CIENCIA
Cerebros que no se rinden

Los “superancianos” podrían esconder una ventaja decisiva: fabricar neuronas incluso en la vejez

Un estudio volvió a encender uno de los debates más intensos de la neurociencia al detectar que las personas mayores con memoria excepcional conservan una capacidad cerebral que parecía destinada a apagarse con los años. La pista podría cambiar cómo se piensa el envejecimiento y también enfermedades como el Alzheimer.

Superagers
Superagers | Medium by midjourney

Durante mucho tiempo, la idea fue casi dogmática: el cerebro humano nacía con una cantidad fija de neuronas y, a partir de ahí, solo quedaba perderlas. Envejecer era, bajo esa mirada, una forma lenta de desgaste sin recambio. Pero esa certeza empezó a resquebrajarse hace años y ahora vuelve a quedar bajo presión por un hallazgo que pone en el centro a los llamados superagers, esos adultos mayores que conservan una memoria sorprendentemente aguda para su edad.

Lo que encontraron los investigadores es sugestivo incluso para un campo acostumbrado a las discusiones fuertes. En esos cerebros aparecieron señales mucho más altas de neurogénesis, el proceso por el cual nacen nuevas neuronas. El trabajo fue publicado en Nature y la noticia fue difundida por el medio Robotitus. Si esa capacidad realmente se mantiene activa en algunos adultos mayores, la vejez cerebral ya no podría pensarse solo como una etapa de pérdida, sino también, al menos en parte, como una etapa de renovación.

El debate que nunca terminó de cerrarse

La neurogénesis en humanos adultos lleva años dividiendo a la neurociencia. En animales, el fenómeno fue observado con bastante claridad, sobre todo en zonas cerebrales ligadas a la memoria. En humanos, en cambio, los estudios vienen chocando entre sí desde hace décadas, con resultados que muchas veces parecían más una batalla metodológica que una conclusión firme.

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En 1998, una investigación muy citada sugirió que el cerebro adulto sí seguía generando neuronas. Más tarde aparecieron otros trabajos que reforzaron esa hipótesis. Pero en 2018 otro grupo afirmó que ese proceso prácticamente se detenía en la adolescencia, y desde entonces la discusión quedó abierta. No es una diferencia menor: de esa respuesta depende buena parte de cómo entendemos la memoria, el envejecimiento e incluso el deterioro asociado al Alzheimer.

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Para intentar aclarar el panorama, el equipo estudió 38 cerebros humanos donados a la ciencia. El foco estuvo puesto en el hipocampo, una región central para formar recuerdos y aprender. Si había un sitio donde buscar nuevas neuronas en cerebros adultos, era ese.

La muestra incluyó adultos jóvenes sanos, adultos mayores sanos, superagers, personas con cambios tempranos vinculados al Alzheimer y personas con la enfermedad ya declarada. A partir de ese material, los investigadores analizaron más de 355 mil núcleos celulares aislados del hipocampo. Lo que buscaban eran tres etapas precisas del desarrollo neuronal: células madre, neuroblastos y neuronas inmaduras.

La diferencia que hizo ruido

El dato más llamativo apareció en los superagers. En ese grupo, la neurogénesis era aproximadamente el doble que en otros adultos mayores sanos. La diferencia no fue apenas un matiz estadístico, sino una señal mucho más robusta de que esos cerebros conservarían una plasticidad fuera de lo común.

Esa ventaja podría ayudar a explicar por qué algunas personas mantienen una memoria tan buena incluso con edad avanzada. La hipótesis que empieza a tomar fuerza es que esos cerebros no solo resisten mejor el deterioro, sino que siguen conservando una maquinaria biológica más activa para adaptarse, reorganizarse y sostener funciones que en otros casos se van apagando.

La comparación con los cerebros afectados por Alzheimer dejó un contraste todavía más fuerte. En las personas que mostraban cambios tempranos compatibles con la enfermedad, ya aparecían señales moleculares de que el sistema que favorece la formación de nuevas neuronas comenzaba a fallar. Era una falla inicial, pero visible.

En los casos con Alzheimer diagnosticado, la caída resultó mucho más clara. Había menos neuronas inmaduras y una pérdida marcada de esa capacidad de renovación. La imagen que deja el estudio es poderosa: mientras algunos cerebros envejecen conservando plasticidad, otros parecen perderla justo en el punto donde empieza el deterioro cognitivo más severo.

No solo más neuronas: también un cerebro más flexible

El trabajo también detectó algo más en los superagers: una actividad genética mayor en procesos ligados a conexiones sinápticas más fuertes, mejor plasticidad y mayor soporte para la supervivencia neuronal. Eso sugiere que la diferencia no pasa solo por producir nuevas células, sino también por sostener un entorno cerebral más favorable para que esas células funcionen y se integren.

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En otras palabras, el hallazgo empuja una idea interesante. Los superagers no serían simplemente personas “afortunadas” con buena memoria, sino individuos cuyos cerebros conservan durante más tiempo una biología más activa, adaptable y resistente. Su ventaja, entonces, no sería sólo conservar, sino seguir renovando.

Lo que esto cambia y lo que todavía no

Nada de esto significa que ya exista una fórmula para evitar el deterioro cognitivo o una receta para ganarle al envejecimiento cerebral. Tampoco alcanza para afirmar que la neurogénesis sea la única clave de una buena vejez mental. El cerebro sigue siendo demasiado complejo como para reducirlo a una sola explicación.

Pero el estudio sí deja una grieta importante en una idea vieja y bastante sombría. El cerebro envejecido no parecería estar condenado de manera automática a perder capacidad sin remedio. Si algunos logran sostener la generación de nuevas neuronas, entonces tal vez la vejez cerebral sea más plástica, más abierta y menos terminal de lo que se creyó durante tanto tiempo.

La próxima gran discusión será entender por qué algunos cerebros conservan esa capacidad y otros no. Ahí entran en juego factores que todavía están en evaluación: genética, estilo de vida, ambiente, estimulación cognitiva o una mezcla de todos ellos. La respuesta todavía no está cerrada, pero el mapa de búsqueda empieza a volverse más claro.

Y eso ya cambia bastante. Porque si el secreto de algunos “superancianos” está en que su cerebro sigue produciendo neuronas nuevas, entonces la memoria excepcional deja de parecer un milagro o una rareza inexplicable. Empieza a parecer, más bien, una forma distinta —y más activa— de resistir al tiempo.

DCQ