En dos semanas, Juan Guaidó se ha convertido en el símbolo internacional de la rebelión venezolana, proyectando la imagen de un dirigente inflexible.
Su ascenso repentino se debe en gran parte a su mentor, el líder opositor Leopoldo López, quien desde su sala de estar ha unificado y orquestado el movimiento pese a un arresto domiciliario que lo excluye de la política.
“En este punto no creo que puedas separarlos; son lo mismo", comentó Luis Vicente León, director de la encuestadora de Caracas Datanálisis.
La policía de inteligencia vigila la casa de López durante todo el día, el opositor tiene un dispositivo de rastreo instalado en su tobillo y se le prohíbe hablar con la prensa. Aliados y miembros de su círculo íntimo aseguran que el excandidato presidencial de 47 años, sin embargo, mantiene reuniones de planificación y dirige a activistas. Su trabajo aseguró el ascenso de Guaidó de asambleísta poco conocido a principal oponente del presidente autoritario Nicolás Maduro. López se ha mantenido en contacto frecuente al tiempo que Guaidó revive las protestas callejeras y busca el respaldo de aliados internacionales, detallan.
La aparición de Guaido al frente de una coalición organizada es una reivindicación para López, activista de muchos años que se quedó en Venezuela cuando pudo haber huido y pasó más de tres años en una prisión militar. Más importante aún, el respaldo de López ha ayudado no solo a que Guaidó evite ser arrestado por un régimen socialista famoso por el encarcelamiento y la tortura, sino también a que se convierta en némesis de Maduro.
Para potenciar las aspiraciones de Guaidó, López utilizó llamadas de Skype, mensajes cifrados y reuniones cara a cara en su hogar ubicado en el acomodado sector de Chacao en Caracas, donde una vez se desempeñó como alcalde.
Es una existencia restringida para el descendiente de una familia que se remonta a la fundación del país, que fue a la Universidad de Harvard y posee enormes ambiciones. Sus fanáticos más fervientes lo han descrito como un cruce sudamericano entre John Kennedy y Nelson Mandela. Sus críticos lo llaman un sangre azul hambriento de poder. Se ha enfrentado no solo con el régimen, sino también con aliados que considera inestables.
En 2015, luego de años de estridente oposición, López fue sentenciado a casi 14 años de prisión por cargos que incluyen la incitación a la violencia. Fue puesto en libertad con arresto domiciliario en julio de 2017 y se le ordenó guardar silencio.
Sin embargo, a medida que su otrora próspero país ha descendido en una espiral de miseria y hambre, López se ha mantenido activo. Aunque se le impidió salir de su propiedad, cercanos afirman que López mantiene contacto regularmente con jefes de Estado, miembros de su partido Voluntad Popular y activistas.
"En casa, él trabaja con todos los opositores, todos", declaró su esposa, Lilian Tintori, en una entrevista concedida esta semana mientras vestía una camiseta con su cara. “Habla con Juan Guaidó, que ahora es presidente, todos los miembros de Voluntad Popular y miembros de todos los partidos, grandes y pequeños. Se ha encargado de unir a la oposición".
López tomó a Guaidó bajo su alero hace más de una década durante protestas contra Hugo Chávez después de que el difunto presidente silenciara a sus críticos al negarse a renovar la licencia del canal de televisión más popular de Venezuela. En 2009, ambos formaron Voluntad Popular, que era conocido por sus tácticas de línea dura, negarse a comprometerse o negociar con el gobierno y convocar a manifestarse en las calles.