05 dic 2020
COLUMNISTAS |crisis sin fin
viernes 13 noviembre, 2020

Argentina interminable

La política debe convocar para que por lo menos el objetivo de bajar la inflación quede por fuera de la grieta.

'Uy, Dio...' Carlos Gardel. Foto: Pablo Temes

En uno de sus textos finales de su impresionante producción, un Sigmund Freud analizando su historial de éxitos y fracasos debate sobre la duración del tratamiento psicoanalítico.

¿Final o alivio? En efecto, en Análisis terminable e interminable (1937) comienza a discutir un tópico conocido en un país tan psicoanalizado como Argentina: ¿se termina alguna vez la terapia? Por ejemplo, cuenta Freud el caso de un joven ruso de buena posición económica que como paciente estaba totalmente cerrado al análisis. En vista de esto Freud decide ponerle un plazo a la terapia, motivo por el cual el paciente comienza a deponer sus resistencias. A esta decisión Freud, gran escritor, la llama “medio heroico de fijarle un plazo”. Sin embargo, años después el paciente tendría fuertes recaídas, probablemente “por fragmentos de su historia infantil” que volvían a surgir.

Este texto de Freud (y permitiendo la falacia ecológica) quizás ayude a pensar un país como la Argentina que como paciente de sí mismo padece estados de euforia y luego tremendas recaídas, al punto tal que muchos consideran que el paciente está definitivamente perdido.

Quizás una posibilidad para salir del tropiezo permanente sea plantear metas más humildes, pero con el compromiso de todos los actores para su cumplimiento. Se trata de seleccionar alguno de los problemas más acuciantes e intentar una mejoría digamos a un año vista. Un posible objetivo sería bajar la inflación al 25% para el año próximo. Esta semana se conoció el IPC de octubre, que ascendió el 3,8%. Quizás por costumbre, por adormecimiento, o lo que sea, provocó que el dato sea tomado con naturalidad, como la temperatura del día. Para la rápida comparativa Uruguay espera concluir el año con alrededor de 9,7%.

Habría que seleccionar algunos de los problemas más acuciantes e intentar una mejoría a un año vista

En marcha. ¿No sería bueno proponer algo como hizo Freud con el paciente ruso? Poner un objetivo y buscar acuerdos para cumplirlos. Esta propuesta romántica tiene muchas objeciones, cada una basada en la teoría que discute la cuestión. Para los liberales (de diverso origen) la inflación es de origen monetario, cuando hay más dinero que lo “que haría falta” circulando, los precios suben. Así de sencillo. El Estado debiera imprimir los billetes que la economía requiere. Si alguien quisiera aumentar los precios, no encontraría compradores. En este punto de vista el mercado es el único regulador de los precios.  

Desde la vereda opuesta, se explica que la inflación es el fruto de la puja por la distribución del ingreso. Cada peso que aumentan los ingresos desataría una corrida para tomar ese valor. Aún más, los referentes de la Teoría Monetaria Moderna desconectan por completo la explicación de la inflación de la emisión, se podría imprimir tanto dinero como se quisiera sin impacto en los precios. Una teoría polémica. La respuesta para los estructuralistas económicos es que el Estado regule los precios ligándolos con los costos de las empresas.

Abrir o cerrar. Un tercer tópico, en donde podrían acordar liberales y regulacionistas es que la falta de competencia de los agentes económicos hace que unos pocos puedan cartelizar la oferta, imponiendo precios por fuera de los de mercado. Los liberales creen que hay que permitir que nuevas empresas puedan ofertar en los rubros cartelizados, mientras que para los regulacionistas estas empresas o bien podrían estar bajo la órbita del Estado o bien controlar sus precios más activamente.

Una cuarta explicación más cercana a la coyuntura argentina es que las devaluaciones son inflacionarias. Por una parte, cada vez que el dólar sube se encarecen los productos importados o sus partes se encarecen. También se debe agregar que no en pocos casos, la rentabilidad está dolarizada, no es raro que se calcule cuánto se gana en dólares, ya sea en comparación con otros países, o en el cálculo mental de un asalariado (¿economía bimonetaria?). Acá se debe tomar en cuenta que buena parte del entramado productivo y de servicios está en manos de empresas trasnacionales que deben reportar a sus casas matrices su rentabilidad en dólares. Sostener el precio de la divisa estadounidense sería la respuesta a este problema, un poco lo que hoy el equipo económico expresa.

A desindexar. Una quinta explicación (last but not least) es que la inflación pasada influye en la futura, ya sea en expectativas o aumentos puros y duros de los precios para los próximos tiempos. Puede haber tecnicismo en esto como el impacto en los mayoristas de hoy influirá en los precios minoristas del mañana de, o de algún sector puntual (como los aumentos de la nafta). Acá las soluciones posibles son siempre conflictivas: el norte es desindexar los precios, en esta línea funcionaba la “inflation targeting” de Sturzenegger, que significaba el anuncio público de metas de la inflación, con el compromiso de las autoridades monetarias para organizar toda la política estatal para alcanzar esas metas. Aquel cartel de 10 +/-2% anunciado en 2017, para el 2018, quizás es uno de los memes más reproducidos en las redes sociales en Argentina.

Otra política para evitar la transmisión inflacionaria (desde esta perspectiva) es que los salarios o las jubilaciones se actualicen por otros mecanismos que no tengan en cuenta la inflación. La nueva fórmula propuesta para actualizar las jubilaciones expresa esto, pues se integra en un 50% de recaudación y en un 50% de movilidad salarial. La palabra inflación desaparece del cálculo, pasando a depender fundamentalmente de la actividad económica, del empleo registrado y de la negociación salarial.

Alternativas. Es probable que las cinco explicaciones tengan su valor y contengan parte de la verdad. Por momento parece que funcionan simultáneamente, pero también es posible refutar cada hipótesis en un país como la Argentina, refractario a todas las teorías. Quizás como pasaba con el joven ruso atendido por Freud haya traumas de la niñez de la Argentina, que ninguna de las explicaciones contemple. Es posible que la inflación sea un problema político, y que la política debe convocar para que al menos el objetivo de bajar la inflación quede por fuera de la grieta.

*Sociólogo (@cfdeangelis)


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