Odiada o amada, la Inteligencia Artificial es patrimonio de todos
“La IA no tiene uno o unos pocos dueños, sino que nos pertenece y está al alcance de todos” sostiene el autor y explica el proceso creativo que revaloriza el open-source, eso que en 2005 Bill Gates tildó de cosa de “comunistas modernos”.
Una de las problemáticas que se viene planteando alrededor de la Inteligencia artificial (IA) es que está concentrada en un manojo de empresas oligopólicas, dueñas de uno de los nuevos superpoderes de la civilización. Esto es simplemente falso, por muchos motivos, y en esta nota voy a intentar desarrollarlos un poco para que los cuestionamientos sobre esta nueva disrupción tecnológica puedan encausarse mejor.
El primero, y más relevante, es que la IA es esencialmente open-source, como la mayoría de las herramientas de software. El open-source es un hermoso fenómeno de nuestro sector en el que se libera el código fuente de los productos para que cualquiera se lo pueda descargar y jugar con él. Es decir, no sólo se regala el producto con sus funcionalidades, sino que te dan el manual de cómo funciona, la licencia para que además sea legal y la caja de herramientas completa para que puedas hacer con él lo que quieras.
La IA ¿patrimonio de todos?
Nadie sabe bien por qué sucede esto, pero se plantean varios motivos:
-Prestigio: publicar el producto que uno creó con su código fuente permite a otros comprobar el gran trabajo que hizo. No sólo a través de chequear su funcionamiento sino mediante el análisis del código (el arte de nuestra profesión).
-Inmaterialidad: crear software requiere básicamente horas de trabajo, pero sin la necesidad de invertir capital para comprar ninguna materia prima ni maquinaria especializada. Por lo cual puede resultar menos doloroso regalarlo. Si a eso le sumamos que muchas veces los programadores disfrutamos plenamente el proceso y ni siquiera lo hacemos pensando en un rédito económico, se reduce aún más el costo.
-La sabiduría de las multitudes: James Surowiecki en su best seller The Wisdom of Crowds dejó bastante en claro que muchas personas colaborando coordinadamente logran resultados muchísimo mejores que una sola, no importa cuán genial, formado o talentoso sea ese único individuo.
Cuando nosotros publicamos nuestra herramienta, no sólo permitimos a otros jugar con ella, sino ayudarnos a mejorarla.
Durante mucho tiempo las grandes empresas se opusieron y hasta combatieron el movimiento open-source, ya que lo veían como una amenaza para su negocio. En 2005 Bill Gates dijo que eran “comunistas modernos” y Steve Ballmer, director ejecutivo de Microsoft, llegó a decir que Linux (el sistema operativo open-source) era un cáncer que se adhería a la propiedad intelectual.
Hoy en día, los servicios en la nube de Microsoft (Azure, uno de sus más grandes negocios) funcionan sobre Linux. Y no es porque les sea más barato, originalmente habían desarrollado su propio sistema operativo para servidores, pero funcionaba tan mal que no les quedó otra que aceptar la superioridad funcional de ese “cáncer comunista”.
No es que Microsoft trabajase mal o tuviese un mal equipo; desarrollar sistemas operativos para servidores que responden a cientos de miles de llamados concurrentes es una tarea realmente compleja y desafiante. Que, al parecer, sólo pudo ser resuelta por un grupo de trabajadores mucho más grande (y diverso, otra variable importante para la sabiduría colectiva) que el staff del gigante tecnológico, como es toda la comunidad mundial de programadores.
Hoy en día la postura de las grandes tecnológicas cambió y la mayoría de ellas adhieren también al open-source. Esto es particularmente claro en, justamente, las empresas de inteligencia artificial: Google, OpenAI, Meta, Alibaba, Mistral, Moonshot, Z.ai y muchas otras han liberado versiones open-source de sus principales modelos, permitiéndonos a todos entender cómo lo hacen, usarlos sin pagarles nada a ellos e intentar mejorarlos.
A diferencia de lo que comentábamos antes, la IA sí tiene un costo importante más allá de las horas-hombre, que es la construcción y funcionamiento de los data centers necesarios para desarrollar este tipo de tecnología. Que cuestan varios miles de millones de dólares. ¿Por qué entonces lo hacen de todas formas?
Un poco por “batalla cultural”, es decir, el modelo que termine siendo el más usado e implementado difundirá más los valores de las empresas o países que los promuevan y generará mayor adherencia a ellos.
Pero además, todos son conscientes de que si queremos seguir ampliando el horizonte de lo posible y la capacidad de esta increíble tecnología, necesitamos la colaboración de todos.
Gracias a que Meta liberó su modelo Llama, la comunidad académica creó LoRa, un método para reentrenar (es decir, mejorar o actualizar el conocimiento) IAs que redujo el costo de este proceso en miles de millones de dólares.
Gracias a que DeepSeek liberó su modelo (junto con un paper explicando en detalle todo), todos pudimos entender cómo lograron crear una IA tan buena a menos de un 5% del costo original de un modelo equivalente como GPT-4 (spoiler: lo lograron uniendo descubrimientos de varios centros de investigación en un único proceso).
Es gracias a esta concepción que se tiene del progreso en nuestro sector, que hoy puedo ejecutar en mi compu del conurbano, y no en un data center de 10 mil millones de dólares, Gemma 4: el último modelo liberado por Google que es cientos de veces más poderoso que lo que fue GPT allá por 2022.
Tengo en mi poder (es decir, sin necesitar internet ni pagarle nada a nadie) una tecnología que hace 3 años valía por sí misma miles de millones de dólares y pudiendo hacer lo que quiera con ella.
Muchos podrían pensar que eso es aún más peligroso, es decir, que cualquier persona tenga acceso a ella en vez de un puñado de empresas, pero paradójicamente es todo lo contrario. Aunque eso es tema para otra nota.
Resumiendo, si a la naturaleza open source de esta tecnología le agregamos que las principales empresas de IA ya no son sólo estadounidenses, ya que muchas empresas chinas y europeas también desarrollaron modelos igual o aún más poderosos que los americanos. Queda claro que la IA no tiene uno o unos pocos dueños, sino que nos pertenece y está al alcance de todos.
*Licenciado y doctor en Ciencias de la Computación (Facultad de Ciencias Exactas, UBA), especializado en Inteligencia Artificial; consultor del BID
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