miércoles 12 de mayo de 2021
BLOOMBERG
03-08-2020 06:00

Trabajadores indocumentados en EE.UU. se quedan sin opciones

Los trabajadores indocumentados en Estados Unidos se están quedando sin opciones que los ayuden a sobrevivir la pandemia de coronavirus.

03-08-2020 06:00

Los trabajadores indocumentados en Estados Unidos se están quedando sin opciones que los ayuden a sobrevivir la pandemia de coronavirus.

Debido a que las familias indocumentadas son excluidas de la mayoría de los programas federales de ayuda, han dependido del dinero de organizaciones filantrópicas y Gobiernos locales para comprar alimentos y pagar sus cuentas. Pero ahora algunos de esos fondos se están agotando, exacerbando la crisis de salud pública y amenazando aún más una recuperación económica que se ha vuelto más inestable con el reciente aumento de casos de coronavirus y una ola renovada de despidos.

Programas respaldados por municipios con el apoyo de organizaciones comunitarias en Minneapolis; Austin, Texas; Chicago y el condado de Montgomery, Maryland, se han paralizado o casi no les queda dinero. Los programas, que han proporcionado fondos para ayudar a los inmigrantes a pagar el alquiler y otros gastos, no han podido satisfacer una demanda tan alta.

En California, un programa estatal para entregar US$1.000 por familia dejó de aceptar solicitudes en junio. Las organizaciones sin fines de lucro enfrentan desafíos de financiamiento, debido a que algunos donantes reducen sus aportes a medida que la pandemia dura más de lo esperado.

Los inmigrantes indocumentados en Estados Unidos a menudo pagan impuestos, pero no tienen acceso a un seguro de desempleo o beneficios como los cheques de ayuda que el Gobierno ha proporcionado a muchos estadounidenses. El paquete de estímulo de US$2 billones que aprobó el Congreso a principios de este año negó la ayuda a 15,4 millones de personas en familias de estatus migratorio mixto, incluidos 9,9 millones de inmigrantes no autorizados, 3,7 millones de niños y 1,7 millones de cónyuges que son ciudadanos estadounidenses o que tienen residencia permanente, según el Instituto de Política Migratoria.

Mientras el Congreso debate otra ronda de apoyo financiero para los estadounidenses, los demócratas de la Cámara de Representantes han propuesto una legislación que otorgaría ayuda económica a los inmigrantes, pero los republicanos del Senado, que han ofrecido un paquete de ayuda pandémica de US$1 billón, se oponen a dicha ayuda.

Margarita, una inmigrante de México y madre soltera de tres hijos, fue despedida en marzo de su trabajo en una bodega en Nueva Jersey que envía productos italianos. Dijo que tuvo dificultades para pagar el alquiler y alimentar a sus hijos, de 20, 15 y 4 años. Regresó a su empleo en junio, pero sigue trabajando con grupos de defensa que piden a los legisladores que brinden ayuda a los inmigrantes indocumentados. Ella se negó a proporcionar su nombre completo debido a su condición migratoria.

“Estuve en marchas y manifestaciones, y golpeé ollas y sartenes cuando no podíamos salir”, dijo Margarita, de 39 años, miembro de Make the Road New Jersey, un grupo comunitario para inmigrantes. ”Nadie debería quedar abandonado”.

La creciente presión financiera sobre este grupo puede obstaculizar los esfuerzos para contener el virus, dado que se sienten obligados a ir a trabajar cuando están enfermos, según Jill Campbell, directora del programa de inmigración y ciudadanía de BakerRipley, una organización de desarrollo comunitario en Houston.

“Tenemos clientes que nos llaman y dicen: ‘estoy aterrorizado, aterrorizado de ir a trabajar porque sé que mis compañeros de trabajo tienen covid en este momento, pero no tengo otra opción’”, dijo Campbell y agregó que debido a que muchos inmigrantes viven en hogares multigeneracionales tienen un mayor riesgo de propagar el virus a los miembros mayores de sus familias.

“Realmente eligen entre su propia salud y la de su familia, y poder pagar el alquiler”, dijo.

Ayudar a los inmigrantes durante la pandemia es fundamental para la recuperación económica de EE.UU., porque significa que más personas están trabajando y gastando dinero, dijo Cris Ramón, analista sénior de políticas migratorias del Centro de Políticas Bipartidistas en Washington. Según Pew Research Center, alrededor de 4,6% de los trabajadores estadounidenses son inmigrantes indocumentados.

Se acaban los fondos

El programa de Austin para ayudar a estos inmigrantes se quedó sin fondos y ya no acepta solicitudes, luego de haber proporcionado US$1,4 millones en asistencia financiera. St. Paul, en Minnesota, y Chicago también han dejado de recibir solicitudes a sus programas.

El programa de ayuda de alquiler de US$15 millones de Houston se quedó sin dinero dos horas después de comenzar a recibir solicitudes a principios de mayo. El condado de Harris, que incluye a la ciudad, aprobó esta semana fondos adicionales para su programa, debido a que persiste la demanda de ayuda.

Algunas organizaciones, incluidas una en Dakota del Sur y otra en Nueva Jersey, todavía están recibiendo solicitudes y recaudando fondos para apoyar a los trabajadores indocumentados. Pero para aquellos inmigrantes que reciben fondos, es probable que sea un pago único que no se compara con los beneficios de desempleo que reciben la mayoría de los estadounidenses, dijo Muzaffar Chishti, director del Instituto de Política Migratoria.

Poner comida en la mesa ha sido especialmente difícil durante la pandemia, incluso para los inmigrantes indocumentados que están empleados. La demanda ha aumentado 40% desde marzo en Manna Food Center, un banco de alimentos en el condado de Montgomery que atiende a inmigrantes, según su directora ejecutiva, Jackie DeCarlo. El programa de asistencia de emergencia del área, que proporcionó pagos únicos de hasta US$1.450 a residentes no elegibles para recibir ayuda federal, agotó sus fondos en junio.

Rocío, una inmigrante de Jalisco, México, fue despedida en marzo de su trabajo en un restaurante buffet en Sacramento, California. Ella y su esposo mantienen a tres hijos, así como a su padre de 80 años en México. Rocío ha recurrido a un centro comunitario para obtener ayuda con la comida y ha postergado el pago del alquiler. También se negó a proporcionar su nombre completo, porque teme repercusiones legales.

“En tres meses nuestra vida cambió”, dijo Rocío, de 50 años. “El covid ha puesto fin a muchos años y muchos sueños”.

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