domingo 14 de agosto de 2022
COLUMNISTAS Equilibrio

Globalización o multipolaridad

05-08-2022 23:55

El crecimiento de Asia en las últimas décadas intensificó el debate sobre el fin de la hegemonía de los Estados Unidos y su reemplazo por la multi o bipolaridad, donde cohabitarían varias potencias, dando lugar a un nuevo equilibrio en las relaciones internacionales.  La principal característica de este proceso, calificado también como posoccidental, es el advenimiento del China para ejemplificar la pérdida de influencia de Occidente.

La historia indica que ese cambio, no debería constituir una sorpresa. Los países que alcanzan el desarrollo están destinados a crecer a un ritmo menor que los países en desarrollo. Nadie puede esperar que Europa y los Estados Unidos crezcan a tasas del 10%, mientras sí pueden hacerlo los países de menor desarrollo, hasta que sus economías comiencen a madurar y reduzcan sus tasas de inversión para mejorar el nivel de vida de sus poblaciones. Si se mantuviera la tendencia, los países en desarrollo deberían eliminar la pobreza acercándose al consumo de las sociedades avanzadas.

La globalización contribuyó a un mayor equilibrio en las relaciones internacionales. A la reconstrucción de Europa después de la II Guerra Mundial al igual que Japón y Corea y otros miembros de Asean, le siguieron las naciones de Europa Oriental, Australia, México y Brasil entre otros y una importante transferencia de ingresos a los países exportadores de petróleo. La lista se completa con China y un tardío despertar de India y Turquía.

La fuerza del antiamericanismo

China supo aprovechar las condiciones de la globalización, cuando abandonó sus políticas de colectivización forzosa que inhibieron el desarrollo de las fuerzas productivas, provocando grandes hambrunas. La apertura de 1978 contó con el apoyo del FMI, BM y de los Estados Unidos y Europa que abrieron sus mercados a las exportaciones de ese país. China mantuvo una coherente política para atraer inversiones de las multinacionales que contribuyeron a modernizar su estructura económica.

El retroceso relativo de América Latina generó una corriente contraria a la globalización en favor de la multipolaridad. Según esa línea de pensamiento, la globalización restringió los grados de libertad para diseñar política de crecimiento; la multipolaridad permitiría aprovechar la competencia entre las potencias para beneficio de la región. Por cierto, esta mirada solo puede calificarse como ingenua; coloca una vez más afuera las razones por la falta de crecimiento, y espera graciosamente contar con la asistencia “desinteresada” para evitar afrontar reformas internas.

Plurinacional o pluricultural

La globalización se basó en una estructura de instituciones multilaterales donde la más importante, aún con sus fallas, es las Naciones Unidas con su Consejo de Seguridad de cinco miembros permanente donde se le concedió un lugar a China en 1971. Globalización es sinónimo de multilateralismo con sus reglas que las partes deberían respetar, para evitar los enfrentamientos y asegurar una solución pacífica de los conflictos. La preferencia por la multipolaridad en cualquiera de sus formas implica un rechazo a la globalización y al sistema de reglas que lo sustenta sin ofrecer ninguna alternativa.

La reciente invasión a Ucrania, la apropiación del mar de China y la proliferación de las armas nucleares como en su momento fue la invasión a Irak, entre otros, han detonado las normas que deben regir la convivencia entre las naciones. Pero en vez de acentuar el quiebre de la multilateralidad con discusiones donde se recurre a eufemismos el esfuerzo debe volcarse al restablecimiento de las instituciones de la globalización, que permitieron que muchos países, entre ellos China, pudieran crecer y desarrollarse.

Los intentos de montar organizaciones paralelas o hacer valer el poder económico y militar atentan contra la coexistencia de regímenes diferentes y perjudican las posibilidades de los países más vulnerables para insertarse en el mundo y aprovechar sus beneficios.

*Diplomático.