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Deudas del “centro” político

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Manes. “La UCR debe conformar un centro popular”. | NA

Nuestro escenario político muestra la existencia de partidos y movimientos que se autodefinen como “de centro”, sin aclarar qué se propone como organización económica y social de nuestra sociedad (por ejemplo, qué medidas se proponen para terminar con el estancamiento económico que está por detrás de la pobreza de millones de argentinos). Es posible que esta etiqueta de “centro” busque distanciarse de la “derecha” y de la “izquierda”. Sin embargo, esto adolece de dos insuficiencias: hoy las categorías “derecha” e “izquierda” significan cosas muy diferentes para distintas fuerzas políticas; y además, de resolverse ese problema, se estaría diciendo lo que el “centro” NO ES, pero no lo que “ES”.

De las varias fuerzas que en nuestro país se declaran de “centro” (incluidas las llamadas avenidas del medio), la UCR es, sin duda, la más relevante. Por eso interesan las afirmaciones de una de sus figuras representativas, Gastón Manes, quien recientemente dijo que “el rumbo de la UCR debe conformar un centro popular”. Declaración que sigue sin definir sus propuestas en lo económico y lo social; de lo que no se ha vuelto a hablar desde que Arturo Frondizi definiera con claridad su política en favor del desarrollo económico. Cuando Raúl Alfonsín asume el gobierno, la situación institucional era tan grave que debió centrar su atención en esa dimensión de la sociedad; pero aun así, se preocupó por los problemas socioeconómicos: cuando los graves errores que va cometiendo Bernardo Grinspun (el ministro de Economía que le propuso el partido) ponen en peligro el bienestar material de los argentinos, no duda en sustituirlo por Sourrouille, y su equipo económico. Decisión que es combatida por su partido, con presiones tan fuertes que finalmente Sourrouille deja el cargo (conforme el relato de J.C. Torre en su “Diario de una temporada en el quinto piso”;  libro en el que también registra. “El malestar que suscita nuestra presencia, ha hecho que salgan a la superficie los viejos reflejos ideológicos existentes en el radicalismo: desconfianza hacia el capital privado, inclinación por la intervención estatal, defensa de la industria nacional sin matices, preferencia por la redistribución de ingresos vía gasto público”. ¿Todo esto sigue vigente?

Indefiniciones que tienen consecuencias en el nivel de apoyo ciudadano, como lo muestran los resultados de la última participación de la UCR, como partido, las paritarias del 2015, en las que participa junto al PRO y la CC, dentro de Cambiemos. Los resultados son contundentes: mientras el PRO aporta el 81,33% de los votos, la UCR aporta solo el 11,10% y la CC el 7,57%. El comportamiento algo errático del radicalismo y en relación con el populismo económico, como el acompañamiento de una de sus figuras a la fórmula presidencial encabezada por Cristina Kirchner, y ahora al designar como presidente del partido a un exministro del kirchnerismo.

Es cierto que la UCR tiene buena convocatoria en algunas provincias; pero se trata de poderes limitados al territorio, y a los habitantes de esas jurisdicciones, en las que los problemas son atendidos, en parte, con la ayuda de Nación y “resueltos”, en otra buena parte, a través del empleo público y de la emigración de los descontentos.

Si las fuerzas de “centro” pretenden influir en el destino de los argentinos, no pueden seguir eludiendo su obligación de definir propuestas claras para terminar con los déficits y una inflación descontrolada, que están por detrás de nuestro estancamiento económico y sus secuelas de pobreza, desempleo e informalidad. Definiciones que deben dejar en claro, qué se va a hacer con un Estado destruido por el clientelismo y la corrupción. Problemas cuya atención son, por otra parte, una exigencia de nuestra Constitución Nacional, la que en su artículo 75 inciso 18, manda: “Proveer lo conducente a la prosperidad del país… promoviendo la industria… (y) la importación de capitales extranjeros”.  

*Sociólogo.