viernes 28 de enero de 2022
COLUMNISTAS historias
14-01-2022 23:55
14-01-2022 23:55

La realidad del mundo

14-01-2022 23:55

Ya hubo crónicas, ensayos, diarios verdaderos o ficcionales, novelas que la consideraron o la convirtieron en una medida de tiempo. La pandemia ha ido encontrando distintas formas y lugares en las escrituras que se propusieron narrarla, registrarla, pensarla, discutirla. Pero es algo distinto lo que sucede en Crinfil, de Carlos Martín Eguía. 

El tramo del encierro en las casas y el vaciamiento consecuente de las calles no aparece en esta novela como objeto de un relato realista, ni como contexto de época, ni como consignación de una vivencia inusitada, ni como un acontecimiento para indagar e interpretar. Aparece en otra clave, en clave de alucinación; aparece en otra dimensión de discurso, la dimensión del delirio.

¿Qué pasa cuando la alucinación parece haberse adueñado de la propia realidad del mundo? ¿Y qué pasa con el delirio, con el discurso de la sinrazón y las desarticulaciones lógicas: sigue sirviendo para contrarrestar el poder, como tiende a considerarse, o empieza a traspasar a los decires del poder mismo? 

No es casual que en las páginas de Crinfil asome un personaje que remite a Alberto Laiseca. ¿Hay acaso una figura mejor para abordar esa cuestión, la de la relación entre delirio y poder? Eguía no se propone contar cómo fue o cómo es la pandemia. Lo que narra es una línea de fuga. Y al narrarla, más que eso, la produce. Esa es la experiencia de Crinfil: la de atravesar una historia sin poder entenderla del todo. La pandemia no es el tema de la novela: es su verdad.

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