La materia oscura lleva décadas ocupando un lugar extraño en la ciencia: todos hablan de ella, nadie la vio jamás y, aun así, parece estar en todas partes. Ahora, un nuevo estudio volvió a mover esa frontera con una idea que, si se confirma, obligaría a revisar una de las piezas más importantes del rompecabezas cósmico.
Según un trabajo publicado en Science Bulletin, difundido por el medio científico Robotitus, un equipo del Observatorio de la Montaña Púrpura de la Academia China de Ciencias propone que la materia oscura podría no estar compuesta por un solo tipo de partícula, como se creyó durante años, sino por al menos dos componentes distintos que además interactúan entre sí.
Una sustancia invisible que empezó a mostrar grietas
La materia oscura no emite luz, no la refleja ni la absorbe. Pero su presencia se deduce por la gravedad que ejerce sobre galaxias, cúmulos y grandes estructuras del universo. Durante mucho tiempo, la explicación más aceptada fue el modelo de materia oscura fría, según el cual sus partículas se mueven lentamente y apenas interactúan salvo por gravedad.
Ese esquema funcionó bastante bien a gran escala. El problema empezó cuando los astrónomos afinaron la mirada. En algunas galaxias enanas, la materia oscura aparece demasiado dispersa en la región central. Allí debería estar más concentrada, pero las observaciones muestran algo más suave de lo esperado.
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En cambio, otras mediciones, en especial las que usan lentes gravitacionales fuertes, encontraron grumos muy densos de materia oscura, mucho más compactos de lo que el modelo clásico predecía. Ahí nació la incomodidad: en unas zonas del cosmos parecía demasiado difusa y en otras, demasiado apretada.
La nueva hipótesis: no una, sino dos
El nuevo trabajo intenta salir de esa trampa con una idea más compleja. En lugar de pensar a la materia oscura como un único ingrediente invisible, plantea un modelo de dos componentes: partículas más pesadas y partículas más livianas conviviendo dentro de los halos que rodean galaxias y otras estructuras.
La clave no está solo en que sean distintas. También podrían interactuar entre sí de forma directa. Esas colisiones cambiarían la manera en que se distribuyen con el tiempo y producirían un fenómeno conocido como segregación de masa.
En ese proceso, las partículas más pesadas tenderían a desplazarse hacia el centro, mientras las más livianas quedarían más afuera. Es una lógica que no resulta del todo extraña para la astrofísica: algo parecido ocurre en los cúmulos estelares, donde los cuerpos más masivos suelen concentrarse en la región central.
Una misma respuesta para dos rarezas distintas
Según los investigadores, ese mecanismo permite explicar varias de las anomalías que hasta ahora parecían desconectadas. En galaxias enanas, por ejemplo, la materia oscura podría formar núcleos con menor densidad central, en línea con observaciones recientes que venían chocando con el modelo tradicional.
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Pero en ambientes más densos y complejos también podría ocurrir lo contrario. Algunos halos se volverían más compactos y generarían regiones muy densas capaces de explicar mejor ciertos efectos de lente gravitacional fuerte, donde la gravedad de una estructura intermedia distorsiona y amplifica la luz de objetos más lejanos.
De hecho, el modelo aumentaría la probabilidad de eventos de lente gravitacional a pequeña escala, una de las áreas donde los astrónomos vienen detectando más casos de los que esperaban encontrar.
El universo oculto podría ser más complicado
La fuerza de esta propuesta está en que no intenta resolver un único problema, sino varios al mismo tiempo. Lo que parecía una suma de rarezas difíciles de conectar podría, en realidad, estar mostrando que la materia oscura nunca fue tan simple como se la imaginó.
Para llegar a esa conclusión, el equipo combinó simulaciones de alta resolución con análisis teóricos detallados. El próximo paso será contrastar la idea con observaciones futuras, especialmente a través de mediciones más precisas de lentes gravitacionales.
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Si esos datos acompañan, la imagen del universo invisible podría cambiar bastante. No solo porque sabríamos un poco más sobre la materia oscura, sino porque tendríamos que aceptar algo todavía más desconcertante: que una de las cosas más misteriosas del cosmos quizá ni siquiera era una sola cosa.
DCQ