En un nuevo capítulo de la carrera espacial del siglo XXI, China anunció su ambicioso objetivo de llevar astronautas a la Luna y avanzar en la construcción de una base permanente hacia el año 2035. La iniciativa, impulsada por la Administración Nacional del Espacio de China (CNSA), representa un desafío directo a los planes liderados por Estados Unidos y su programa Artemis, en un escenario donde el dominio del espacio vuelve a ser un eje estratégico global.
El proyecto del “gigante asiático” no sólo contempla el alunizaje, sino también el establecimiento de una estructura científica en el suelo solar. La base estaría orientada a la investigación de recursos naturales,experimentos tecnológicos y futuras misiones de exploración más profunda en el sistema solar.
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Expertos en geopolítica espacial advierten que esta disputa no sólo tiene implicancias científicas, sino también económicas y estratégicas. La explotación de recursos como el helio-3, potencial fuente de energía, y otros minerales presentes en la superficie del satélite, lo convierten en un territorio clave.

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Desde el aspecto económico, científico y tecnológico, además de silicio, hierro, magnesio, calcio, aluminio, manganeso y titanio, allí hay minerales denominados “tierras raras”, que son fundamentales para la informática, la electrónica, la salud y hasta la defensa
El anuncio se da en un contexto de creciente competencia aeroespacial con la NASA, que también puso en marcha misiones tripuladas y la instalación de una plataforma científica en el satélite natural.
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El administrador interino de la NASA, Sean Duffy, aseguró que China no va a la Luna “con buenas intenciones”, que “Estados Unidos llegará PRIMERO” y “preservará la paz” tanto para el país, como para sus socios internacionales.
Desde la Administración Nacional del Espacio de China, sostuvieron que “la exploración espacial es patrimonio de toda la humanidad. China está dispuesta a compartir sus logros y trabajar junto a otros países”.
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Conocida como Estación Internacional de Investigación Lunar (ILRS), la base que China busca hacer realidad, se desarrollará en colaboración con Rusia y utilizará tecnologías avanzadas como impresión 3D para construir estructuras con materiales obtenidos directamente de la geografía lunar.
La técnica fue probada en Tierra y en la Estación Espacial Tiangong, y será testeada en la Luna durante la misión no tripulada “Chang'e-8”, programada para 2028.
La cápsula espacial principal se llamará Mengzhou (que significa “nave de sueños”), mientras que el módulo de descenso será Lanyue (que se traduce como “abrazo a la Luna”). Nombres que evocan la tradición china y se han asignado a los vehículos espaciales más recientes.

Las misiones Chang'e ya están cartografiando el polo sur de la Luna, el lugar ambicionado por todos debido a la presencia de hielo de agua, una sustancia esencial para abastecer a los asentamientos permanentes, y seleccionando emplazamientos específicos para el descenso de sus astronautas en 2035.
En contraste con la carrera espacial de hace más de medio siglo, el motor que alimenta la competencia actual es mucho más que el orgullo nacional: el espacio se convierte ahora en un escenario económico, en el que se desarrollarán las tecnologías que marcarán el avance industrial del mundo en las próximas décadas.
En esta nueva “tierra incógnita”, Estados Unidos y China luchan por ser los primeros en sentar las bases de la economía y de la geopolítica más allá del planeta Tierra.
PM/LT