COLUMNISTAS
miedos

Juego sucio

2023_02_26_juego_sucio_na_g
Películas. El eje de ambas es la ambición de poder y el cobro de viejas y nuevas cuentas. | NA

En la escena inicial de la película húngara A játszma (que circula internacionalmente como The Game) vemos cómo, en los años 50, un matrimonio intenta huir de ese país con rumbo a Austria para exiliarse del régimen comunista liderado por Janos Kádar. El amigo y colega del marido que los transporta hacia la frontera los traiciona, entregándolos a los servicios secretos. A partir de allí el film, dirigido en 2021 por Péter Fasakas con guion de Norbert Köbli, narra una sucesión de traiciones y venganzas sutiles o brutales y retorcidas protagonizadas por los mismos personajes más otros que se van sumando, muchos de los cuales asoman como insospechables hasta que muestran su calaña. A todos los guía la ambición de poder, el cobro de viejas cuentas y la convicción que solo uno de ellos expresa en un momento de sombría sinceridad: “No se puede creer en nadie, el cambio es siempre para peor, hay que pensar en uno mismo”. A sesenta años de la época en que transcurre, The Game es un policial negro y thriller político sólido, apasionante y revelador que destapa la fetidez de las cloacas de la política cuando esta se corrompe hasta la médula. Irónicamente, al ser condecorados por sus bajezas, los personajes repiten un estribillo: “Lo hago por la clase trabajadora”.

Otra película que aborda el tema, y que proviene también de un país que integró la URSS, es la lituana La generación del mal, realizada en 2022 por Emilis Velyvis. La trama muestra cómo un grupo de personajes que integraban los sórdidos servicios secretos del régimen en ese país y que cargan como tales crímenes, delaciones y otras indignidades, conforman, a partir de 1990 y la caída del Muro, una suerte de grupo de tareas que, lejos de convertirse en mano de obra desocupada, encuentra vericuetos para insertarse en altos cargos del poder y, al mismo tiempo, enterrar sus prontuarios, hasta que, nuevamente, traiciones, delaciones y venganzas dejan al desnudo su miseria moral. Otra vez, se trata de un policial negro (el género que en el cine y la literatura mejor da cuenta de las zonas oscuras de la sociedad y del alma humana) que funciona casi como poderoso documental.

Éramos pocos y llegó el asesor

Esto no les gusta a los autoritarios
El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.
Hoy más que nunca Suscribite

Como el arte es por excelencia el escenario de lo simbólico, lo metafórico y lo parabólico, la visión sucesiva de ambos films (accesibles por streaming) aquí y ahora despierta ecos, sin olvidar la distancia geográfica y temporal, del hedor paranoico y psicopático que emana hoy de la política argentina en sus versiones oficialista y opositora (y en sus envases kirchnerista, cambiemista y libertario). Las vueltas de carnero, o panquecazos, están a la orden del día, los carpetazos proporcionados por servicios secretos y no tan secretos siempre cloacales vuelan en todas las direcciones y manchan o desnudan reputaciones sin el menor reparo, nadie está seguro de la amistad o la fidelidad de nadie, todos, o casi, sospechan de todos y todos, o casi, traicionan a todos. El fuego amigo tiene la misma potencia y carga la misma munición que el enemigo, se dispara en todas las direcciones y desde todas las direcciones se reciben disparos. La paranoia generalizada hace que nadie confíe en nadie y la psicopatía extendida impulsa a que el fin justifique los medios, cualquiera sean estos, por derecha o por izquierda, constitucionales o no. A medida que avanza el año electoral y se acerca la fecha de perder el poder o de subirse a él, la atmósfera se vuelve más turbia e irrespirable, una de las razones por las cuales una masa crítica de ciudadanos de a pie, enfrascados en sus cotidianas angustias laborales, económicas y sociales, se muestra indiferente a ese estercolero.

Como en The Game, los protagonistas de este circo que no ofrece ni pan ni esperanza dicen, cada uno a su manera, en discursos y declaraciones públicas, en conciliábulos en los que sonríen para la foto tras arrojarse puñaladas de diverso filo, en entrevistas a las que asisten con caretas que cada vez ocultan menos, que todo lo hacen pensando en el “pueblo”, según unos, o la “gente”, según otros. Tal es el juego de la generación del mal.

*Escritor y periodista.