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Crisis y reconfiguración del Partido de los Trabajadores

Transformación de la clase obrera en Brasil presenta un nuevo desafío a Lula

Con una gorra azul de Brasil y una camisa roja del Partido de los Trabajadores, Luiz Inácio Lula da Silva lanzó una advertencia en año electoral al movimiento político que fundó hace casi medio siglo. Galería de fotos

Lula da Silva
Luiz Inácio Lula da Silva | AFP

Con una gorra azul de Brasil y una camisa roja del Partido de los Trabajadores, Luiz Inácio Lula da Silva lanzó una advertencia en año electoral al movimiento político que fundó hace casi medio siglo.

Al recordar cómo compartía con otros activistas una buchada —un plato tradicional hecho con vísceras de cabra— antes de hacer campaña “con el estómago lleno” en las ciudades industriales de São Paulo, el presidente lamentó la pérdida de relevancia de una fuerza política que alguna vez dominó esos barrios.

El presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva

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“¿Qué pasó?”, preguntó el exlíder sindical en su discurso de febrero en el estado de Bahía con motivo del 46º aniversario del partido. En el camino, el Partido de los Trabajadores perdió contacto con su base de apoyo y ahora debe “reflexionar sobre nuestra trayectoria” para competir, dijo.

“Tenemos que salir a las calles y hablar con la gente”, exhortó el líder conocido como Lula.

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Es una tarea aún más urgente de cara a las elecciones de octubre, que según las encuestas Lula corre el riesgo de perder frente a la derecha. En el fondo está el reconocimiento de que el Partido de los Trabajadores, forjado en el movimiento obrero en el corazón industrial de Brasil en 1980, ya no puede contar con el apoyo de los trabajadores actuales.

Las dificultades de la izquierda para conectar con su base es un fenómeno observado desde los Estados Unidos de Donald Trump hasta la política fragmentada de Alemania, con la pérdida de empleos manufactureros entre los factores que lo explican.

Luiz Inácio Lula da Silva

En Brasil, la rápida expansión del trabajo por aplicaciones está reconfigurando el panorama político, debilitando el vínculo tradicional entre el Partido de los Trabajadores y la clase obrera, y dando impulso a la derecha. El resultado es que los votos de repartidores y conductores de plataformas se han convertido en un campo de batalla clave para la reelección de Lula.

La clase trabajadora informal de Brasil siempre ha tenido “empleos precarios”, pero el trabajo basado en aplicaciones está cambiando percepciones y la política. El discurso que valora al individuo como emprendedor o “CEO de sí mismo” recupera un sentido de dignidad y es capitalizado por la extrema derecha.

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La gran mayoría de esta nueva clase de trabajadores son hombres jóvenes, un grupo que, según encuestas, es el que más desaprueba el gobierno de Lula.

Hace poco más de un año, José Wilson Pereira dejó su empleo formal para convertirse en repartidor de plataformas y hoy se define como de extrema derecha, valorando la libertad laboral por sobre la estabilidad.

Líderes del PT reconocen que esta desconexión ya tuvo impacto en elecciones locales y buscan evitar que afecte la elección presidencial. “El Partido de los Trabajadores necesita ir a la periferia”, advirtió Edinho Silva.

El contraste es fuerte con la etapa en que el partido nació, con sindicatos fuertes y empleo formal predominante. El PT llegó a ganar la presidencia cinco veces, tres con Lula.

En cierto modo, el partido es víctima de su propio éxito: ayudó a sacar de la pobreza a millones, pero no logró adaptarse a los cambios del mercado laboral.

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Ahora, con 80 años, Lula enfrenta el desafío de actualizar su mensaje político en un contexto de sindicatos debilitados, menor protección laboral y trabajadores que se perciben como independientes.

El intento de reconexión está liderado por Guilherme Boulos, con propuestas como la reducción de la jornada laboral y la regulación del trabajo en plataformas, un sector que creció un 170% en una década.

Brazilian Politician Guilherme Boulos Interview

El gobierno busca garantizar ingresos mínimos, transparencia de algoritmos y seguridad social, en medio de un debate global sobre el rol de las plataformas.

Sin embargo, el proyecto enfrenta resistencia del sector empresarial, que advierte sobre mayor rigidez, aumento de costos y posible caída de ingresos.

Incluso si logra avances, el gobierno podría no traducirlos en rédito electoral, en un contexto de alta polarización política.

“El desafío es escuchar a estos trabajadores”, dijo Boulos, mientras Lula apuesta a acercarse a quienes aún tienen flexibilidad ideológica.

Para muchos, como el repartidor Nicolás Santos, el punto no es político: “El gobierno tiene que hacer esto no por votos, sino porque es lo correcto”.