Julio Le Parc fue uno de los maestros de la luz y el movimiento
“El artista adquiere el hábito de no hacer nada mientras cree que puede hacerlo todo”, dijo alguna vez Julio Le Parc, artista mendocino que recién tuvo su primera muestra individual en Argentina a los cincuenta y seis años. Residente en París desde fines de áños cinuenta, Le Parc falleció en la capital francesa ayer sábado 30 de mayo, a los 98 años. Esto hecho se da en un contexto de reconocimiento internacional sostenido: Le Parc tenía previsto inaugurar el 11 de junio próximo una muestra en la Tate Modern (de Londres), una de las instituciones más influyentes del circuito artístico global, y según su entorno mantenía expectativas de asistir pese a su estado de salud.
París en la mira. Nacido el 23 de septiembre de 1928 en Palmira, Mendoza, creció en una familia de bajos recursos, hijo de una costurera y un empleado ferroviario, en una vivienda sin servicios básicos, una experiencia que marcaría su mirada social y su vínculo con lo colectivo dentro del arte.
Su formación comenzó en Buenos Aires, donde estudió en escuelas como la Manuel Belgrano y la Pueyrredón, aunque en su juventud abandonó temporalmente la educación formal en rechazo a la rigidez académica, una decisión que luego influiría en su perfil experimental y en su cuestionamiento a las instituciones tradicionales. Antes de consolidarse como artista, trabajó como portero en el Teatro Colón y participó del circuito teatral independiente, incluso como extra, lo que le permitió vincularse con el mundo cultural desde una perspectiva práctica y no académica. El punto de quiebre en su carrera se produjo en 1958, cuando una exposición de Victor Vasarely en el Museo Nacional de Bellas Artes lo impactó profundamente y redefinió su búsqueda estética, orientándolo hacia la exploración de la percepción visual. Ese mismo año viajó a París con una beca y se instaló de manera definitiva. Allí formó parte del Groupe de Recherche d’Art Visuel (GRAV), colectivo activo entre 1960 y 1968 con el que desarrolló experiencias que proponían la participación activa del espectador y cuestionaban el rol tradicional del artista como único creador.
Legado. Su obra En Argentina, su legado incluye obras monumentales y exposiciones de gran escala, como la retrospectiva realizada en 2019 en el entonces Centro Cultural Kirchner, que reunió más de 160 piezas, además de intervenciones en el Malba y el Teatro Colón. se caracterizó por el uso de luz, color y movimiento a través de mecanismos simples que generaban efectos complejos, con el objetivo de alterar la percepción y generar una experiencia inmersiva. Esta concepción lo posicionó como uno de los máximos exponentes del arte cinético a nivel global.
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