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Preocupación en Economía

Caputo le teme al REM: suben las previsiones de inflación y bajan las expectativas de recaudación

El último relevamiento del BCRA encendió señales de alerta en el equipo económico. Los analistas elevaron la proyección de inflación para 2026 al 26,1% anual y revisaron también al alza los datos de corto plazo. En Economía temen que esas previsiones terminen trasladándose a precios, ya que el REM se usa como referencia para costos e indexaciones. El problema se agrava si se tiene en cuenta otra variable clave: la recaudación real cae frente a la inflación y limita cualquier posibilidad de alivio impositivo, obligando a sostener el ajuste en medio de expectativas todavía inestables.

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Problema con las tasas. | Pablo Temes

Por ahora no hay alarma, sino cierta alteración medida, a la espera de novedades. Y dependerá de lo que suceda durante el crucial período marzo-mayo, para saber si la preocupación se transmuta en tranquilidad. O no. El ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo, sigue de cerca un indicador múltiple e histórico, que él mismo tenía como Biblia cuando trabajaba (hasta que llegó al gabinete de Javier Milei) en su consultora Anker. Y aunque protesta por los resultados, sabe que sus excolegas del mercado de capitales (analistas, bancos, fondos de inversión o, simplemente, traders como era él mismo) siguen el resultado de informe sobre Relevamiento de Expectativas del Mercado (el tan temido REM), que cada mes publica el Banco Central de la República Argentina, (BCRA) y que recoge un promedio de una encuesta a los principales actores del mercado financiero para difundir las proyecciones sobre las principales variables de la economía criolla. Uno de los deportes favoritos de Javier Milei es mofarse de estos resultados, y, cuando las cosas salen bien, difundir los errores de los anticipos del REM. Sin embargo, Caputo, al haber sido uno de los contestadores habituales de esas encuestas y saber la influencia en la toma de decisiones (y protecciones) cuando las cosas se ponen prudentes ante resultados algo negativos; sabe que no es una buena señal tener un REM caminando hacia el semáforo amarillo.

Por todo esto, en el Quinto Piso, se analizó este jueves y ayer, con cierta preocupación, que el informe haya arrojado estos resultados.

  • El mercado estima ahora una inflación para 2026 de 26,1% anual, desde el 22,4% del mes pasado. Muy lejos además del 10% que figura en el Presupuesto 2026.
  • El grupo de los Top 10 encuestados (los que mejor aciertan en el tiempo) la ubica aún más arriba: 27,8%, desde el 24,5% del informe anterior.
  • Se revisó también hacia arriba la inflación de coyuntura, pasando del 2,1 al 2,7% para febrero; y del 2,2% al 2,5% en marzo.
  • Para los próximos 12 meses, la expectativa de inflación subió a 22,3% (desde 21%).
  • En general, las proyecciones muestran un deterioro respecto del REM anterior, con revisiones al alza en casi todos los meses del año.

Saben en el Quinto Piso que algo de razón tienen los encuestados. Especialmente en las estimaciones de corto plazo. Pero esto no es lo preocupante. Lo que realmente le importa al equipo económico es que es a partir de estas expectativas que los principales bancos, fondos de inversión y, lo más cruel, las grandes empresas “formadoras de precios” (en términos kirchneristas) toman los datos del REM para formalizar sus políticas de costos. Y, en consecuencia, el valor final en que serán planteados a los mercados de la economía real los diferentes bienes y servicios. Locales e importados. El problema, cualquier economista de currículum mediano lo sabe, las estimaciones de más inflación solo traen más inflación. Más allá de las creencias (ciertas y reales) de la influencia de la política monetaria (culpable de casi el 80% de las presiones sobre el alza de precios); en Argentina hay también cuestiones culturales y de expectativas que suman calor a la hornalla del Índice de Precios al Consumidor (IPC). Esta afirmación es una herejía para el mundo libertario. Pero, para el resto del mundo profesional y activo, una realidad. Sobre todo para los que deciden aumentar, mantener o, a rara vez, bajar los precios de los productos de góndolas o servicios.

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En síntesis, lo saben Caputo y el resto de los integrantes del Quinto Piso, es necesario que las expectativas inflacionarias bajen; y que los contestadores del REM dejen de presionar para las indexaciones de precios mensuales. Más si se tiene en cuenta que para el Gobierno, más concretamente para el Ejecutivo, llegar a tener un IPC que arranque con un 1 por delante, y deje el molestísimo 2 como número inicial. O un 3%, como puede llegar a mostrar este amenazante marzo de 2026.

La necesidad de una reducción importante en las expectativas inflacionarias, para lo que la opinión del REM es fundamental, tiene que ver también con otra variable; que al Quinto Piso se le viene escapando de las manos. La recaudación impositiva hace siete meses que no reacciona al compararse con la evolución del IPC. Esto quiere decir que los ingresos reales del gobierno nacional y las provincias disminuyen; y, en consecuencia, esa pérdida debe ser reemplazada por otras medidas. Como la emisión es cero, la alternativa es el ajuste. Implacable desde la Nación que siempre mantendrá un nivel de superávit primario por arriba del 1,5% anual sobre PBI. Y casi impracticable desde las provincias, con gobernadores que (cercanos o no a la Casa Rosada) no tienen la reducción de gastos como alternativa posible. Antes, está la siempre atractiva posibilidad de incrementar el odiado impuesto a los Ingresos Brutos.

Según los crudos datos reales, la recaudación tributaria nacional total que queda en manos del gobierno nacional habría descendido un 9,3% real interanual durante el primer bimestre de 2026 y la que va a provincias un 7,6%.

En el acumulado a febrero de 2026, según ARCA la recaudación nacional que termina en manos de Nación habría tenido una variación % real interanual negativa del 9,3%, mientras que la que va a provincias y CABA habría tenido una variación negativa del 7,6%. La recaudación total habría tenido un descenso del 8,7%.

Al expresar estas variaciones en términos monetarios, es decir en moneda de febrero de 2026, se tiene que Nación habría perdido $ 2.422.790 millones y las provincias y CABA $928.112 millones. La suma de ambas pérdidas habría sido de $3.350.902 millones; dinero que de alguna manera debe salir de otras fuentes. Otra vez, ante emisión cero, resta aplicar el viejo y conocido ajuste fiscal.

El alza de la inflación y sus influencias sobre la recaudación complican una de las decisiones más esperadas tanto desde la Casa Rosada como desde el público en general. Especialmente las pymes. Hablar de reducir impuestos ante un panorama de ingresos reales negativos es una utopía. Más teniendo en cuenta que desde Washington el Gran Hermano del Fondo Monetario Internacional (FMI) siempre mira.

El desglose impositivo de febrero es lapidario. Bajo el supuesto de una inflación mensual del 2,7% en febrero (la que espera el REM), en los primeros dos meses del año las recaudaciones de mayor caída habrían sido la de derechos de exportación (-40,2%), seguida por la de derechos de importación (-19,6%) y la de Internos coparticipados (-17,6%). El único tributo con aumento de recaudación habría sido el impuesto a los combustibles (8,8%), uno de los impuestos que, en teoría, deberían eliminarse el pos de una reforma impositiva sana. Si se excluye de la recaudación a los tributos vinculados al comercio exterior (derechos de exportación e importación), la recaudación total habría descendido un 7% en términos reales interanuales.

El principal impuesto, el IVA neto de devoluciones y reintegros, habría tenido una baja de recaudación del 12,5% en términos reales respecto al primer bimestre de febrero de 2025; demostrando el mal momento del consumo entre diciembre y enero.

Así las cosas, todos son problemas en cuanto a las expectativas inflacionarias y la recaudación impositiva. Es necesario que los contestadores del REM modifiquen su chúcara visión sobre que los precios se incrementarán más d lo que se esperaba a comienzos de año.

Difícil. Será tarea de los hombres y mujeres del Quinto Piso del Ministerio de Economía. En definitiva, saben de qué se trata. Ellos mismos contestaban la encuesta cuando trabajaban en el sector privado.

Y, en general, siempre eran pesimistas.