sábado 15 de mayo de 2021
COLUMNISTAS Defensor de los Lectores
14-06-2020 01:10

Cada vez menos se digieren los datos falsos o sesgados

14-06-2020 01:10

En los diez días últimos, nuevamente Brasil fue noticia por otro de los despropósitos de su presidente, Jair Bolsonaro, y por la proa que le han puesto a esos desatinos casi todos los medios periodísticos considerados serios en ese país, por la reacción internacional negativa que ellos han provocado y también por evidentes frenos que le están poniendo sectores judiciales y políticos incluso algunos que lo llevaron a la conducción de su país.

El escándalo más reciente es el que originó el señor Bolsonaro al ordenar un cambio en el sistema de conteo de los casos nuevos de infección, control y decesos. Sin anestesia, dejó de lado el muy instructivo y certero análisis basado en meses de investigación y contabilidad objetiva y pasó a transmitir a la población sólo aquellos datos correspondientes al día a día. Consecuencia: los medios se aliaron para elaborar sus propios informes, que dieron por resultado diferencias no muy significativas pero notorias entre lo que el gobierno informaba y lo que los medios contabilizaban. 

Tanta presión periodística sirvió de motor para que el Tribunal Supremo Federal (el equivalente a la Corte Suprema de la Argentina) ordenara a la presidencia de Brasil a volver atrás y retomar el recuento que venía haciendo hasta su abrupta modificación.

Esto evidencia que los medios, el periodismo en general, sirve de dique a las pretensiones autoritarias de los gobiernos. Y pone al descubierto al mismo tiempo que la inundación de noticias falsas o engañosas ya no es aceptada calladamente. Desde que se desatara la pandemia, circularon por algunos medios carentes de seriedad y ávidos de titulares vendedores, centenares de noticias falsas o engañosas que alimentaron una angustia social creciente, mayor cuanto más tiempo pasaba desde el comienzo. A esta conducta  reñida con la ética más elemental del oficio periodístico, se sumaron portales y redes de internet que buscaron, cada vez más, elevar el número de clickeos y –por consecuencia- sus propios ingresos y popularidad. Por caso, la noticia viralizada de un niño en la India que “predijo” el estallido de la pandemia durante 2019. Chequeado.com hizo una investigación que desmiente lo informado inicialmente en dos medios indios (Punjab Kesabi y Navodaya Times) y rápidamente tomado como cierto (o probable) por medios de importancia en todo el mundo. En la Argentina, el caso de Abhigya Anand llegó a las páginas de algunos de esos medios, que centraron los presupuestos del chico en el coronavirus, cuando nunca habló de esta pandemia concretamente.

Lo que este ombudsman propone a sus lectores es prestar mucha atención a lo que se publica, lo que se dice, cómo se dice y cuánto fundamento tiene en bases científicas comprobables. Al mejor cazador se le escapa la liebre, dice el remanido refrán popular, pero no escapará con facilidad si quienes tenemos la responsabilidad de transmitir lo que sucede lo hacemos con seriedad. Al Tompkins, periodista y maestro de periodistas  en el Instituto Poynter (organismo integrante de la Red Internacional de Verificación de Datos), recomienda que “cuanto peor es la situación, los periodistas necesitan limitar más los adjetivos”. Entiende, Tompkins –y también este ombudsman- que “la gente sabe que este es un problema grave”, y por lo tanto merece que se le den los hechos tal y como son.

La verdad no se viste con prendas cargadas de calificativos, sino con información certera. Chequear cada dato, cruzar las fuentes y actuar con responsabilidad profesional y social es lo menos que merecen las audiencias.