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Relacion bilateral

Adiós Mercosur

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Guiño. La visita de Lula da Silva es una manera de mejorar las relaciones entre países. | AFP

La visita del presidente Lula da Silva concentró toda la atención del gobierno argentino. No solo constituía el regreso de un amigo, sino que representaba la posibilidad de encarar una relación especial por las analogías entre el Partido de los Trabajadores y el Frente de Todos en política interna e internacional. Las coincidencias fueron recogidas en una extensa declaración conjunta donde se enumeran, y a veces repiten, todos los aspectos que hacen a la relación bilateral.

Como corresponde, los primeros párrafos fueron dedicados a señalar la importancia de la democracia, el pluralismo, los derechos humanos, las libertades individuales. Pero también se incluyó para sorpresa la necesidad de contar con instituciones judiciales independientes e imparciales frente a los intereses económicos, políticos y mediáticos marcando la diferencia entre los dos países. El tema de la Justicia se retoma en el 61, cuando dice que es ineludible una mejor previsibilidad y seguridad jurídica para intensificar la participación en el comercio internacional y atraer inversiones.

La declaración contiene varios artículos sobre el Mercosur recalcando en el 6 su prioridad en la política exterior de ambos países y el compromiso de potenciar su agenda interna. En el apartado 62 remarca el interés de concretar la incorporación de Bolivia y se menciona el Protocolo de Ushuaia para “trabajar constructivamente para el futuro regreso de la República Bolivariana de Venezuela a las instancias del Mercosur”. Texto que seguramente no habrá sido del agrado del presidente Maduro al poner en duda su plena legitimidad.

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Las expresiones sobre el Mercosur contrastan con el programa de trabajo entre ambos países, que consume la mayor parte de la declaración y que incluye tareas que deberían ser consideradas en ese ámbito para promover la integración. El punto 8 cita el “Plan de Acción de Relanzamiento de la Alianza Estratégica Brasil-Argentina”, y el 11 reafirma el compromiso de intensificar los flujos de comercio e inversión, promover el intercambio bilateral y reducir y, en la medida de lo posible (propuesta argentina), eliminar las barreras innecesarias al comercio. Esto permite inferir que todo continuará como entonces. En la misma línea, el 12 habla de reuniones bilaterales para promover un mayor acceso a los mercados y superar los obstáculos y trabajar por una convergencia regulatoria y facilitación del comercio. El 19 menciona el uso de un sistema de moneda local (SML) implementando líneas de crédito en reales. Este controvertido tema se convirtió al final del día en un mecanismo de financiamiento que facilitará las exportaciones brasileñas sin que la Argentina desembolse divisas en el corto plazo.

La declaración conjunta confirma que ambos países han decidido desprenderse del Mercosur para poner todo el énfasis en la relación bilateral sin tomar los recaudos, aun los formales, de anotar que el organismo incluye otros dos países y que las decisiones deben aprobarse por consenso. Todas las referencias al comercio bilateral e inversiones, cadenas de valor, integración productiva, mercado único, financiamiento y una moneda común están previstas en el Tratado de Asunción de 1991 y el Protocolo de Ouro Preto de 1994. El ministro Sergio Massa, en un rapto de ingenuidad por falta de experiencia internacional, adoptó una actitud paternalista al referirse a Uruguay como hermano menor y descartando a Paraguay, cuya participación en los debates de las cumbres ha sido displicente.

El descrédito por el Mercosur puede apreciarse también en los apartados 64 y 65, donde se remarca que las negociaciones comerciales internacionales deben conducirse en forma conjunta y se informa sobre la decisión de reabrir el acuerdo UE-Mercosur como una afrenta sin paliativos a la posición del presidente Lacalle Pou. Los párrafos son una indicación de que el Mercosur dejó de constituir esa primacía utilizada en los discursos oficiales ante el entendimiento aparente entre ambos gobiernos. Brasil regresa, y Argentina acompaña, para buscar un liderazgo regional que lo proyecte a nivel internacional donde Lula cosecha la “comprensión” de los líderes de los países desarrollados por su aparente aquiescencia. Ese fue siempre el objetivo durante los gobiernos del Partido de los Trabajadores. El Mercosur es demasiado pequeño para este nivel de ambición.

*Diplomático.