En diálogo con Canal E, el periodista Patricio De la Barra, analista político desde Brasil, advirtió que el clima electoral ya se vive como un “plebiscito” entre oficialismo y oposición, con la economía y el rechazo a los candidatos como factores decisivos.
La carrera hacia las elecciones presidenciales en Brasil ya comenzó, aunque formalmente no esté habilitada la campaña. Según explicó De la Barra, el proceso rumbo al 4 de octubre —cuando se elegirá presidente, gobernadores, parte del Senado y la Cámara de Diputados— se perfila como una disputa polarizada.
“Ya comenzó prácticamente, fue dada la largada a las elecciones que tendrán un rango de plebiscito acá en Brasil”, afirmó el periodista. La contienda enfrenta al presidente Luiz Inácio Lula da Silva con una oposición que busca reagruparse tras la detención de Jair Bolsonaro.
De la Barra detalló que más de 254 millones de personas están habilitadas para votar y que el sistema volverá a ser electrónico, sin respaldo en papel, pese a los reclamos opositores. “Primero ya está determinado que va a ser a través de urna electrónica y que no tendrá respaldo al papel como lo pide la oposición”, subrayó.
En las calles, el clima también se tensiona. El último fin de semana hubo manifestaciones masivas en ciudades como São Paulo y Río de Janeiro, con consignas que incluyeron pedidos de amnistía y la liberación de Bolsonaro, algo rechazado por el Supremo Tribunal Federal.
Encuestas ajustadas y alto rechazo
Los sondeos muestran un escenario extremadamente competitivo. Según De la Barra, el hijo del exmandatario, Fabio Bolsonaro, aparece como posible candidato del Partido Liberal y disputaría voto a voto con Lula. Además, el gobernador de São Paulo surge como una alternativa fuerte en una eventual segunda vuelta.
Sin embargo, el dato clave sería el rechazo. “El índice de rechazo podría definir la elección”, advirtió el periodista, al señalar que Lula ronda un 49% de imagen negativa, mientras que su principal adversario se ubica cerca del 45%.
Otro factor determinante será la participación. En la última elección, 32 millones de brasileños no votaron. Ese universo podría inclinar la balanza en un escenario tan parejo.
Economía, conflicto internacional y efecto electoral
La economía aparece como el gran condicionante. De la Barra cuestionó los datos oficiales del crecimiento del 2,3% del PBI difundidos por el Instituto Brasileiro de Geografia e Estatística.
“Brasil, sin duda alguna, ha crecido, pero no en las dimensiones que se esperaban”, aseguró. También advirtió sobre el aumento del desempleo y la expansión del programa Bolsa Familia, que pasó de 11 a 18 millones de beneficiarios.
El conflicto en Medio Oriente suma incertidumbre: Brasil mantiene un intercambio comercial relevante con Irán, especialmente en exportación de soja y carne aviar, e importación de fertilizantes nitrogenados. A esto se suma la preocupación por el precio de los combustibles, que no bajaría en plena campaña.
“Todo este tipo de cosas difieren bastante con respecto al crecimiento del PIB y la inflación”, remarcó De la Barra.
Con un escenario fragmentado, protestas en ascenso y una economía bajo presión internacional, Brasil se encamina a una elección que, más que una simple alternancia, podría redefinir el rumbo político y económico del país.