El Divorcio del Año pone el foco en la salud mental
Quizás el título engañe pero el tema de esta propuesta no es frívolo, aunque algunos personajes quieran frivolizar la situación. Con su puesta colorida y moderna llegará a un público de todas las edades.
El Divorcio del Año, la nueva propuesta de José María Muscari junto a Mariela Asensio, pone en evidencia un tema común en la actualidad: los sufrimientos de la psiquis. Con una puesta moderna y colorida, el drama que se cuenta se hace llevadero. La hija del matrimonio que se divorcia es la que presenta las situaciones en un gran trabajo de Rocío Igarzábal. Ella sufre mientras canta y ve que sus padres se aman pero se separan. ¿Es ella la causa? ¿Es el hastío, la repetición de actitudes eternas? Eso lo tendrá que descubrir el espectador.
Los autores.
Pero también entran en el juego los abogados en ambos cónyuges, justo lo que ponen en evidencia los momentos personales más oscuros. Es que estos padres son celebridades por lo que la división de bienes podría convertirse en un botín jugoso. Y ya sabemos lo que la expectativa ante el dinero puede hacerles a las personas.
Los conflictos de la actualidad están presentes en toda la trama: la exposición mediática, la dificultades para encontrar el propio lugar en el mundo, la codicia, los malos tratos, la inseguridad y tantas otras oscuridades que nos acechan.
Con textos crudos y constantes referencias a la actualidad, las situaciones se van acercando al espectador en su intimidad, a medida que se revela la intimidad de los cinco personajes que componen esta propuesta. Ellos son Fabián Vena y Guillermina Valdés como la pareja que se va a divorciar, Juan Palomino y Ernestina Páis, como los abogados y la mencionada Igarzábal. Cada uno cumple su rol según las marcaciones que recibieron con la intención de que todo el drama esté exacerbado y pegue más en el espectador: las actitudes, las palabras fuertes se contraponen con momentos de humor que descomprimen. Aquí la sorpresa es una Ernestina desbordada, soez, verborrágica y que usa la violencia verbal como una espada.
Y como dije, Rocío no sólo cumple el rol definitorio de esta historia, es la relatora y su personaje tiene los cambios de humor más notorios. Está muy bien. Y todo lo que hace sirve para marcar el trastorno (o no) de salud mental que podría padecer cualquiera en el mundo de hoy. Es el personaje más logrado.
Pero la puesta también ayuda, con un vestuario colorido de Romina Giangreco, el diseño de escenografía es de Mariana Tirante y el de iluminación de Matías Sendón hacen su parte para que la dirección de Muscari se luzca con el conjunto.
Las funciones son de miércoles a domingo en el Multiteatro (Av, Corrientes 1283, CABA). Encontrá acá más info sobre las entradas.
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