La nebulosa de los contratos multimillonarios que rodean a la Selección Argentina
“Compliance” es un sistema obligatorio de “control, prevención y responsabilidad corporativa que rige a las grandes empresas en todo el mundo”, recuerda el autor. En AFA parece desconocerse cómo y a quiénes se pagaba. La responsabilidad “no es exclusiva del que cobra: alcanza también al que paga sin controlar”.
Pagos canalizados a través de empresas intermediarias, estructuras satélite en el exterior y circuitos financieros poco transparentes. Ese es el dato que pone en vilo a muchas empresas y que cuesta explicar, cuando se habla de los contratos multimillonarios que rodean a la Selección Argentina. No se trata de rumores de pasillo ni de chismes de tribuna: se trata de mecanismos que, según información periodística conocida y causas que ya están investigando en la justicia, habrían sido utilizados para gestionar parte de los fondos que ingresaron al fútbol argentino. Y cuando aparecen estos esquemas, el problema deja de ser deportivo y pasa a ser corporativo.
Ahí entra en juego una palabra que muchas marcas repiten pero pocas parecen aplicar con rigor: compliance. No es una consigna cosmética ni un párrafo perdido en un informe anual. Es un sistema obligatorio de control, prevención y responsabilidad corporativa que rige a las grandes empresas en todo el mundo. Obliga a conocer con precisión a quién se le paga, por qué se le paga, cómo se canalizan los fondos, si existen intermediarios, dónde se realizan los pagos y quién es el beneficiario final.
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Exige debida diligencia, trazabilidad financiera, prevención de corrupción, lavado de dinero y conflictos de interés. Cuando esos controles fallan, la empresa no puede alegar ingenuidad: la omisión también compromete.
Nebulosa de contratos multimillonarios
En el caso del fútbol argentino y de la Asociación del Fútbol Argentino, este punto resulta imposible de esquivar. Los contratos de patrocinio de la Selección Argentina son multimillonarios, firmados en dólares, con vigencias prolongadas y un impacto reputacional enorme.
No se trata de acuerdos marginales ni de cifras menores: según información pública y periodística, estos convenios alcanzan decenas e incluso cientos de millones de dólares, sumando sponsoreo principal, derechos de imagen, licencias y activaciones comerciales.
Actualmente, la AFA genera más de US$ 100 millones anuales por sus derechos comerciales"
Empresas internacionalmente poderosas son sponsors. Adidas, Lexar, Coca-Cola, American Express, Sancor Seguros, YPF, Schneider, BetWarrior, Zanella, Cotti Coffee, Panini, Naldo, BGH, Sur Finanzas y Lay's. Supervielle, TCL, DiDi, Amul, BCGame, McDonald's, PedidosYa, Aerolíneas Argentinas y Assist Card, entre otras.
Actualmente, la AFA genera más de US$ 100 millones anuales por sus derechos comerciales. Los contratos con Adidas y Coca Cola, la AFA los manejaba directamente, todo esto es su principal fuente de ingresos.
No estamos hablando de empresas marginales ni de actores improvisados. Son corporaciones con departamentos legales, auditorías internas, comités de riesgo y códigos de ética que declaran tolerancia cero frente a prácticas opacas.
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Justamente por eso, no pueden desentenderse cuando surgen versiones consistentes sobre pagos canalizados a través de empresas intermediarias o satélite, algunas radicadas fuera del país. Esa sola circunstancia —sin necesidad de imputar delito alguno— constituye una alerta roja clásica de compliance.
El prestigio deportivo de la Selección no suspende obligaciones corporativas. La popularidad no reemplaza la debida diligencia. Cuando una empresa invierte cifras millonarias, está obligada a auditar el recorrido completo del dinero, documentar intermediaciones, identificar beneficiarios finales y justificar cada estructura utilizada. Si eso no se hizo con el rigor que los propios estándares internacionales exigen, la responsabilidad deja de ser exclusivamente del que cobra: alcanza también al que paga sin controlar.
El silencio empresarial, en este contexto, tampoco es neutro. El compliance existe precisamente para evitar mirar para otro lado cuando el negocio es rentable pero el sistema es opaco. Las marcas que hoy disfrutan de la visibilidad, la épica y el prestigio del fútbol argentino no pueden limitarse a capitalizar beneficios mientras evitan explicaciones incómodas. En el fútbol argentino, el silencio empresarial ya no es prudencia ni neutralidad: es una toma de posición. Porque cuando el dinero circula sin transparencia, el compliance deja de ser una promesa corporativa y se convierte en una deuda ética que tarde o temprano la empresa deberá pagar.
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