Son solo dos empresas. Pero recientes tensiones financieras han motivado ventas masivas de sus bonos y han sembrado dudas sobre la solidez de más compañías brasileñas, aquejadas por las tasas de interés más altas del país en dos décadas.
Las preocupaciones quedaron en evidencia el lunes, cuando la calificación crediticia de Raízen SA cayó varios niveles, en menos de un día, del grado de inversión al grado especulativo. La medida se produjo después de que sus accionistas controlantes —Shell Plc y Cosan SA— se resistieran a inyectar más capital en la empresa, lo que elevó la posibilidad de una reestructuración de deuda que golpearía a los bonistas con fuertes pérdidas.
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La reacción fue inmediata: los inversores se deshicieron de los títulos, ampliando una ola de ventas que recortó el precio de algunos bonos casi a la mitad en la última semana, hasta alrededor de 46 centavos por dólar. Eso llevó el rendimiento a cerca de 18%, un nivel que suele indicar estrés financiero.
El retroceso también se replicó en Cia Siderúrgica Nacional SA, la cual ha intentado convencer a los inversores que podrá reducir su carga de deuda mediante la venta de activos. Sin embargo, en lugar de esperar, los bonistas comenzaron a retirarse, lo que hizo caer algunos de sus títulos unos 30 centavos por dólar en los últimos cuatro días.
Omotunde Lawal, jefa de deuda corporativa de mercados emergentes en Barings, dijo que la magnitud de las rebajas del lunes a Raízen —con S&P Global Ratings recortando la nota siete escalones y Fitch Ratings ocho— sacudió la confianza de los inversores.

“No hay otro país que tenga emisores cuyas calificaciones caigan 7 u 8 escalones en un solo día”, afirmó. “Esto sugiere que la prima de riesgo corporativo de Brasil está mal valuada”.
¿Casos aislados?
En el centro de la ansiedad está la deuda acumulada en los últimos trimestres, cuando los inversores globales inundaron Brasil con capital, ansiosos por prestar dinero y aprovechar que el banco central mantiene las tasas elevadas para contener la inflación.
Las preocupaciones se han limitado a una porción del mercado de deuda corporativa de Brasil. Las acciones han subido junto con otros mercados emergentes, llevando al índice Ibovespa a avanzar 34% en 2025 y otro 13% el mes pasado, mientras el real se fortaleció frente al dólar con la llegada de capitales. Pero a medida que el banco central mantiene su tasa clave anclada en 15%, el nivel más alto desde 2006, el impacto se ha hecho sentir en las empresas más endeudadas.
El mercado de bonos corporativos de Brasil ya había sido sacudido el año pasado por los problemas que afectaron a la empresa de gestión de residuos Ambipar Participações e Empreendimentos SA y a la petroquímica Braskem SA, aunque finalmente se consideraron casos puntuales.
Esas inquietudes volvieron esta semana, dejando nuevamente a los inversores tratando de determinar si los ejemplos recientes son aislados o una señal de mayores tensiones por venir.
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El mercado de deuda corporativa brasileña sigue siendo “relativamente nervioso y bastante ilíquido”, dijo Sergey Dergachev, jefe de deuda corporativa de mercados emergentes en Union Investment Privatfonds GmbH, que posee bonos de Raízen. “Los inversores están tratando de entender el verdadero estado de la situación”.
La reacción hacia Raízen refleja en parte la preocupación por el compromiso de sus principales accionistas, Shell y Cosan, que crearon la empresa azucarera y de etanol hace más de una década y la sacaron a bolsa en una oferta pública inicial en 2021 que la valoró en US$14.300 millones.
Desde entonces, Raízen ha sufrido por elevados costos financieros, cosechas más débiles de lo esperado y apuestas costosas que aún no han dado resultados. Los intentos de obtener efectivo de Shell y Cosan no han prosperado, algo que los inversores interpretaron como una señal negativa.
Destrucción de valor
El lunes, S&P dijo que la empresa iría en camino a una reestructuración de deuda equivalente a un incumplimiento. Después de que Raízen contrató a un asesor financiero, un paso que suele anteceder a ese tipo de procesos, Fitch tomó la inusual decisión de rebajarla por segunda vez en el mismo día, al señalar que desconocía esa contratación cuando realizó el primer recorte.
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“Raízen ha sido un caso de destrucción de valor para los accionistas desde la salida a bolsa de 2021; ahora parece que se les está pidiendo a los bonistas que compartan el dolor”, dijo Juan Manuel Patiño, analista de Sun Capital Valores SA.
Los bonos de CSN, en tanto, se desplomaron justo cuando la empresa planea recaudar hasta US$1.500 millones mediante un préstamo garantizado para refinanciar bonos y reforzar su balance, según dijeron personas con conocimiento del tema la semana pasada.
La compañía ha prometido en reiteradas ocasiones reducir su deuda en los últimos años y en enero detalló planes para vender activos.
La velocidad y magnitud de los recientes derrumbes en los bonos sorprendieron al mercado. En el caso de Raízen, tanto JPMorgan Chase & Co. como Balanz mejoraron la recomendación de sus bonos a sobreponderar a comienzos de este mes, al considerar que la reciente baja representaba una oportunidad, según notas enviadas a clientes.
“Subestimamos la probabilidad de un escenario de peor caso”, dijo Nicolas Giannone, de Balanz. “Tampoco esperábamos el ritmo de la venta masiva. Como resultado, actuamos demasiado pronto”.
GZ