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Tiempo de crisis

Aparato político

Casa Rosada
Casa Rosada | CEDOC

La crisis de la Argentina es estructural, data de años. En los 80, el economista Samuelson hablaba de la enfermedad argentina. Decía que nuestro país padece un estancamiento que no proviene del clima, ni de las divisiones raciales, ni de otros factores económicos.

Las crisis ofrecen distintos lugares para ubicarnos. Uno es la crítica. Sin crítica y sin autocrítica es difícil ver correcciones pero también, algunas veces, la crítica es una manera de no comprometerse y parecer comprometido.

Otra de las formas de pararse ante la crisis es la obsecuencia. Acompañar a ciegas y de modo sumiso es una forma de permanecer inactivos y no parecerlo.

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Un tercer modo de estar ante la crisis es el que surge de la frase “Crisis es oportunidad”, que busca sacar ventaja de la crisis ajena para el provecho propio. Se paran sobre nuestra fatiga, nuestra desesperanza y nuestra buena fe para autoproclamarse salvadores con las soluciones “sencillas”.

Estamos en crisis. Decirlo no alcanza para modificar la situación, pero más lejos nos pone el no decirlo.

Una herramienta de la que deberán servirse quienes resulten electos es el Estado.

En año electoral, la cuestión del Estado vuelve a cobrar fuerza, sobre todo cuando el oficialismo no pudo o no supo darle un rumbo a la gestión estatal. Llega tarde o no llega.

Una encuesta reciente de la consultora Espacios Públicos, dirigida por Maximiliano Campos Ríos, confirma que el 85% sondeado piensa que la burocracia es incapaz de resolver sus problemas.

El gasto público es una de las grandes discusiones frente a la inflación descontrolada. En una simplificación, la gente percibe que el gasto público es aquello que se gasta en la ineficiencia de las empresas públicas y en los salarios de los empleados públicos.

La Argentina bloqueada

En este último punto cabe señalar que los salarios del sector público de 2022 fueron inferiores a los de 2013. La inflación acumulada de 2018 en adelante ha licuado todas las erogaciones salariales de los empleados estatales. La incidencia salarial con respecto al PBI es un 2% menor, según información proporcionada por el Iaraf.

En muchas opiniones de diversos candidatos, la reforma del Estado y la reforma administrativa aparecen como sinónimos. Reducir el gasto, suprimiendo o fusionando organismos y tareas, puede agilizar el funcionamiento del Estado.

Pero esa celeridad debe ir acompañada de la capacidad de transformarlo en una herramienta que ayude a las aspiraciones y demandas colectivas de la población.

Para esto es necesaria una reflexión profunda y un proceder acorde de la dirigencia política. Debemos, dentro del sector público, diferenciar lo que es la estructura propia de un Estado al servicio de las políticas públicas (aparato estatal) de lo que es el pago con un cargo en el Estado a quienes acompañaron y o acompañan a los políticos en el gobierno (aparato político).

En muchos casos la política parece tener la obligación de retribuir con cargos a sus fieles nombrándolos dentro de organismos cuyas tareas les son desconocidas. Podrán tener cualidades políticas pero no la vocación de cumplir una función en la administración pública, a esto se suma, muchas veces, su falta de capacidad.

El voto popular no habilita el reparto de puestos de trabajo en un Estado que necesita de cada uno de sus recursos. Se requiere un servicio público de carrera basado en las capacidades.

El empleo público precario, de base clientelista y sometido a la influencia de gobernantes de turno, ha generado atraso en la eficiencia y modernización de la administración pública.

Precisamos un Estado que garantice el interés público, la justicia social, el desarrollo integral, la independencia nacional, la propiedad privada, el orden colectivo, el progreso económico-social y la convivencia de los argentinos.

Para ello es imprescindible devolver a la sociedad civil funciones apropiadas por el Estado, como devolverle al Estado funciones apropiadas por el aparato político.

Es una cuestión de inteligencia o de supervivencia. Al decir de Bluntschli (1808-1881): “La política debería ser realista. La política debería ser idealista. Dos principios que son ciertos cuando se complementan y falsos cuando se mantienen separados”.

*Dirigente sindical. Convencional nacional  UCR.