Así es el Curacao North Sea Jazz Festival
Un repaso por lo que hay en este encuentro musical multitudinario que es una de las atracciones internacionales de la isla. Además de los shows de primer nivel, se entra en contacto con un ambiente de fiesta compartida. Qué hay para comer y beber, y cómo se paga.
El Curacao North Sea Jazz Festival es, una vez más, el epicentro de la música del mundo en sus tres escenarios de la ciudad de Willemstad en Curazao. El World Trade Center local se convirtió en el punto de encuentro de miles de personas, entre locales y turistas, que disfrutaron de un line up curado especialmente para la ocasión. Desde The Jacksons a Rubén Blades, pasando por los cubanos Alian Pérez y Gente de Zona, y con la destacada participación de Wyinton Marsalis y Al Di Meola, quienes coronaron la parte de jazz con que nació la propuesta.
Pensando como un atractivo turístico más de la isla que fuera colonia holandesa, convoca a viajeros de varias partes del mundo que encuentran un elemento extra para venir aquí en durante la semana de septiembre para disfrutar de sus artistas favoritos y, en resumen, pasarla bien.
El ambiente del festival
Como ningún otro, el CNSJF tiene un clima especial para quien asista. No sólo porque las mujeres lucen sus mejores brillos y los hombres acostumbran usar camisas estaMPadas bien alegres, sino porque las activaciones que jalonan el espacio aportan un toque interactivo apenas llegados al predio del Centro de Convenciones: desde las radios locales al hotel auspiciante (Marriott ubicado justo al lado) había propuestas para sacarse fotos o hacer un memo test.
El sistema para comprar bebidas y comida en innumerables espacios ubicados en calles laterales a los escenarios, tiene en su oferta las opciones más diversas: desde sushi a tacos mexicanos, pasando por papas fritas al estilo Curazao (con salsa de maní) a helados y pochoclo. Allí el espectador podía elegir lo que deseara. Lo mismo con las bebidas con o sin alcohol, un mix interminable a gusto el consumidor.
Pero lo mejor era la forma de pagar cada cosa: con tokens de cartón color violeta que se compran en stands específicos, vienen en planchas y la venta mínima es de 5 por U$S 17 hasta 100, que salen U$S 340. Luego se van entregando en los puestos de comida, bebida, café o helado, en la cantidad indicada en cada uno, a razón a uno para la botella de agua y 5 para los cocteles.
Distribuidos a lo largo del enorme predio tambén hay sectores de mesas y sillas para comer tranquilos y charlar, siempre repletos durante el desarrollo del festival. Los tres escenarios se dividen entre el principal Sam Cooke (en el estacionamiento del predio), con gradas en los laterales; el Celia (por Celia Cruz), que toma el edificio del World Trade Center y cuenta con un escenario interno con aire acondicionado y pantallas gigantes, y el Sir Duke, ubicado junto a la playa.
Sincronicidad de presentaciones
Una de las cosas que más llaman la atención de este festival es lo respetuosos que son de los horarios. Cada show se presenta exactamente a la hora indicada, lo que se aplica también a su finalización. De esta manera, inmediatamente que finaliza uno empieza el otro en un venue diferente, casi sin darle tiempo a los espectadores a pasar de un escenario a otro (que no están tan cercanos) para ver el siguiente concierto.
Aquí el problema lo plantea el escenario Celia, in door, que tiene capacidad limitada y cierra sus puertas cuando ésta se completa. Así los periodistas acreditados,que estábamos viendo la presentación de Rubén Blades en el Sam Cooke, no pudimos ver a The Jacksons, que cantaron en el Celia, porque no permitieron el ingreso ni siquiera a la prensa cuando hicimos el intento. Si bien había pantallas fuera del reciento para seguir ese show, el sonido fue tan deficiente y la multitud conversadora muy grande, que apenas se los pudo escuchar.
Pero los asistentes no se hicieron problema: cantaron y bailaron con cada show, sobre todo en los de salsa, momentos en los que se vio a varias parejas danzando al son del show que se ofrecía sobre el escenario.
Pensando en 2027
Aunque se camina mucho en el predio, también se disfruta, porque el Curacao North See Jazz Festival es un punto de encuentro, comunidad y buena vibra entre los asistentes. El desarrollo es tranquilo, positivo y de buena onda. Incluso con las personas de seguridad, a quienes se les consultaron varios temas como intentar ingresar a ver a The Jacksons, respondieron siempre con amabilidad aunque fuera por la negativa.
Así vale la pena la inversión de U$S 195 por noche para los visitantes internacionales, que seguramente compraron el paquete para los tres días por U$S 370. Por las dudas, la edición 2027 se estima que sería entre fines de agosto y principios de septiembre. Para tenerlo en el radar.
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