Durante generaciones, una serie de extraños grabados en las paredes de iglesias, granjas y viviendas medievales a lo largo de Inglaterra alimentó la imaginación de historiadores y fanáticos del esoterismo. Estas figuras geométricas, conocidas popularmente como "ruedas de margaritas" o hexafolios, eran catalogadas de forma casi unánime como "marcas de brujas", amuletos tallados en la roca para proteger los hogares del demonio y las malas energías. Sin embargo, la ciencia y la historia de la arquitectura acaban de derribar el mito para ofrecer una explicación mucho más terrenal y práctica.
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Jennifer Alexander, profesora de historia de la arquitectura en la Universidad de Warwick y autora del especialista libro Stonemasons' Marks (Marcas de canteros), fue la encargada de ponerle un freno a las teorías místicas. De acuerdo con su investigación, estos grabados no tienen ninguna relación con la brujería ni con rituales de protección, sino que se trata simplemente de garabatos, bocetos y ejercicios prácticos dejados en los muros por los propios canteros y albañiles que construían los edificios.

El pizarrón geométrico de la Edad Media
Para entender la existencia de estas figuras, la investigadora trazó un paralelismo con la educación moderna, comparando los grabados con la primera vez que a un alumno se le entrega un compás en la escuela y empieza a trazar formas por diversión o aprendizaje. Las paredes de los edificios en construcción funcionaban, en realidad, como el espacio de entrenamiento para los aprendices de cantero, quienes debían perfeccionar el uso de las herramientas de geometría sobre superficies sumamente complejas y duras como la piedra.
Trazar una línea limpia y un círculo perfecto con un compás sobre roca es una tarea de enorme dificultad física. Cuando la herramienta llega a los tres cuartos del recorrido, la muñeca del artesano queda completamente al revés, lo que complica el pulso incluso sobre el papel. Al trasladar esa fricción a la piedra, el nivel de exigencia se multiplica, razón por la cual los maestros canteros obligaban a sus alumnos a practicar los patrones una y otra vez directamente sobre los bloques de los muros secundarios.

Un patrón extendido hasta el siglo XIX
La teoría de las prácticas de taller explica por qué estas marcas son tan comunes y por qué presentan niveles de destreza tan variados, yendo desde trazos toscos y asimétricos hasta diseños entrelazados de altísima complejidad. Relevamientos previos realizados por el organismo público Historic England confirman que estas figuras aparecen en todo el territorio inglés y en estructuras que van desde el período medieval hasta bien entrado el siglo XIX, una línea temporal que resultaba desconcertante para quienes buscaban explicaciones puramente asociadas a la caza de brujas de la Baja Edad Media.
Incluso hallazgos recientes que revivieron las alertas esotéricas, como los círculos descubiertos en 2024 en Gainsborough Old Hall que fueron catalogados inicialmente como "trampas para atrapar demonios", encajan a la perfección con la rutina de los antiguos talleres de construcción. Sin evidencia alguna que ligue las marcas con la magia negra, el veredicto de la historia del arte determinó que los templos y castillos británicos conservan, en sus paredes, las hojas de borrador de los obreros que los levantaron.
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