El arzobispo Jorge García Cuerva, narró en su homilía del tedeum del 25 de mayo en la Catedral, delante de Milei y sus ministros, un episodio que sirve como analogía clara y contundente para actuales situaciones, que están provocadas por la retirada del gobierno mileista de funciones necesarias hacia sectores vulnerados y de debilidad en la estructura social.
Contó García Cuerva: “Cuatro hombres acercan a un paralítico a Jesús, alguien que no podía caminar, que no podía pararse por sus propias fuerzas. Hoy también muchos hermanos experimentan estar paralizados en sus esperanzas, en sus oportunidades, en su dignidad. Tenemos la enorme responsabilidad de ayudar a curar tantas parálisis personales, familiares y también sociales, como aquellos cuatro hombres que se hicieron cargo, que no buscaron culpables, sino soluciones
“Ellos podían caminar, y esto los hizo solidarios con el dolor ajeno - continuó el sacerdote-. La vida seguramente les dio más oportunidades y por eso fueron más sensibles frente al paralítico. No lo dejaron tirado, porque nadie es descartable, nadie es desechable, todos somos importantes. Comenzando por los abuelos, los niños, los enfermos, las personas con discapacidad, los adolescentes y jóvenes atravesados por la droga, los trabajadores informales y precarizados y tantos más”.
La descripción taxativa del religioso no es casual, hoy, en Argentina y merced a políticas públicas del gobierno nacional y en virtud de la destrucción de espacios del Estado que son ineludibles para cubrir necesidades de colectivos con cierta extenuación en sus fuerzas propias como jubilados, personas con discapacidad, y enfermos (sobre todo oncológicos), estos sectores se convierten en los paralíticos de la parábola bíblica.
La homilía completa de Jorge García Cuerva: "Viven de privilegios, alejados del común de la gente"
Están abandonados por el gobierno, desfinanciados en sus urgentes requerimientos, reprimidos en el caso de los jubilados y esta voz potente de la Iglesia argentina coloca en el nivel más alto de aplicación la perentoria necesidad de que sean atendidos.
Existe una clara posición agresiva de Milei y su gobierno para con los argentinos que sufren discapacidades varias y enfermedades. A los primeros le quitan la posibilidad de mejorar, en algo, su calidad de vida al no reconocerles los enormes costos que tienen en su atención médica y terapéutica y los somete a humillantes exigencias de mostrar con regularidad temporal su calidad de PcD ¡como si a quien le faltan las piernas o un brazo tuviesen de pronto y mágicamente el crecimiento de sus miembros! o a las Personas que tienen algún tipo de Trastorno de Espectro Autista /TEA se les pudiera cambiar esa condición. Y a los segundos, se les quita la provisión gratis o barata de medicamentos y les dificultan la atención en hospitales claves para la salud pública como el Instituto Roffo especialista en oncología y el Hospital de Clínicas y el Hospital Garrahan.
Esto denuncia con elegante y mesurada prosa el obispo García Cuerva. Esta voz de la Iglesia se convierte hoy en la más potente como portadora de crítica a la crueldad y falta de empatía social de los libertarios.
Y tiene razón, es vital fortalecer programas de sanitarismo integral y salud general, con especial énfasis en la atención a personas con discapacidad y en la dignificación de los hospitales públicos, hoy desbordados y desprovistos de recursos básicos.
Recuperar dignidades para jubilados, trabajadores y educadores. Todo esto es necesario, y sin embargo, hay una tarea que subyace a todas las anteriores y que resulta acaso la más compleja: la redención espiritual del alma nacional. Hoy, la identidad argentina se encuentra golpeada y ninguneada por un "libertarismo" que reduce el vínculo social a una mera transacción de mercado y desprecia la noción de comunidad organizada.
Y, para que quede claro el sitio desde el cual se para la Iglesia, su portavoz también dice en la homilía: “El sálvese quien pueda no es más que la expresión de un individualismo cruel que rompe los vínculos de fraternidad y descompone a la Nación. Porque terminamos siendo solo una suma de individuos en un mismo territorio, donde cada uno piensa en sí mismo y en el propio bienestar”.
Recupera la idea de Nación como continente propio e histórico de los argentinos, valor despreciado por Milei y repudia el sentido del individualismo, que es realmente el valor más preciado por la ideología anarco libertaria que construye su sentido intelectual desde la glorificación de lo individual por sobre lo común, lo colectivo.
Y da en el blanco García Cuerva, pega en la línea de flotación de los libertarios cuando vemos que le responde Nicolás Márquez, auto considerado un intelectual orgánico del mileismo y dice que el Primado de Buenos Aires es “un obispillo embrutecido, inmoral y anticristiano”. ¡Tanto le duelen las verdades que en la cara les dijo que responden acudiendo a lo que más conocen que es el uso de vulgarismos, exabruptos e insultos!
El actual Arzobispo de Buenos Aires no es un burócrata religioso. Su vasta experiencia pastoral se ha forjado en el légamo de los barrios populares, allí donde habitan los "abandonados" de la Argentina, los desheredados de toda herencia y los vilipendiados en su calidad de vida por las políticas de exclusión.
García Cuerva no teme recorrer esos senderos para devolver dignidades. Ha manifestado históricamente su preocupación por las crisis sociales que atomizan hogares y martirizan familias, sosteniendo con firmeza que el Estado debe cumplir un rol central como equilibrador de las desigualdades.
Su cercanía e íntima confianza con el Papa Francisco lo posicionan como un intérprete cabal de la doctrina de "los márgenes" y del cuidado de la "Casa Común".
La Iglesia es una parte clave en la reconstrucción que habrá que encarar, de la Argentina, cuando la historia actual del desquicio y la entrega toque su clarinada final. Esa iglesia que cuenta con la mejor capilaridad territorial del país, una institución que representa un valor histórico y trascendente de nuestra cultura y que posee el prestigio necesario para convocar a una confianza masiva.
Hablamos de la capilaridad de la fe.