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COLUMNISTAS / Opinión
jueves 4 octubre, 2018

Dinero impreso en papel de diario

Ni el diario ni el dinero desaparecerán, el asunto es qué papel cumplirá cada uno y quién se quedará con su control.

por Alejandro M. Correa

El dinero y la prensa son una promesa impresa en papel. Foto: Cedoc

La historia contemporánea tiene dos protagonistas que comparten un mismo soporte: el dinero y la prensa. Ambos son una promesa impresa en papel. Creemos en lo que nos dice la prensa y un billete si nos inspiran confianza. Son medios de comunicación y uniformización. Una alquimia de papel, tinta y magia que nos sugestiona en una transacción que convierte a la información en algo valioso. Pueden tener enorme valor en un momento y de repente perderlo. Cuando no existía el papel la palabra oral era el crédito y credibilidad, que son básicamente lo mismo.

El mensaje de lo impreso es la repetición de una imagen exacta a partir de una matriz. Sintetiza la información en un procedimiento mecánico y la convierte en un producto físico que es el signo de la era industrial: información envasada en una línea de producción. Los encargados de manejar esa información y velar por conservar su valor utilizan un modelo que podríamos definir como “stock”. Se administran datos y percepciones que transfieren a un objeto y lo convierten en una suerte de commodity. Pero cuando la información decidió utilizar el medio electrónico como ambiente central aquello que pueda convertirse en bits lo hará. Estamos en medio de la transformación en donde llevamos lo tangible a datos intangibles. Desprendemos de su soporte físico a la información y le damos entidad propia para que circule y se transforme a través de la red descentralizada en que se convirtió el planeta. Abandonamos la cultura del stock y entramos a la cultura del flujo.

En medio de las grandes transformaciones en que todo se vuelve datos viajando a la velocidad de la luz la información es el negocio más rentable del mundo. Vale más una compañía sin sedes ni activos como Uber que una empresa de alimentos con fábricas, maquinarias y comida. Los nuevos alquimistas intentan convertir datos en oro pero esa operación no es fácil. La electricidad no solo mueve la información y nos contagia sus características, también ilumina aquello que estuvo oculto. Vemos que además de la información el dinero se reproduce a sí mismo y se crean ganancias sobre dinero sin respaldo en papel. Hay más dinero digital dando vueltas que dinero impreso. Lo mismo que las noticias. Ya no son patrimonio de los medios de comunicación y surgen y se reproducen en todos lados. Entonces aparece la principal amenaza que pueden tener los medios de comunicación y las finanzas: la duda. La credibilidad es cuestionada.

Los medios y el periodismo digital: "Busco lectores. Pago más"

Como los artistas nos anticipan lo que vendrá, hace algunos años Fernanda Laguna vendía monedas falsas de 50 centavos a 1 peso en su galería de arte Belleza y Felicidad. Era un acto artístico que mostraba lo frágil de la credibilidad. Esa forma de darle valor a lo falso nos hace pensar en las fake news. ¿Qué hay detrás de una noticia falsa? Se pueden ganar o perder millones en segundos con una noticia o un rumor. La Guerra de la Información comenzó y las batallas más visibles son por las divisas y por la propiedad del conocimiento. Los medios de comunicación están en plena disrupción y ven cómo el dominio del "patrón papel" se está transformando. Su batalla es con los nuevos canales de noticias llamadas redes sociales y con el bombardeo incesante de información instantánea que vuelve obsoleta a la noticia impresa. El diario de ayer se imprime hoy.

La Argentina sufrió en los últimos meses la devaluación de su moneda que volvió pobre a una enorme cantidad de habitantes. El FMI compra nuestra soberanía por unos pocos pesos y decide tomar las riendas de la economía. No lo hace como un acto filantrópico sino como mecanismo de control para que no se produzca un efecto dominó. Las finanzas y los llamados mercados se mueven de manera entrópica en forma cada vez más peligrosa. El negocio de las noticias pierde su centralidad y cualquier error es un riesgo inmenso. A diferencia del dinero nadie se hace cargo de “cuidar” la verdad. Ni el diario ni el dinero desaparecerán, el asunto es qué papel cumplirá cada uno y quién se quedará con su control. La amenaza que sufren ambos está relacionada con que las fronteras empiezan a tener nuevos significados. Al peso argentino no lo quiere nadie más que un argentino. Lo mismo sucede con los diarios locales. Sin embargo en todos lados se comercia con el dólar y el euro y se leen el New York Times y Financial Times sin importar la geografía. Así como el dinero se convirtió en un artículo en un recurso natural de primera necesidad, las noticias también lo son.

Las finanzas y los llamados mercados se mueven de manera entrópica en forma cada vez más peligrosa.

El proceso lineal de las rotativas impresoras pertenece a una era mecánica con la que convivimos pero que es el pasado. La era de los circuitos eléctricos que van descubriendo nuestra identidad electrónica evoluciona a ritmo vertiginoso. Así como el dinero no es otra cosa que tiempo envasado, el diario ya no es más “diario”, es “instante”. Es el manejo de lo efímero en armonía con los lectores que quieren participar. Las criptomonedas basadas en blockchain transfieren la validación de las operaciones desde un centro único (v. gr. Reserva Federal) a miles de usuarios. Todavía en ciernes y con una volatilidad excesiva los bitcoin y similares traen una novedad muy poderosa. No existe más el centro – límite. Todo es centro al mismo tiempo. Adquiere mayor credibilidad una validación colectiva que una jerarquía única e inefable. El futuro de las noticias será colectivo o no será. El nuevo papel somos los usuarios.

(*) En twitter: @alargie


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