Diciembre de 2005 no fue un mes cualquiera para la administración del entonces presidente Néstor Kirchner. En un contexto de recuperación económica tras el estallido de 2001, el entonces presidente tomó una decisión que marcaría un antes y un después en la narrativa política del siglo XXI en Argentina: la cancelación total y en un solo pago de la deuda con el Fondo Monetario Internacional (FMI).
Aquel desembolso, que ascendió exactamente a 9.810 millones de dólares, no fue solo una transacción financiera; fue presentado como un acto de "independencia" frente a las recetas de ajuste que el organismo con sede en Washington solía imponer a los países deudores. Hacia finales de 2005, Argentina mantenía una relación tensa con el FMI. Tras el default de 2001, el país había logrado una reestructuración exitosa con los acreedores privados, pero la deuda con los organismos multilaterales seguía siendo un ancla técnica y política.
Kirchner, asesorado por su entonces ministro de Economía, Roberto Lavagna —quien poco después dejaría el cargo—, vio una oportunidad estratégica en el alto nivel de reservas del Banco Central. La estrategia consistió en utilizar esas reservas de libre disponibilidad para saldar la cuenta pendiente y, de ese modo, "despedir" a los auditores del Fondo que revisaban las cuentas públicas nacionales.

Las cifras de la operación
La operación se concretó formalmente en los primeros días de enero de 2006, pero el anuncio realizado el 15 de diciembre de 2005 en el Salón Blanco de la Casa Rosada fue el que quedó grabado.
| Concepto | Detalle |
| Monto total | US$ 9.810 millones |
| Origen de fondos | Reservas de libre disponibilidad del BCRA |
| Ahorro estimado | US$ 842 millones en intereses futuros |
| Objetivo central | Eliminar la condicionalidad de las políticas económicas |
El impacto político y simbólico
Para el kirchnerismo, este hito representó la piedra angular de su discurso de soberanía económica. Al dejar de ser deudor directo del FMI, el gobierno ganó margen de maniobra para implementar políticas de subsidios, expansión del gasto público y control de tarifas que, bajo el ala del organismo, habrían sido imposibles de ejecutar.
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Sin embargo, el camino no estuvo exento de críticas. Sectores de la oposición y algunos economistas ortodoxos advirtieron en aquel momento que descapitalizar el Banco Central dejaba al país vulnerable ante shocks externos. Otros señalaron que, si bien se cancelaba la deuda con el FMI, el endeudamiento interno (con otros organismos del Estado como la ANSES) comenzaba a crecer.