tiempos, por ello, el contexto ecléctico en lo filosófico de la misma lo demuestra. Perón la basamentó bajo los pensamientos de Aristóteles, Santo Tomas de Aquino, Santo Tomás Moro, Kant, Descartes; Bodin, Montesquieu y Rousseau, entre otros. Cosa que no quedaran conceptos subjetivos y objetivos fuera, y con ello saber enamorar tanto a eclesiásticos, laicos, gnósticos, ateos, agnósticos y existencialistas, manteniendo al movimiento aún en pie, rengo, pero en pie.
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Esa renovación trajo consigo a líderes que le dieron un dinamismo propositivo con mayor debate interno y externo al PJ, y así darle lugar a la democratización partidaria, cuyos afiliados se convocaron un 9 de julio de 1988 a votar entre la formula Cafiero-De la Sota y Menem-Duhalde, dándole su voto a estos últimos para ser el binomio presidencial del peronismo. Un tiempo después, un 14 de mayo de 1989, serían los ganadores para comenzar a gobernar los destinos de la nación.
Durante el proceso menemista, y bajo esa adaptación doctrinaria de levantar las banderas de John Locke y Montesquieu en lo filosófico y de Adam Smith en lo económico, pero alejados del Perón mercantilista, el movimiento comenzó a mostrar sus grietas. Por un lado, "Chacho" Álvarez se apartó del Peronismo para avanzar con su Frente Grande, y luego José Octavio Bordón, también distanciado de las consignas liberales de Carlos Menem, se apartó y conformó el Partido PAIS. Juntos, a fines de 1994, sellan el FREPASO.
Si se aborda el tema interno, tanto Carlos Menem como Eduardo Duhalde manifestaban que toda discrepancia debía debatirse y solucionarse dentro del PJ y no salirse del plato. Quien mantuvo seriedad para cumplir con ese precepto fue Duhalde, quien permitió que los afiliados sin ninguna traba administrativa pudieran participar libremente en las internas partidarias.
Claro que tenía a sus favoritos, y con todo el apoyo logístico y económico eran quienes ganaban esas elecciones. He aquí que la oposición a Duhalde, vinculada al Radicalismo, el Progresismo y la Izquierda, lo acusaran de forjar un "aparato" para ganar sistemáticamente elecciones.
Pasado el desgobierno de la ALIANZA, con su sucesiva crisis socio económica y socio política, el Peronismo se hizo cargo de un país arrumbado como lo fuera a mediados de 1989, donde el alfonsinismo no supo dirigir la economía del país y Menem debió hacerse cargo de la presidencia cinco meses antes.
Con la llegada de Néstor Kirchner, culminó el ciclo de los grandes caudillos partidarios y con ello, el de los cuadros políticos. Menem ya se encontraba en el olvido como Senador Nacional por La Rioja. Duhalde decidió alejarse durante 6 años de la vida política, y cuando volvió para las elecciones de 2011 su cuerpo político estaba raquítico.
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Los hermanos Rodríguez Saá solo participaban electoralmente para hacer de opositores y así no ser perjudicados con los fondos que Nación le enviaba a la Provincia de San Luis. Scioli la pasó muy bien siendo el juguete predilecto de todos, inclusive hoy siendo funcionario de Javier Milei. De la Sota, si no hubiese fallecido trágicamente en 2017, era el recambio ideal que el Peronismo necesitaba.
Llegó la hora de Cristina Fernández de Kirchner, un cuadro político de importancia en las huestes del Justicialismo. Con la desaparición física de Néstor Kirchner en 2010, todo lo constituido en su gestión que permitió llegar a una estabilidad económica sin despilfarrar los recursos y manteniendo el superávit gemelo (comercial y fiscal), y con buenas reservas en el Banco Central, se tiró a los caños, abriéndole las puertas a un populismo abrupto, derrumbando los cimientos construidos por su difunto esposo.
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Y se llega a que el kirchnerismo, ya con dos elecciones presidenciales perdidas, no posee capacidad de reorganizarse y mantiene las mismas consignas populistas, tendiendo así a desaparecer.
Axel Kicillof no muestra señales de recambio, sino de continuismo. En Buenos Aires se denotan los mismos principios desfalcadores del Cristinismo. Mientras Milei se presenta como disruptivo y pragmático, el gobernador bonaerense se muestra acartonado y con discursos trotskistas más que peronistas.
Los problemas de inseguridad y narcotráfico en Buenos Aires son severos. Seguidos de un sistema educativo y de salud destruidos, más la criminalidad adolescente, hacen que su gestión sea una barrabasada que el pueblo no estará dispuesto a soportar.
En los últimos meses del 2025, un grupo de dirigentes políticos y sindicales creen que el ex Gobernador de San Juan y actual Senador Nacional, Sergio Uñac, puede ser la nueva figura que el Peronismo necesita. Algo de esto plantea Miguel Ángel Pichetto, un experimentado parlamentario que sabe de roscas y armados palaciegos.
A mi sano entender, si el Peronismo no realiza algo similar a lo que hizo Lula Da Silva para ganarle a Bolsonaro en las elecciones de 2022, donde se unió con su peor enemigo durante años, difícilmente pueda mostrarse como una alternativa superadora.
Algún dirigente tendrá que observar muy bien las estrategias de Perón hasta al menos el 17 de octubre de 2045, cuando se cumplan 100 años de la Revolución que encumbró a aquel coronel en la cima del poder en Argentina.