jueves 08 de diciembre de 2022
COLUMNISTAS OPINIÓN

Dólares múltiples (y deuda)

14-10-2022 23:55

El lanzamiento simultáneo del bautizado “dólar Qatar”, que encareció los gastos con tarjeta en el exterior, y el del “dólar Coldplay”, que encareció –menos– el pago de las productoras de espectáculos a los artistas extranjeros que den recitales en el país, generó polémicas sobre la diferente cantidad de dólares que, tanto de la oposición como del oficialismo, fueron superficiales.

Las ventajas de tipos de cambio múltiples para incentivar exportaciones de sectores que sería conveniente desarrollar, castigando a las exportaciones de aquellos productores donde los recursos naturales generan ventajas competitivas que trascienden la eficacia del productor, son un tema de discusión académica válido. 

Se cumplieron cien días desde la renuncia de Guzmán y siguen aplicando sus recetas

Normalmente se redistribuyen recursos de un sector a otro mediante el cobro de impuestos. De hecho, las retenciones que se aplican al agro o incluso el llamado “dólar Qatar” son impuestos agregados al valor del dólar oficial, que sigue siendo el mismo.

Pero el “dólar Coldplay” y el “dólar soja” sí son tipos de cambio múltiples sin intervención de ningún impuesto redistributivo. Y aun aceptando que puedan ser eventualmente útiles algunos tipos de cambio diferenciados para alentar el desarrollo de sectores menos competitivos, no sería el caso de las medidas de Sergio Massa porque la soja es precisamente lo más competitivo de nuestras exportaciones y, dentro de esa lógica, debería ser el dólar más bajo.

El “dólar soja” es lo opuesto a una medida redistributiva, y su existencia se puede justificar en una necesidad financiera con quien le hace un descuento especial por pronto pago o pago anticipado a un cliente.

En 2018, Joseph Stiglitz y su discípulo Martín Guzmán escribieron Real exchange rate policies for economic development, donde se sostiene: “Escalar hacia actividades con mayor contenido tecnológico es la clave para un crecimiento dinámico, y las políticas cambiarias apropiadas pueden promover esto. Las experiencias de Asia oriental, primero de los países recientemente industrializados y más recientemente de China, se destacan como historias de éxito de dicha diversificación. Esto contrasta con la dificultad que enfrenta un gran número de economías dependientes de recursos naturales para diversificar sus estructuras productivas y exportadoras, atribuida en parte a la apreciación del tipo de cambio resultante, e incluso a la ‘desindustrialización prematura’ que han enfrentado varias de ellas”.

 

Y concluye diciendo: “El principal argumento en contra de tales intervenciones, que representan una interferencia en el libre funcionamiento de los mercados que, en ausencia de tal intervención, garantizaría la eficiencia, pasa por alto dos puntos fundamentales: 1) toda intervención del Banco Central, incluida la fijación de tasas de interés, afecta el valor del tipo de cambio; esto significa, de hecho, que no existe tal cosa como un tipo de cambio de mercado ‘puro’, y 2) todas las economías, y especialmente los mercados en desarrollo y emergentes, están plagadas de imperfecciones de mercado, incluidas las externalidades macroeconómicas y de aprendizaje”. 

Con esas ideas, Martín Guzmán llegó al Ministerio de Economía en diciembre de 2019, fecha en la que PERFIL publicó este artículo anticipando el dólar con recargo para el turismo.

Pasaron casi tres años para que aquel dólar turismo emergiera como “dólar Qatar”, lo que permite reflexionar sobre por qué Sergio Massa puede aplicar las medidas que le impidieron a Guzmán y reflexionar sobre el peso negativo que tiene la influencia de Cristina Fernández en las decisiones del Gobierno, que ella misma hace fracasar.

Se cumplieron cien días de la salida de Marín Guzmán al frente del Ministerio de Economía, y reapareció públicamente primero en la Naciones Unidas y luego en la Universidad de Columbia participando con Joseph Stiglitz de la conferencia “Sur global y sobreendeudamiento”. 

Para el Premio Nobel y mentor del exministro, el aumento de la inflación y de las tasas de interés –el problema y el remedio– constituyen “una tormenta perfecta”. Sostuvo que “todos señalan que la probabilidad de que algunos países caigan por el abismo es muy alta. Y algunos ya lo están haciendo. Es necesario un marco internacional urgente para resolver el problema de la deuda”.

Jesse Rogers, economista de Moody’s Analytics, equiparó la situación actual de los países en desarrollo con deudas soberanas con la crisis de deuda que aplastó a Latinoamérica en la década de 1980, que fue la última vez que la Reserva Federal buscó apaciguar una inflación elevada aumentando las tasas de interés.

Cristina dejó hacer a Massa lo que no a Guzmán. ¿Dejará hacer un plan antiinflacionario?

Hasta Inglaterra sufrió una caída del valor de los bonos de su deuda obligando a la primera ministra Liz Truss a despedir a su ministro de Economía y Finanzas, Kwasi Kwarteng. En este contexto de aumento de tasa de interés, inverso al de tasas de interés nulas de hace un lustro, vale reflexionar cuál hubiera sido hoy la suerte de la Argentina si la deuda contraída durante los primeros dos años de la presidencia de Macri no hubiera precisado el auxilio del Fondo Monetario Internacional: Cambiemos hubiera ganado las elecciones en 2019 y no hubiera existido la renegociación con los acreedores privados de Martín Guzmán. ¿Estaríamos viviendo hoy una crisis en la deuda privada por aumento de la tasa de interés?

Se puede leer completo Real exchange rate policies for economic development en inglés y también su traducción en la versión digital de esta columna, asistir al video de la conferencia de Stigliz y Guzmán y volver a reflexionar sobre por qué Cristina Kirchner no dejó a Guzmán subir las tarifas o tener tipos de cambio múltiples.

 

Quizá sea Cristina Kirchner nuevamente quien le impide (o retrasa) a Sergio Massa la aplicación de un plan antiinflacionario del tipo Plan Austral. El mundo de los 80 vuelve a resonar.