El escenario en Irán atraviesa uno de sus momentos más críticos en décadas, con ataques militares que debilitaron seriamente su estructura. Sin embargo, el régimen continúa en pie. Para el analista internacional, Alberto Ruskolekier, la clave está en comprender las múltiples capas del poder interno. En ese sentido, planteó la gran incógnita: ¿va a caer el régimen de Irán o no?.
El especialista detalló el alcance de la ofensiva reciente, que impactó de lleno en la capacidad militar iraní. Según explicó, “el 70, 80% de la fuerza aérea iraní no existe” y la armada “prácticamente quedó desguazada”, lo que refleja una pérdida significativa de poder estratégico. A esto se suma la eliminación de líderes clave, en lo que definió como una “decapitación” de la cúpula del régimen.
A pesar de este escenario, la caída no se concreta. Ruskolekier lo resume con claridad: “la pregunta es, ¿por qué no cae el régimen de Irán?”, abriendo paso a un análisis más profundo sobre las dinámicas internas del país.
Fragmentación del poder y falta de liderazgo
Uno de los principales factores que explican la continuidad del régimen es la ausencia de un liderazgo claro. Tras el debilitamiento de figuras centrales, el poder quedó dividido en distintos sectores. El analista sostuvo: “hay como islas de poder”, lo que impide consolidar una conducción unificada o incluso negociar con actores externos.
Además, destacó que nadie concentra la autoridad suficiente: “nadie tiene la suma del poder total”, lo que genera una parálisis tanto política como estratégica. Esta fragmentación también debilita cualquier intento de transición ordenada.
En paralelo, el rol de la Guardia Revolucionaria resulta determinante. Se trata de una estructura rígida, con fuerte control territorial y escasa predisposición al diálogo. En este contexto, el especialista remarcó: “mientras estas fuerzas represoras tengan el control de la calle, no va a haber caída del régimen”.
Control interno y geopolítica global
Más allá del frente interno, Ruskolekier subrayó que el conflicto debe analizarse en múltiples dimensiones. “La guerra está en varios planos”, afirmó, incluyendo el militar, el cibernético, el de inteligencia y el informativo. Esta complejidad explica por qué los avances militares no se traducen automáticamente en cambios políticos.
El control social también juega un rol clave. Según explicó, la población civil no tiene capacidad de reacción: “la calle la controla el propio régimen”, lo que limita cualquier intento de rebelión interna. A esto se suma la falta de una figura opositora fuerte que logre canalizar el descontento.
En el plano internacional, el conflicto excede a Irán. Para el analista, Estados Unidos logró ventajas estratégicas en su disputa global. En ese sentido, sostuvo: “Estados Unidos tuvo un éxito enorme en esta situación”, especialmente en su competencia con China, uno de los actores más afectados por la tensión en el estrecho de Ormuz.
Finalmente, Ruskolekier dejó una definición contundente sobre el futuro del régimen: “el régimen de Irán está podrido”, aunque aclaró que eso no implica una caída inmediata. La historia demuestra que estos procesos pueden extenderse durante años, incluso décadas, antes de concretarse.